La Aventura Musical de Coki Navarro – XLI

By on enero 22, 2021

XLI

Continuación…

Troveros y poetas, amigos y compañeros, y todos los concurrentes a nuestras reuniones “troveriles” y cantineriles me felicitaban por “mi buena suerte”. Todos diciéndome que tengo buena suerte. Todo se mueve rondando el concurso “Chan Cil”. Siguen todos diciéndome que tengo buena suerte.

En nuestra mesa “bohemia” no se pronunciaba una palabra que no se relacionara con los detalles del certamen y yo aguardaba la hora deseada de la entrega del premio… pero…

OH DECEPCIÓN LA QUE ME ESPERABA. Todo el clamor que había despertado este encuentro musical se fue apagando poco a poco y se redujo a nada. Ni diploma, ni fiesta, ni entrega de premio con los honores debidos. Nadie movió “la moralidad” de los que debían hacer cumplir con lo prometido y acordado.

Nadie quiso hablar más del concurso sin mirar si era yo un desconocido joven que había resultado triunfador, con triunfo legítimo (aunque de casualidad si así lo quieren pensar), nadie…. Nadie se preocupó ni de mí, ni de “Chan Cil” (Q.E.P.D), cuyo nombre, por su importante labor de antaño como trovador, se había seleccionado para recordar a esa gran columna de nuestra gloriosa tradición.

Indiferencia total; indiferencia que hiere, pero indiferencia que mi alma puede soportar con filosofía y hasta cierta justificación: ERA YO SOLAMENTE UN NOVATO, ya me lo habían cantado hasta la saciedad.

Ni modo, no está exento el ambiente artístico de la mezquindad, de la política y de la acidez con que los deshumanizados espiritualmente se soslayan, regocijándose con su inmovilidad de criterio, unos, y, otros desahogando tal vez sus frustrados propósitos como compositores.

Todo se redujo a una sencilla transmisión por la radio local en la que estuvimos presentes solamente el locutor señor Raúl Castillo Cecías, mi compadre que interpretaría la canción junto conmigo, y la pianista Judith Pérez Romero, quien gentilmente me ofreció una “diana” que ella interpretó con alegría, pero que a mí me pareció una marcha fúnebre. El premio fue otorgado simbólicamente y la “diana” aplaudida por la única persona que integraba el público: el encargado de la limpieza de esa estación de radio. Quince minutos del programa convertidos en suplicio para mi alma que, austera y templada, no dejó de sentirse triste, muy triste, inmensamente abatida.

Me consolaba en parte que tan desairado estaba yo como “Chan Cil”. Quince minutos de transmisión fue el resultado de varios meses de promoción, de comentarios, de tensión y de zozobra en las conciencias y de los corazones de “mil” troveros, de “mil” poetas, de “mil” compositores.

Al otro día del programa todavía me esperaba la parte más amarga de mi triunfo. Hube de ir a recoger mi premio con la honorable dama que lo había donado. Me presenté ante la fina señora que, si no me falla la memoria se llama Doña Julia Baqueiro (familiar de Chan Cil), y ella, con una felicitación que destilaba sinceridad y unas palabras dichas con el corazón, me hizo entrega del dinero que me correspondía. Yo, a la vez, puse en las manos de mi compadre la parte que habíamos pactado. Casi todo mi premio se “evaporó” en la reunión que se organizó entre el grupo de siempre. Yo correspondí con algunas invitaciones esa tarde y, mientras el sol se iba apagando, se esfumaron de mi mente los malos recuerdos que me había dejado el certamen. (¿Certamen?)… Mi filosofía se impuso y al morir el día todo era ya parte del pasado. Entonando una canción, y del brazo de “Chan Cil”, me encaminé a mi derruido cuarto donde toda la noche tuve pesadillas, pues soñaba que yo era el triunfador del “concurso”.

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Mi motocicleta ya estaba acostumbrada a pasar más tiempo empeñada que conmigo. Para colmo, un buen o mal día me avisan que el Juzgado Militar será suprimido de Yucatán y todo su personal pasará a incorporarse a la Secretaría de la Defensa Nacional. Adiós a mis amigos militares. No dejo de recordar con especial cariño a Lucio Sánchez Castillo, cumplido y eficiente Sargento, donde soy ahora ayudante del ayudante del Jefe del Departamento del Archivo de Retiros y Pensiones. Cinco meses de tocar el contrabajo acompañando por las noches a Los Jilgueros, integrado por mi excompañero (con Paco Miller) René Frías, mi primo Rafael Villalobos, como requinto, y Eduardo Novelo como primera voz. Hoy, estos dos últimos, junto con Fernando Méndez, componen el trío “Los Montejo”. Cinco meses de recordar mi vida pasada. Dormía de dos a tres horas diarias, pero me divertía tanto en mi desempeño militar como en el Bar 42 de la Avenida Juárez. Además, ganaba unos pesos extras. Llega diciembre, pido mi baja, recibo mi aguinaldo y emprendo el retorno a mi Yucatán amado, donde me esperaba una trágica y penosa historia… Ahí les va…

Coki Navarro

Continuará la próxima semana…

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