La revolución que quiso ser – VII

By on diciembre 22, 2023

Porfiriato en Yucatán

CAPÍTULO II

EL PORFIRIATO Y LAS LUCHAS ANTIREELECCIONISTAS EN YUCATÁN

3. Bases Orgánicas del Antireeleccionismo

 

El impacto social que significó la campaña electoral de 1897 y el grado de movilización popular alcanzado, se hacen manifiestos al analizar el explosivo crecimiento de los órganos periodísticos, atendiendo su filiación y su contenido. Hemos localizado 38 títulos distintos de publicaciones periódicas de carácter definitivamente político, que salieron al público en 1896 y 1897 (33), además de los dos diarios –La Revista de Mérida y El Eco del Comercio– que mantenían su gran circulación y la atención de los lectores (34).

Entre las publicaciones localizadas destacan aquellas publicadas en los pueblos del interior del estado y en los barrios de Mérida. Ello refleja la importancia que revistió la campaña electoral para todo el estado, pero, también, debemos tomarlo como un indicador de una actividad previa que permitió conformar un grupo, con opinión política y con capacidad para cumplir las tareas que exige la labor periodística.

Si nos ponemos a considerar los recursos materiales, técnicos y humanos y el grado de desarrollo político que se requiere para editar un periódico, no podemos aceptar la idea de que, pasada la fiebre electoral, aquella capacidad haya sido cooptada por el régimen cantonista o se haya ido perdiendo hasta desaparecer. Menos aún, si sostenemos que, lejos de desaparecer las inquietudes sociales, fueron alimentadas por el nuevo contexto de crisis general y de reducción de los márgenes de maniobra con que contaba la oligarquía, al despuntar el presente siglo.

La importancia que el cambio de situación revistió para el desarrollo del movimiento popular y sus organizaciones estribó, como señalamos antes, en la posibilidad de impulsar una lucha por demandas propias, fincada en la fuerza y la experiencia de los grupos populares. Es decir, tras la primera experiencia antirreleccionista y con la apertura del espacio político y las iniciativas de las masas movilizadas, quedaron establecidas las bases para un trabajo político en torno al deslinde de los intereses y de las posiciones de las distintas fuerzas y sectores sociales.

Esto se reflejó desde los últimos años del siglo anterior. En el seno de los hacendados productores de henequén surgió la necesidad de organizarse para defender sus intereses frente a los monopolios norteamericanos y sus agentes locales. Los reiterados intentos de una organización de la Cámara Agrícola de Yucatán hablan de una tensión que fue en aumento, frente a las prácticas monopólicas de la oligarquía, y a las constantes crisis en el mercado internacional de las fibras duras.

Los grupos populares, respondieron a este cambio impulsando formas de organización y de lucha, acordes con las nuevas circunstancias. Así, los trabajadores ferrocarrileros respondieron a la fusión de todas las empresas ferrocarrileras del estado en una sola –los Ferrocarriles Unidos de Yucatán–, organizando la Unión Obrera, para oponerse a la violenta reducción salarial decretada por la dirección patronal en 1907. Aunque de efímera duración, la Unión Obrera fue un valioso antecedente para la lucha de los trabajadores por sus intereses y reflejo, además, de la combatividad de uno de los grupos obreros más importantes por su número y por su función estratégica para la economía henequenera.

Unos meses después, en enero de 1908, 32 trabajadores tipógrafos –de 197 que había en el estado– formaron la Unión Voluntaria, que desempeñó un destacado papel promoviendo agrupaciones semejantes entre los distintos gremios. Algunos de los propietarios de imprentas, eran extranjeros de ideas avanzadas, que buscaban difundirlas entre sus trabajadores y el medio que los rodeaba.

No fueron pocos los extranjeros con ideas anarquistas, que llegaron a nuestro estado difundiendo sus principios, y planteando a los trabajadores la necesidad de organizarse, para contrarrestar el autoritarismo imperante en la sociedad. Giuseppe Garibaldi, uno de los más prestigiados dirigentes anarquistas de Italia, estuvo algunos días intercambiando, ideas y experiencias, con gente como Valeriano Martínez, José Catalá, Emilio Sadó, Emilio Rodríguez y Antonio Duch, militantes todos del anarquismo y puntales en las nacientes organizaciones gremiales.

