La noche triste de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968

By on octubre 3, 2019

MATANZA DE ESTUDIANTES EN LA PLAZA DE LAS TRES CULTURAS EN TLATELOLCO, CIUDAD DE MÉXICO

edgar rodríguez cimé

Si bien poseo los genes socialistas por mis abuelos –zapatero remendón el paterno, y mecánico y sindicalista ferrocarrilero el materno– creo que el libro que reafirmó en mi juventud mi destino político fue La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, mujer que entonces pensé “había tenido el valor” de escribir sobre la mortal represión contra los estudiantes en 1968, en una época donde en Méjico no se valía decir la verdad en la prensa porque toda estaba comprada por el Mal Gobierno.

¿Qué recuerdo entonces de esa influyente lectura? Primero que nada, empecé a comprender la diferencia entre una sociedad activa y luchona, como la del Monstruito Federal, y nuestra zoociedad yucateca ultraconservadora, racista y apática.

Asimismo, mediaba una eternidad entre el nivel humanístico y social de los universitarios defeños, expresado en la comprometida solidaridad entre estudiantes de diferentes escuelas y niveles educativos, comparado con el adormilado alumno de la Universidad de Yucatán (que despertaría en 1972 -junto con otras escuelas- ante el secuestro, tortura y asesinato del asesor de sindicatos independientes, Efraín Calderón Lara, alias el “Charras”).

Pero lo fundamental fue entender que el propio Gobierno era quien rompía el Estado de Derecho que distingue a una nación democrática, manejada como Imperio, como 200 años atrás el emperador mejicano Agustín de Iturbide, primer presidente de la naciente nación independiente. En 1968, el “Emperador” se llamaba Gustavo Díaz Ordaz.

También aprendí que la lucha comunitaria y social era tan necesaria como la alegría de vivir.

Gracias, maestra Elena, por ser mi guía, junto con Carlos Monsiváis (+), en el camino de la “crónica” con un estilo más popular y comprometido con los de Abajo. De hecho, estos escritores resultaron mis maestros (a distancia) en la conformación de mi propio estilo y lenguaje, sin faltar el escritor de “La Onda” (hipismo mejicano), José Agustín, pues al mostrar mi trabajo a talleristas del maestro Bestard me acusaron de usar un lenguaje “no yucateco, sino “chilango”.

Por usted conocí a nuestras “niñas héroes contemporáneas”: la “Nacha” o la “Tita”; al ejemplar escritor de “izquierda” José Revueltas; a grandes líderes universitarios como Gilberto Guevara Niebla o Raúl Álvarez Garín; a “traidores del movimiento” como Marcelino Perelló (de los principales líderes, de quien se dice que, al conocer  en corto, por boca de los “negociadores del Gobierno”, la anunciada represión mortal, no asistió esa tarde a la Plaza de Las Tres Culturas, donde masacraron a los estudiantes).

Al parecer, La noche de Tlatelolco resultó el libro más simbólico del movimiento estudiantil-popular de 1968, aun cuando se inspira en otro pionero: Los días y los años, de Luis González de Alba, quizá por el propio estilo literario de la Poniatowska: prosa limpia, comprometida y amena. Se trata de una serie de testimonios que recogen el pensamiento y sentimiento a favor y en contra del movimiento.

La segunda parte, la mejor porque inaugura la crónica popular literaria, a diferencia de la anterior crónica popular periodística, narra con el sabor realista de la Poniatowska la noche de la masacre, envuelta en los sentimientos de estudiantes, víctimas y familiares.

Como atractivo gráfico, además de iniciar la ruptura de la censura en la literatura documental, el libro cuenta con excelentes fotos in situ y después de ese trágico momento en delegaciones de policía, donde se apilaban los estudiantes asesinados.

La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, un clásico de la literatura mejicana.

edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”

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