La Historia del Bolero III

By on diciembre 26, 2014

img_bolero_1

Desde el punto de vista formal, la estructura empleada sigue siendo binaria pero, en relación con la etapa anterior, se detecta una ampliación de las estructuras internas, como miembros de frases y períodos que rebasan en algunos casos los 16 compases. En cuanto al aspecto melódico, se nota la presencia de toda una gama de intervalos que van desde las segundas mayores y menores, hasta las séptimas mayores y menores, destacándose la utilización de una sola línea melódica que, caracterizada por su movimiento ondulante, busca momentos de clímax. Como lo definiría Jorge Enrique Adoum: “…sinónimo de amor loco, es decir, de corta duración, porque la única pasión duradera es la venganza del amor que hacen imposibles los demás o la mala suerte; fue, creo yo, la conjunción de letra y música más cabal que se haya dado, en muchos casos nacidas en ese espacio de creación marginal que fueron los prostíbulos y bares del Caribe y México”.

El bolero llega a nosotros a principios del siglo pasado a través de las compañías bufo-cubanas como la de Jorge Ankerman, donde la trova cubana siempre tenía un lugar preferente. Considero que es en el centro provincial de la isla de Cuba, las provincias de Cienfuegos y Sancti Spíritus, donde sus compositores, en los albores del siglo anterior, nutren de música y poesía a trovadores de Yucatán como Ricardo Palmerín Pavía y Augusto “Guty” Cárdenas Pinelo y, años después, a José “Pepe” Domínguez, de quien mucha de su obra musical fue escrita en Cuba. Como en los finales del siglo XVIII, en la actualidad en nuestro medio se sigue la tradición oral por la falta de cultura musical –que no de genio artístico– de nuestros trovadores.

“De allí, de la Isla hermosa del ardiente sol…” como dice la habanera “Tú”, llega a nosotros el bolero. Lo toma el cine nacional, la radio, y las disqueras, y tenemos el mejor y único baile para amantes o para enamorados. Podíamos tener así, y en público, a nuestra muchachita en un abrazo estrecho, caricia de cuerpo entero, entrega mutua o inocente, en una época de hipocresía y velada represión.

Pero era indirectamente sensual: se arribaba al deseo más bien por amor, quiero decir, por las palabras que por sí mismo. O sea, ese movimiento casi imperceptible con que seguíamos las ondas de la melodía –¿No decía Cantinflas “bailo en un ladrillo y me sobra espacio”?– o eso creíamos a esa edad, sintiendo el cabello de ella contra nuestra mejilla y repitiendo, entre dos besos tímidos, la letra al oído.

Todo lo que hubiéramos querido decirnos lo decía, y mejor, el bolero.  Era, mientras duraba el baile, incluso un poco después, nuestro verdadero lenguaje.

Ella podría decir, por ejemplo, “Toda una vida / me estaría contigo / no me importa en qué forma / ni cómo ni cuándo pero junto a ti…”. Y nosotros estrechándola más, como contraseña cómplice de reciprocidad, éramos capaces de responder con la misma canción, “No me cansaría /  de decirte siempre / pero siempre, siempre, / que eres en mi vida / ansiedad, angustia / y  desesperación”. Y ella, sin reparar en lo insoportable que puede ser oírle a alguien repetir cada cuatro segundos –y eso se le dice cantando– “eres en mi vida, ansiedad, angustia y desesperación”. Así, para siempre y sin cansarse, en lugar de lo cual habría bastado con rayar ese punto preciso del disco con “Toda una vida”.

Pero entonces no se trataba de reflexionar, sino de amar, que es todo lo contrario.

En resumen, la evolución del bolero en América Latina no ha tenido un desarrollo uniforme en tanto ha transitado momentos culminantes o de declinación que no solo se manifiestan en la creación e interpretación, sino también en el papel desempeñado por la difusión musical como factor condicionante de niveles de popularidad.

So pena de esto último el bolero, quizás únicamente comparable con el danzón por su dualidad de funciones al propiciar el canto y condicionar el baile, ha contado en todas las épocas con el favor del público nacional e internacional.

BOLERO quiere decir amor, sentimiento y mientras existan ambos valores…¡HABRÁ BOLERO!

 

Alfonso Hiram García Acosta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.