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Apuntes para la historia de la medicina en Yucatán

Dr. Alejandro Cervera Andrade
Durante el paternal gobierno del general Guillermo Palomino, nuestra Escuela de Medicina, cumpliendo con su misión de preparar elementos útiles a la sociedad, agregó a su programa de enseñanza la cátedra de Obstetricia para señoras que quisieran obtener el título de Comadrona. Un año antes, en 1887, había sido inaugurada la Casa de Maternidad por gestiones del doctor don Manuel Arias. El edificio de Maternidad era una casa de zaguán, situada en la calle 50, contigua a la Escuela de Medicina y a media cuadra del Hospital de La Mejorada.
Era costumbre en esa época que los partos fueran atendidos en el domicilio de la parturienta. Las gentes pobres ocupaban para esos menesteres a comadronas improvisadas, más o menos hábiles para recibir a la criatura y cortar el cordón umbilical, y todo iba bien si el parto era normal. Y así abundaban los desgarros del periné y las fiebres puerperales. La Casa de Maternidad vino a ser un puerto de salvación a donde, y como último recurso, acudían las pobres cuando el caso era malo. Y allí estaba el doctor Arias para sacarlas del apuro. Las familias pudientes ocupaban médicos para sus alumbramientos. Los más solicitados eran el doctor Arias y el doctor Tappan.
Bien visto, era una necesidad imperiosa la creación de esa cátedra de Obstetricia para preparar comadronas con los conocimientos necesarios para su oficio, conscientes de que de ellas depende la vida de una mujer y de un niño.
En 1888 se iniciaron los cursos. Sólo una alumna se inscribió. Al año siguiente se inscribieron tres. No hubo necesidad de aumentar los gastos de la escuela. Las alumnas asistían a las mismas clases que el Dr. Tappan daba a los estudiantes del último año de cátedra.
La primera que obtuvo el título de comadrona fue doña Felipa Valencia Vda. de Palomo. Mujer inteligente, con capacidad para asimilar las enseñanzas de los maestros Tappan y Arias: Había hecho su práctica en la Casa de Maternidad bajo la dirección del doctor Arias. Y la había hecho con eficiencia, con ánimo y deseos de aprender. La fecha de su graduación fue el 13 de marzo de 1890. La escuela le exigió una tesis. El título de su tesis fue Breve estudio sobre el aborto. Ella disertó ampliamente sobre el tema y contestó a todas las preguntas que le hicieron.
Su recibimiento fue un acontecimiento social. El gobernador asistió al examen y la felicitó. Esto fue motivo de satisfacción para ella y nunca lo olvidó, aunque hubieran pasado muchos años. Le gustaba referir con orgullo los detalles de la ceremonia.
Yo la conocí desde mi niñez, pues era amiga de mi madre y vivía cerca de nuestra casa. Además de instruida y culta, era de presencia agradable, de buenos modales, sin afectación, de rostro agraciado, blanca, pelo ondulado, ojos azules y mirada bondadosa, siempre pulcramente vestida; cuando entraba a casa de la parturienta daba la impresión de que acababa de bañarse. De acuerdo con la costumbre, completaba su atuendo con un mantón negro, de encaje de seda y largos flecos. Su trabajo era muy apreciado y su clientela numerosa. Todos la llamaban cariñosamente doña Felipita. De salud envidiable, sólo tuvo una enfermedad. Poco tiempo antes de que terminara su existencia fui a visitarla. Vivía en casa de su hija Adolfina. Tan amable como siempre. Tan pulcra como en sus mejores tiempos.
Diario del Sureste. Mérida, 11 de julio de 1971, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