Precisamente como resultado de la intensa labor de adoctrinamiento y organización surgieron uniones de carpinteros, albañiles, sastres, mecánicos, panaderos, herreros, meseros, barberos y vendedores ambulantes, que pronto adquirieron relevancia política. En 1909 se constituyó la Casa del Trabajo, cuyo local fue sede de las uniones mencionadas, además de ser centro de propaganda y promoción de las organizaciones de trabajadores.

Los órganos de prensa de esta época reflejan el clima de inquietud generalizada, y la polarización de posiciones al interior del grupo de hacendados productores de henequén. Así, de los dos grandes diarios que habían sobrevivido al siglo XIX, La Revista de Mérida, bajo la dirección y propiedad de Delio Moreno Cantón, inició su labor de oposición y crítica a las medidas monopólicas de la oligarquía y a los abusos de poder que propiciaban su prepotencia. El otro diario, El Eco del Comercio, fue comprado por uno de los hacendados más aguerridos en cuestiones políticas, Ricardo Molina Hübbe, que lo transformó en 1907 en El Diario Yucateco.

A partir de 1903 apareció El Padre Clarencio, semanario jocoso que se autodefinió como “liberal”, y que fue un gustado órgano de crítica a la situación y a los personeros de la oligarquía. Estaba dirigido por Carlos P. Escoffié, que tuvo gran significancia en la vida intelectual y política de años posteriores (35).

Otra persona que estaba destinada a la notoriedad en la política, el Lic. Pino Suárez, hizo sus pininos en las lides periodísticas, fundando el vespertino El Peninsular en 1904. Este diario también fue adquirido por Molina Hübbe al establecer El Diario Yucateco.

Los hermanos Pérez Ponce mantuvieron su combate político, para ese entonces desde las páginas de La Unión Popular, semanario independiente que publicaron durante poco más de un año (36).

La Cámara Agrícola de Yucatán, la Unión Democrática del Estado, el Club Juvenil Liberal, La Convención Liberal Antirreleccionista, La Colonia Española, y muchos otros grupos con intereses particulares y distintos, publicaban órganos periodísticos en los que colaboraban las plumas de calidad reconocida y hacían sus primeras incursiones los que serían sus sucesores. En ellos, encontramos los nombres de Rafael Heredia Reyes, Manuel Irigoyen Lara, José Inés Novelo, José Ma. Pren, Abelardo Ancona, Alfonso Cámara y Cámara, Manuel Ponce, Antonio Ancona, Mediz Bolio, Nicolás Cámara Vales, Julio Río, José Peón Contreras, Luis G. Urbina, Serapio Baqueiro, Enrique Recio, Carlos Menéndez, Felipe Carrillo Puerto, Liborio Irigoyen, y tantos otros, algunos de los cuales fueron pilares del periodismo yucateco y otros incursionaron en el campo de la política en distintas corrientes y posiciones. Casi pudiéramos afirmar, que la labor periodística en estos años, fué la escuela de formación de los cuadros políticos del período subsiguiente, toda vez que las posibilidades de actuación política estaban en ese entonces bastante restringidas y, por el contrario, los órganos periodísticos tenían un fuerte matiz político.

Llegado el plazo para elegir autoridades gubernamentales, la campaña electoral y las consignas antirreleccionistas absorbieron todo el interés y los esfuerzos de la actividad política de ese tiempo. Sin embargo, el desarrollo de las organizaciones populares no se detuvo, alcanzando éstas, formas más desarrolladas y sólidas.

Los obreros ferrocarrileros de La Plancha y de La Casa Redonda constituyeron el 23 de abril de 1911 la Unión Obrera de los Ferrocarrileros de Yucatán, iniciando un movimiento huelguístico en demanda de aumentos salariales –que desde el reajuste de 1907 no había vuelto a su nivel– y el establecimiento de la jornada de 8 horas de trabajo; planteaban, además, el reconocimiento de la personalidad jurídica de su asociación mediante la firma de un contrato colectivo. Pese a no haber logrado esto último, el aumento salarial y la jornada de trabajo se lograron al tercer día del movimiento, alcanzando la organización unionista enorme prestigio entre la base ferrocarrilera y otros grupos de trabajadores (37).

