Inicio Cultura Jorge Alberto Díaz Medina y sus recuerdos de La Sierra (vi)

Jorge Alberto Díaz Medina y sus recuerdos de La Sierra (vi)

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Trabajé con el ingeniero José Manuel Calderón Lara -el Charritas-, hermano del malogrado líder Efraín, a quien conocí cuando estudiábamos Leyes, él estaba más adelantado que yo. Pues este José fue mi jefe en Obras Públicas del Gobierno del Estado.”

Un día vino a vernos un conocido suyo y nos pidió que le echemos la mano: ‘Van a operar a mi hija,’ nos dijo. Hicimos una coperacha entre varios compañeros y lo apoyamos, pero a los dos años regresó y nos dijo que le diéramos de nuevo porque ahora la iban a rehabilitar. Era su modus operandi. ‘Toma, pero no te queremos volver a ver hasta que sane tu hija,’ le dijimos.

Bueno, pues ya titulado de abogado, estuve trabajando en Obras Públicas del Gobierno del Estado, en el departamento de Vivienda. Igual trabajé en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Tomé muchos cursos. Mi Servicio Social lo hice precisamente en el depto. de Recursos Humanos (RRHH).

“Por mi trabajo, me mandaban a los municipios del interior del Estado y pasaba por Holcá. Ahí veía a Mayito Díaz, lo esperaba a la una o dos de la tarde, y de ahí veníamos a Mérida y pasábamos a tomar dos como la gente.

Cuando me corrieron a la mala de Obras Públicas, me quedé sin chamba y fui al Seguro Social a hacer el trámite de una amiga. Ahí vi a Jasso, que me ofreció trabajo. Varios años trabajé ahí de confianza. Jasso me ayudó mucho. Por cierto, ahí conocí a Blanquita Segura, la hija de Salado. ‘Mi papá,’ me dijo Blanquita una de las tantas veces que conversamos ella y yo sobre la Colonia, ‘tiene una foto donde está con su máscara y su capa de luchador. Se llamaba el ‘Relámpago azul.’

Mi papá Omar,” me comenta Jorge, ya encarrilado después que Eric le sirviera el segundo café de la tarde en la emblemática cafetería Pop de esta ciudad, “tenía las revistas que editaba la empresa Medval. Se titulaban ‘Frente a la Selva’. Las atesoraba mucho. Un día me dijo Jorge Ruiz que se las pida a mi viejo y se las di prestadas, pero vino el accidente y se murió. Jorge vivía en Granjas, el problema es que las revistas se le quedaron. Esperé un tiempo prudente y le pregunté a su hijo que trabajaba con nosotros en el IMSS y me dijo que no las tenía. Su papá las prestó y no dijo a quién,” me comenta quién cada mes nos acompaña al desayuno de los Colyuctecos, deleitándonos con sus gratos recuerdos, anécdotas y buena plática.

Además, como buen católico, es cursillista.

Mira, Ariel,” me dice mirándome serio, con sus ojos azules, sin pestañear, para enfatizar sus palabras. “Tengo un cuñado sacerdote, hermanito de mi esposa Silvia, se llama Alfredo Escalante, fue párroco de la iglesia de San Juan Bosco de la colonia Miraflores de acá; su tatarabuelo fue el padre Avelino Carvajal, y además tenemos tres parientes de mi esposa que son ministros bautistas.

En una ocasión, le comento, saludé en la Colonia –para una fiesta patronal a la que fue para poner la placa de su familia en el árbol genealógico– a Luis Echeverría Navarro, el rector de la universidad de la CTM. Me dijo que vivió en La Sierra. ¿Sabes tú algo de eso, lo conoces?

Que yo sepa, no.” me responde el ahora vecino del fraccionamiento Granjas. “Luis es mi amigo del alma,” me dice con énfasis. “Me fui varias veces a México con él. Era mi compañero de cuarto. Cuando me quedé sin empleo, me ofreció trabajo en la escuela de la Confederación de Trabajadores de México, de la que es rector. Otro de mis grandes amigos, además de René Iuit, es Víctor Martin Castillo. Fuimos vecinos en La Sierra.

Fíjate, Ariel, que están regresando a la Sierra algunos de mis amigos a vivir allá o la Colonia. Ya regresó René Iuit; Víctor Martín tiene una casa muy bonita en la Colonia; David García vive en Emiliano Zapata; Vicente Aguilar (+) estuvo un buen tiempo en la Colonia. ‘Ya no es lo mismo,’ me dijo. ‘No me aguanté, me regresé a Cancún,’ me comentó Vicente un tanto decepcionado.

Pancho Contreras, que es doctor, me dijo que no había hecho nada por la Colonia y quiso devolver algo de lo mucho que ahí le dieron. Puso su consultorio para apoyar a la gente, pero lo cerró. ‘Por el vandalismo lo cerré,’ me dijo Catra, que así le apodan al doctor y a sus hermanos Juan y Beto Contreras.

Continuará…

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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