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“En 1980, en el mes de agosto, en la iglesia de Guadalupe del Fraccionamiento Revolución, en Cordemex, me casé con Silvia Escalante Suárez. Mis suegros son Vicente Escalante Eúan, y Socorrito Suárez Carvajal que, dicho sea de paso, fundó dos grupos de Al Anon acá en Mérida y da conferencias por todo el Estado. Mis padrinos fueron Luis Canto y Emma Díaz. La misa la ofició el padre Ignacio Kemp Lozano, el fundador del albergue Cottolengo.”
“Debo decirte que Silvia fue mi alumna. Era muy rebelde cuando le daba clases de Derecho Civil y Procesal en la San Agustín, era muy inquieta y parecía que tenía algo en contra mía. Tiempo después me la encontré y empezamos a platicar, nos empezamos a ver y le pregunté por qué era así conmigo. ‘Solo me gustaba fastidiarte,’ me respondió.”
“Pues seguimos viéndonos y cuando nos dimos cuenta ya nos estábamos casando. Me casé casi a los treinta años. Cuando había reuniones de padres de familia en la escuela, los papás de los amigos de mis hijos les preguntaban: ‘¿Tus papás siguen juntos?’ Pues ya llevamos muchos años de casados. Imagínate, desde el ‘80 hasta hoy son cuarenta y seis años de matrimonio,” me platicó orgulloso el papá de Silvia Carolina Díaz Suarez, quien tiene dos licenciaturas, además de ser licenciada en enfermería, es una eminencia en el estudio. “Fíjate, Ariel: tiene una maestría, dos diplomados y tres especialidades en la materia y, por si fuera poco, tiene una consultoría laboral,” me comenta el orgulloso papá.
“Cuando me jubilé,” me dice Jorge en una más de nuestras pláticas en el céntrico café Pop, “atendí casi diez años un Cerverama en Kanasín. Ganaba yo muy buen dinero en comisiones, pero los de la empresa vieron que yo ganaba mucho más que los demás comisionistas porque yo vendía muy bien. Me bajaron las comisiones y lo quisieron hacer al año siguiente y no acepté, lo dejé.”
“Ahora estoy dedicado a lo que me gusta hacer: asistir a cursos de superación, a leer, leo sobre todo Historia Universal. también me gusta leer libros de religión y escuchar música de las grandes orquestas como la de Glenn Miller, Pablo Beltrán Ruiz, la orquesta de aquel que le apodaban el Zopilote (Gustavo Pimentel), Frank Pourcel… Por cierto, mi tío y padrino de boda, Luis Canto, fue al único que vi bailar como se bailaba esa música de las grandes bandas, muy de moda en esa época que bailaban los marines.”
Así concluyó esta tercera charla de las interminables e interesantes anécdotas de Jorge y de su añorada vida en La Sierra.
“La última vez que fui, el año pasado, le pregunté a un señor que pasaba por ahí dónde estaba el centro de La Sierra. ‘Es donde está usted parado,’ me dijo. No la reconocí, a excepción de la iglesia, ya no queda nada de lo que ahí viví. De hecho, el parque que era una hermosura. Ya no queda nada, las casas que yo vi ahora son solo ruina. ¿Sabes cuánta pena me dio?”
“No, Ariel, yo nunca trabajé en la fábrica. Era yo muy consentido en casa. De niño jugaba de todo con mis amigos: pelota, encantados, carreras. Por cierto, a Víctor Martin, Webis Rebolledo y Armando Cabrera nadie les ganaba en las carreras. Ellos corrieron en la antorcha, yo no. Solo les presté el libro donde estaban las medidas y reglas de los deportes, pero nunca corrí la antorcha.”
“Cuando quieras, Ariel, me dices y seguimos platicando esa época gloriosa de nuestra vida en Colonia Yucatán y La Sierra, no me canso de conversar con los amigos de nuestra bella época.”
Así se despidió el abuelito de Daniela Akime, que está terminando su carrera de Licenciada en Psicología; de Emiliano Jacob, hijo de su hija Silvia, quien apenas tiene doce años y acaba de ganar el subcampeonato nacional de ajedrez a nivel Primarias en la ciudad de Guadalajara, Jalisco; de Chelsi Ivana y de Enna Lili, todos ellos orgullo de Jorge y, por supuesto, de su esposa Silvia.
Esa mañana que platicamos, a Jorge no le corrió prisa ni le preocupó la hora ya que Silvia estaba en un retiro, pues pertenece a la Escuela de Dirigentes de Cursillos de Cristiandad.
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero





























