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La tarde de las ideas retorcidas

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Dr. Adán W. Echeverría-García

En los últimos días, un personaje de la farándula noticiosa de espectáculos ha sido tendencia en redes sociales por su capacidad de incitar al odio contra los perros. Lo triste es que los dichos de Pedro Sola sobre el deseo de envenenar a estos animalitos que deambulan por las ciudades con o sin sus dueños se han visto replicados por miles de personas que piensas justo como él.

No es de extrañar. El personaje que se presenta todos los días en el horario de media tarde, en cadena nacional de televisión abierta, sabe que, aunque la presión le haga tener que salir a «pedir disculpas», sus retorcidas ideas ya han hecho eco en miles, quizá millones de mexicanos, que no soportan a estos animalitos.

Recuerdo a la subdirectora de mi escuela enviándome mensajes una vez sobre cómo sacar a un perrito que por las torrenciales lluvias se había metido a su garaje en busca de protección; la mujer gritaba en sus mensajes: «Ya herví agua para lanzársela a ese animal, para así matarlo o hacer que se largue.»

Recuerdo igual que, en un programa de radio de aquella estación IMER en Mérida, Yucatán, una conductora que me entrevistaba en un programa sobre medio ambiente y recursos naturales que, por alguna bizarra razón, ella conducía, dijo al aire: «Esos malditos pájaros negros, ¿no habrá forma de exterminarlos a todos? Todas las mañanas y todas las tardes están con su gritería, y solo se la pasan cagándose sobre nuestros carros. Hasta dos veces a la semana tengo que lavar mi carro porque, donde sea que lo estacione, esos malditos pájaros te cagan encima. Y por ahí leí que sus desechos lesionan permanentemente la pintura de los vehículos. Ustedes en la Secretaría de Ecología tienen que hacer algo para exterminarlos.» Yo me preguntaba ¿cómo a este personaje le dan a conducir un programa de medio ambiente y recursos naturales?

Lo de Pedro Sola no me extraña. Su falta de empatía para con los animales tiene la misma relevancia que su falta de empatía por las infancias, las mujeres, los pobres, por otros.

Lo espantoso del asunto no solamente son los dichos de Sola, sino las carcajadas brujeriles de Patricia Chapoy: la forma en que fingía reír ante los dichos de su patiño-adulto-mayor, es en verdad enfermiza. Esas risas, esas carcajadas, los dichos de Sola, y el remate de Chapoy («Pedro tiene razón») son la preclara evidencia de la mentalidad de estos personajes que siguen aferrados a la televisión abierta, entregando este tipo de basura a las audiencias, y ganando miles de pesos por más de 30 años de permanencia al aire.

Todas las tardes durante 30 años estos personajes han tenido presencia en las televisiones de millones de mexicanos. Eso es tener poder y alcance. Y he ahí la gran tragedia no solo para los perritos, las perritas, sino para toda persona, todo animal, toda comunidad, todo artista que decida Patricia Chapoy atacar. ¿Quién defiende a estos animalitos? ¿Quién defiende a la ciudadanía de estos personajes? Cruella de Vil se queda corta.

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