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La Flota Republicana Española

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Remembranza

César Ramón González Rosado

Hace algunos años, digamos unos 60 atrás más o menos, llegó a mis manos un interesante libro sobre la Guerra Civil Española que me dedicó su autor, don Bruno Alonso González, refugiado español que había sido Comisario General de la flota del Gobierno de la 2ª República de 1937   a 1939, cuando esa lamentable conflagración entre connacionales.

Mi encuentro con don Bruno fue aproximadamente entre los años de 1960 o 1961. Iniciaba yo entonces el ejercicio de mi carrera como Profesor de Educación Primaria en la ciudad de México, cubriendo interinatos de la Secretaría de Educación, o bien impartiendo clases particulares los sábados.

A esto último se debía mi presencia en la casa de una familia española: para reforzar el aprendizaje de un niño de 12 años. Después de las clases, al retirarme, un señor de avanzaba edad, seguramente el abuelo, con pronunciado acento español y tocado de boina, me despedía con un “¡Cómo le va, profesor!”

En alguna ocasión me invitó a una copa de vino, recuerdo, una manzanilla. De vez en vez hicimos buena amistad, platicando sobre diferentes temas. Me preguntó de qué parte de México era yo y le respondí: “De Yucatán.”

De inmediato reaccionó con admiración: “¡Ah, la tierra de Felipe Carrillo Puerto!”

Grande fue mi sorpresa. “¿Sí sabe de él?” pregunté.

“¡Cómo no! ¡Si soy contemporáneo socialista de Carrillo Puerto!”

 “¡Cómo…!” dije.

¿Quién era don Bruno? Es aquí, estimado lector, que me permito transcribir una breve semblanza biográfica del personaje.

Bruno Alonso González (Castillo Siete Villas/Cantabria 1887-México D. F., 1977) fue nombrado en 1937 Comisario General de la Flota Republicana, puesto que ocupó hasta el final de la guerra civil. Dirigente sindicalista, diputado socialista por Santander en las tres legislaturas republicanas, Bruno Alonso era un hombre dotado de gran honestidad, firmes convicciones ideológicas y, a la vez, carácter enérgico, algo imprescindible para lograr imponer el orden en unas tripulaciones que habían optado por prescindir de la mayor parte de unos mandos que habían optado por el bando sublevado.

Por estas particularidades de su recio carácter y formación, don Indalecio Prieto, entonces Secretario de Marina del Gobierno de la 2ª República, nombró a don Bruno para el mencionado cargo.

A propósito de don Indalecio Prieto –que vivió en México en esos tiempos de los exiliados españoles–, leímos complacidos, a principio de los años 60, sus interesantes artículos en la revista SIEMPRE del ilustre periodista don José Pagés Llergo.

Los primeros años del exilio don Bruno los vivió en África, hasta que en 1942 logró llegar con su familia a México, donde se estableció y donde residió hasta su fallecimiento, sin haber podido regresar a España como era su gran ilusión. Este libro, publicado originalmente en México en 1944 y prohibido en España, contiene parte de la documentación recogida por el propio Comisario de la Flota y el relato de sus experiencias al frente de la misma en un periodo turbulento y lleno de contradicciones. Su publicación iba dirigida a poner en claro su visión de unos hechos escasamente explicados y, a su modo de ver, erróneamente interpretados.

Al término de mi trabajo docente con el niño, al despedirme cuando las vacaciones escolares se aproximaban, me obsequió su libro.

Disfruté la lectura de ese documento histórico que me dedicó hace más de seis décadas. Ahora, al revisar mis libros de ese tiempo con la experiencia y conocimiento con que la vida nos enriquece, comprendo mejor y siento la emoción de don Bruno cuando, como Comisario General de la República Española, arengaba con valentía a los soldados marineros que confrontaban a los barcos de guerra nazi-fascistas de los rebeldes

“¡Que muera la canalla! ¡Que muera la canalla!” era su arenga de ánimo y valor en aquellos momentos de lucha.

El libro es una crónica épica de la Guerra Civil Española en el mar, muy diferente a las que he leído o escuchado, ya que se trata de la lucha de los marineros de la flota de la 2ª República Española en contra de los rebeldes nazi fascistas encabezados por Francisco Franco.

Contiene los siguientes capítulos:

I. Antecedentes obligados

II. Composición de la Flota Española antes de la Guerra

III. Organización y Normas del Comisariado

IV. La invasión extranjera y los amigos de la llamada unidad

V. La pérdida del Norte. Explosión del “Jaime I”

VI. El Comisario en la base de Cartagena

VII. El Combate de Cherchell

VIII. En acción.

IX. Cambios de Mandos y diversos documentos

X. Combate del Cabo de Palos. Hundimiento del “ Baleares”

XI. El Jefe y el Comisario

XII. La epopeya del “José Luis Díez”.

XIII. Ataques aéreos a la flota.

XIV. La pérdida del Cataluña y el Mahon

XV. Los Ministros visitan la Flota.

XVI. Los últimos momentos.

XVII. Rumbo a Bizerta.

XVIII. Consideraciones finales.

Cuando escuchaba a don Bruno narrar aquellos momentos del fragor de las batalles navales, con el brazo levantado y el puño cerrado, diciendo “¡Que muera la canalla! ¡Que muera la canalla!”, enérgico, emocionado, como si estuviera de nuevo arengando a los combatientes, imaginaba la escena a bordo del barco de guerra “Libertad”, sede de la Comisaría, acompañando a don Bruno en su lucha por la libertad.

Al reflexionar sobre esta lectura, valoro el privilegio de haber conocido y entablado amistad con tan importante protagonista de aquella terrible guerra entre hermanos: don Bruno Alonso González, Comisario General en la Flota del Gobierno de la Segunda República Española.

Fuente

Bruno Alonso. La flota republicana – Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón

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