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Gertrudis Tenorio Zavala
Flor que solitaria crece
a las orillas del mar,
cuán apacible te mece
la suave brisa al soplar.
Aquí resbala tu vida
llena de tranquila calma;
aquí en tu mansión querida
dulce consuelo halla el alma.
Vives llena de delicias,
flor de encanto celestial,
y recibes las caricias
de la brisa matinal.
Mi corazón ¡ay! doliente
viene a buscar el placer
del embalsamado ambiente
que derramas por doquier.
Que tú en la arena mecida
sola y sin saber llorar,
no sabes lo que es la vida
cuando se ha llegado a amar.
Por eso en noche serena,
cuando alta la luna brilla,
tú sola calmas mi pena,
flor solitaria en la orilla.
Que los que nunca han llorado
ni padecen lo que yo,
dan consuelo al desdichado,
pero los que sufren no.
¡Adiós, blanca flor! Si un día
concluye al fin mi dolor,
revive en mi tumba fría,
no te olvides de mi amor.
Mérida, 1862.
El Repertorio Pintoresco. Miscelánea Instructiva y Amena. Mérida, 1863, p. 398.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























