La habilidad de los gatos para caer siempre de pie

By on octubre 31, 2019

El mito de que los gatos siempre caen de pie es falso. Lo que de verdad distingue al gato de la mayoría de los animales es que presentan una mayor eficacia a la hora de rectificar su postura en una caída, para así caer sin hacerse daño. Es decir, no caen siempre de pie, pero al menos no caen «mal».

Esto también significa que los gatos, a poca altura, tienen más probabilidades de hacerse daño que a mayor altura, pues tienen más tiempo para corregir su postura. Esta es una de las razones por las cuales sobreviven a caídas imposibles, lo que les ha dado la fama de “las siete vidas”. Pero, por mucho que pueda corregir su postura, a determinada altura no puede salvarse ningún mamífero.

El gato se pone tenso a medida que acelera, lo cual reduce su capacidad de absorción del impacto. Cuando cae de mayor altura, tiene tiempo de alcanzar su velocidad terminal (deja de acelerar), con lo cual el gato se relajará un poco más (todo lo que pueda relajarse un animal que observa que está cayendo en picada desde una altura descomunal), aumentando así su flexibilidad y el área de la sección transversal sobre la que el impacto se difunde.

El oído nos ayuda a mantener el equilibrio, detectando en todo momento en qué posición estamos con respecto a nuestro centro de gravedad. En los gatos, su agudo sistema reacciona en menos de una décima de segundo, es así que el líquido del oído interno se comienza a mover por los conductos, que tienen finos pelos en su interior y que detectan cualquier giro o movimiento extraño en el gato. De esta manera, el animalito percibe siempre su posición y la forma de regresar a su centro para lograr caer parado, haciendo que el cuello y todos los músculos del cuerpo reaccionen para colocar al animal en una posición correcta.

Lo primero que hace un gato al caer es estirar las patas de atrás de manera perpendicular al cuerpo. Al mismo tiempo, encoge las patas delanteras. Esto tiene un efecto importante a la hora de controlar el movimiento angular, ya que la manera como responderá será diferente para la parte de delante y para la parte de atrás.

Al tener unas patas estiradas y las otras encogidas, puede girar la parte de delante del cuerpo hasta ponerse de cara al suelo. Eso implica que la parte de atrás también gire en sentido contrario; pero, como las patas están estiradas, el giro será menor. Posteriormente, el gato cambia la disposición de las patas: encoge las de atrás y estira las de adelante. Así puede girar la parte posterior del cuerpo con poco efecto sobre el anterior.

Una vez que el gato gira el cuerpo y sigue con la columna, aumenta la fricción con el aire, lo que actúa como un paracaídas, reduciendo la velocidad de la caída hasta casi la mitad. No obstante, la aceleración de un cuerpo en caída libre sigue existiendo, por lo que la velocidad va en aumento, aunque sea más lentamente.

Sus patas delanteras absorben y transmiten la fuerza del impacto a todo el cuerpo. Además, lo hacen con las garras extendidas, para evitar resbalones, y la espalda arqueada. De esta forma, el cuerpo distribuye la fuerza de la caída, minimizando el daño como un amortiguador. Al final, acaba encarado al suelo, y con las patas a punto para absorber el impacto de la caída.

Seguramente cuando el minino llegue al suelo sano y salvo lo veremos sacudir su cabeza; esto ocurre para que el líquido del oído interno vuelva a su posición original.

Existen gatos que han sobrevivido incluso a una caída de 32 pisos, según se ha llegado a documentar. Este es solo uno más de los fascinantes secretos que esconden los felinos, una rama animal con muchas sorpresas.

Que los mininos posean esta capacidad de sobrevivir a caídas desde grandes alturas no significa que debamos descuidarlos, mucho menos experimentar con ellos para ver cómo se las arreglan para caer parados si los arrojamos desde lo alto de un edificio.

La posibilidad de que sufran distintos tipos de lesiones, e incluso mueran a causa del impacto de la caída, siempre está presente, pese a la gran agilidad que poseen estos felinos. Recuerda que el riesgo de sufrir contusiones y fracturas graves se incrementa cuando el animal cae desde alturas menores.

Si bien en la mayoría de los casos los gatos caen de pie desde grandes alturas, siempre es mejor prevenir que curar. Si vives en un segundo piso y tienes mascotas, asegúrate de proteger ventanas y balcones para evitar que la curiosidad del animalito le haga dar un paso en falso y pueda caer y lastimarse.

Tener un animal es una gran responsabilidad. Cuida su vida, sé un dueño responsable.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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