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Gertrudis Tenorio Zavala
Ya murmuran las fuentes y los lagos,
ya deja el labrador su pobre lecho,
y por cortar la resinosa encina
muestra afanoso su febril empeño.
Y cuando al beso de las auras puras
se abren las flores al amor sonriendo,
la tierra ostenta las preciosas galas
que diole abril a su fecundo seno.
En el amanecer, y ya al perderse
la última estrella en el azul del cielo,
nos anuncia la Aurora su venida
inundando de luz el firmamento.
Cuando asoma su faz deslumbradora
huyen las sombras al sentirla, presto,
y del mortal en vano la mirada
intenta penetrar su alcázar regio.
Bella aparece en el rosado oriente
allá entre hermosos y flotantes velos,
y entre las aguas del arroyo manso
forma brillantes y variables juegos.
Ya se alza rebosando de poesía,
ya suave alumbra mi adorado suelo,
y entre un celaje nacarado y puro
mágico lanza su primer destello.
Así apacible derramando viene
sobre las flores su fulgor inmenso,
viene alejando con sus auras puras
de triste noche el malhadado cierzo.
Ya la paloma abandonando el nido
deja entre flores escuchar su acento,
ya los cenzontles al mirar la Aurora
hasta ella quieren levantar su vuelo.
Y allá del bosque entre las verdes ramas
exhala el ruiseñor suspiro tierno,
allá en la dulce soledad cantando
que son de amor sus adorados sueños.
Y también cantan al brillar la Aurora
los dulces poetas de mi amado suelo,
y unen su voz a los cantares tristes
de los que viven de su patria lejos.
Diciembre de 1869
La Aurora. Semanario de las Señoritas. Ciencia, Literatura, Economía Doméstica, Teatro, Modas, Variedades. Mérida, entrega tercera, 16 de enero de 1870, pp. 7-8.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























