La Persona del Sueño (XXIII)

By on agosto 8, 2019

XXIII

Cuando llegan los Chaa

Tres días al año, los seres queridos vienen a visitarnos en su forma de espíritu. Son esas fechas en que ellos regresan los Días de Muertos.

Siempre nos advierten los abuelos tener cuidado y respeto esos días, pues los seres queridos no vienen solos. Junto a ellos vienen también muchos otros espíritus: de personas o seres a quienes nosotros nunca conocimos y cuyas intenciones no sabemos. Debemos recibir a los familiares difuntos, pero también tener cuidado con los otros espíritus, cuidado y respeto, pues tratándolos bien es la forma de mantenerlos tranquilos; así, aunque no sean parte de nosotros, se sentirán bienvenidos y regresarán contentos a su lugar de origen, donde éste sea.

Hacemos fiesta en el pueblo para recibir a nuestros difuntos. Les decoramos una mesa con manteles, velas, cosas que les gustaban y su comida favorita. A mi hermanito le gustaba mucho el chocolate, así que en estos días siempre hay chocolate servido para él y para todos; mi tío coleccionaba cochecitos, por eso hay varios de su colección en el altar junto a su foto; ah, y la música, que de por sí a todos nos gusta, siempre hay música en todo el pueblo, con gente cantando y recordando.

Así es en la casa de mi familia y todos los vecinos, además de irnos al cementerio a comer junto a las tumbas de nuestros difuntos, para acompañarlos en la noche que ellos vienen, así nos ven juntos en familia disfrutando de su llegada, celebrando los buenos recuerdos de cuando ellos vivían.

Toda esa fiesta, toda esa gente metida en el cementerio, atrae a otros espíritus extraños, de quién sabe dónde, pero en mi pueblo ya los conocemos y bailamos con ellos. Son los Chaa.

Los Chaa pueden tener cara de coyote, conejo, de catrín o del señor de la noche. Otros son muy raros: su cara es muy blanca, mientras que en donde deberían estar sus ojos tienen unos huecos vacíos, y sus labios son una sombra sonriente, sin dientes, borrosa; sus cabellos son muy largos, oscuros, despeinados, bajo un sombrero de campesino bastante grande y viejo; su ropa es blanca, completamente blanca y, aunque no usan zapatos ni huaraches, sus pies se mezclan con el color de la tierra, pero su pantalón y camisa jamás.

Ellos sólo llegan a bailar cuando nosotros lo hacemos, pero en ese tiempo se la pasan haciendo bromas a la gente. Mi abuelo dice que ellos nunca han estado vivos, porque son espíritus muy antiguos, existen mucho antes de nosotros, mucho antes de existir los cuerpos. Entonces son espíritus que nunca han tenido cuerpos, y tampoco quieren tener uno, mucho menos un cuerpo humano. Abuelito los conoce desde hace muchos años, me ha contado de ellos.

– Niña, los Chaa vienen a burlarse de nosotros. Se burlan de nuestras peleas entre hermanos, de nuestros miedos y de nuestro egoísmo. Dicen que estamos vivos, pero no sabemos vivir. Dicen que son nuestros ancestros, pero ¿quién del pueblo se parece a ellos? Los Chaa bailan y molestan a la gente con sus bromas, pero esa es su forma de ser con nosotros. No pueden hablar ni escribir, y aun así dicen todo lo que son. Con cada una de sus bromas quieren decir: “¿Tanto pelean por esto?”

La persona del sueño

Segunda parte.

La vida

El Señor del Monte es un niño – El nieto, la libélula y un niño extraño – Sin nombre – Cuando llegan los Chaa – Animal o ser mágico – Abuelita del tiempo y el espacio – Abuela Och – La abuela que se hizo niña cuando subió al cerro – Los que robaron la magia y la llevaron a un castillo – Carta al joven aventurero – Los seres mágicos recuerdan al joven, él se olvida de sí – La princesa ya no lo era – ¿Te has perdido? – Carta para ti – Todo empieza y termina al mismo tiempo

Escrito e ilustrado por Rubén Camilo Solís Pacheco

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