Unos meses después, en junio de ese año, los empleados de oficina del ferrocarril también se agruparon para defender sus derechos, y constituyeron la Alianza Mutualista de Empleados de Ferrocarril, planteando la demanda de igualación en las condiciones alcanzadas por los obreros.

Paralelamente al de los ferrocarriles, se llevó a cabo un movimiento de huelga en los muelles de Progreso, al formarse la Unión de Obreros Marítimos de Progreso, y en las calles de Mérida, se paralizó el transporte por la Unión de Tranviarios, que también demandaban mejores condiciones de trabajo, en lo relativo al monto salarial y a la jornada de trabajo.

Tras el fraude electoral en los órganos de prensa, se manifiesta una radicalización de sus contenidos, haciéndose evidente el rompimiento del orden mantenido por la oligarquía y su incapacidad para restablecerlo. Los grupos obreros empezaron a publicar sus propios órganos de prensa, siguiendo el ejemplo de la Unión de Tipógrafos, en los que deslindan posiciones respecto a la demanda y la lucha antirreeleccionista, planteando sus propias demandas y dando difusión a las huelgas y luchas de los contingentes obreros.

La conjunción de estos grupos organizados con el descontento popular generalizado significó terreno propicio para las reformas constitucionalistas y para el desmantelamiento del orden oligárquico. Pudiéramos sintetizar este proceso en los siguientes puntos:

1) El orden oligárquico encontró en la primera década del siglo XX un obstáculo insalvable: el agotamiento de las reservas de mano de obra, clave para el esquema de sobrexplotación de la hacienda henequenera.

2) Las pugnas entre el estrecho grupo oligárquico “la Casta Divina” y el más amplio círculo de hacendados productores de henequén, rebasaron el ámbito de las operaciones comerciales y llegaron al terreno político.

3) Los hacendados anti-oligárquicos se identificaron con el descontento de amplios sectores sociales, en contra de la oligarquía y de sus abusos.

4) El “morenismo” fue un movimiento político que aglutinó el descontento de amplios y variados grupos sociales. Sus dirigentes eran viejos militantes del “cantonismo”; profesionistas e intelectuales de nuevo cuño; dirigentes obreros y rurales; y un sector de los hacendados henequeneros.

5) Sin embargo, el “morenismo” no logró ser una organización definida y unida, en torno a un proyecto político y a un programa.

6) Para estudiar y comprender este movimiento hay que analizar tanto el proceso de descomposición en la clase dominante y la decantación de los intereses de las distintas facciones, como el proceso de emergencia de las organizaciones populares, con intereses propios y formas orgánicas específicas a cada conglomerado.

7) El “morenismo” debe ser ubicado y estudiado, también, en relación con el porfiriato y la coyuntura pre-revolucionaria que vivía el país.

8) En este sentido, al derrumbarse el régimen porfirista y, con él, la oligarquía henequenera, el “morenismo” perdía razón de ser. Así como el “morenismo” había sido capaz de conjuntar la vieja tradición golpista de los “cantonistas” y el aire renovador de los líderes obreros y rurales, para enfrentarlo al capricho y la prepotencia de la oligarquía, una vez desaparecida ésta, fue incapaz de disminuir sus diferencias y posponer el estallido de sus pugnas.

9) Del “morenismo” se desprendió una nueva generación de dirigentes que dio nuevos rumbos al movimiento popular yucateco, pero también dejó como herencia a un aguerrido grupo de hacendados y dirigentes políticos que se opuso a cualquier reforma y luchó por la restauración del orden oligárquico, sus pompas y sus glorias.

 

 

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(33) MENENDEZ, Carlos R.; 1931.

(34) ENCICLOPEDIA YUCATANENSE: Tomo III.

SIERRA, José Luis: “PRENSA Y LUCHA POLITICA…”

MENENDEZ, Carlos R.; op. cit.

(35) A.G.E.Y. RAMO PODER JUDICIAL 1905.

(36) IBIDEM.

(37) BUSTILLOS CARRILLO, Antonio; 1959.

DURAN ROSADO, Esteban; 1944.

 

 

José Luis Sierra Villarreal

Continuará la próxima semana…

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