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Jorge Alberto Díaz Medina y sus recuerdos de La Sierra (v)

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Entre las mujeres de La Sierra también destacaron, de las que me acuerdo ahora, las maestras Loly Vidal, que por años tuvo un relevante cargo en la Secretaría de Educación Pública; Thelma Flores, que vivía en la casa de dos pisos y es esposa de mi primo Carlos Rivero (el Patulin); Socorro Ceballos y Toyi Matos.”

Recuerdo que en esa época, cuando vivía en La Sierra, muchas familias se pasaron a vivir a la Colonia, como los Cervera, las familias Rivero-Díaz, Lara-Díaz, Miranda-Chablé, Canto-Díaz, la familia Mugarte. Mi familia fue la última en mudarse a Colonia. Vivimos frente a la casa de Chayo Cosío. Esa casa se quemó junto con otras dos una tarde, aunque nosotros ya no vivíamos allá. Fue grande el incendio, que amenazaba llegar hasta la escuela, aquel edificio muy bonito, único en la zona, hecho totalmente de madera. La fábrica mandó el bulldozer*, que se posicionó frente a casa de Manlio Sauri, para derribarla en caso necesario y el fuego no llegue a la escuela; pero el operador, el maestro Juan Miranda, no llegó a concretarlo porque se logró apagar ese voraz incendio que consumió tres casas.

*Bulldozer es un tipo de maquinaria pesada montada sobre orugas y equipada con una gran cuchilla de acero frontal (RAE).

Crecí con Rufino Gómez. Cuando vinimos a vivir acá, estudiábamos de noche. ¡Chin! ¿Ya se murió? No lo puedo creer,” me dice un tanto contrariado. “Ya estamos grandes, Ariel. Nosotros en Navidad, en vez de entregar regalos, ahora entregamos medicinas,” comenta entre tímidas risas uno de los que nunca le endosaron un apodo en La Sierra.

Tampoco me disfracé, ni era yo un bailador. Era muy tímido,” me confiesa el primo de Chato Canto. “Pero sí tenía muchos amigos, tanto de Colonia como de La Sierra. Eso de que no nos podíamos ver los de la Sierra con los de Colonia es falso. Tengo numerosos amigos de Colonia, y de mi palomilla de La Sierra.”

No, nunca corrí en la antorcha,” responde a la pregunta. “Yo tenía un libro que me regaló mi tío Américo, escrito por un ingeniero que fue director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Yucatán, donde tenía especificado las medidas de los campos y todo lo relacionado a los deportes, pero nunca corrí en la antorcha.”

¿Nunca te correteó Pancho López (Felipe Leal Pérez) en la Colonia?” ‘No,’ le respondo. “A nosotros sí,” me dice entre risas. “Cuando llegaba a vernos por alguna queja que le habían dicho, o por alguna travesura que hicimos, empezaba a sacar su pistola que tenía envuelta en una bolsa de nylon para asustarnos, no la disparaba; cuando terminaba de sacarla ya no nos encontraba. Igual nos pasaba con el Tucho (Bernabé Canché) en el cine. Ellos eran los icónicos personajes de la Colonia en ese tiempo. Pancho López era famoso en Tizimín, era el delegado de la policía en la región; se jubiló por el gobierno.”

Entre las cosas curiosas que vi en ese tiempo y escuché,” comenta el primo de Chato Canto, “en cierta ocasión aquel que le dicen Salado (Augusto Segura) estaba discutiendo acaloradamente un tema y cada quién creía tener la razón. Creo que con Jasso estaba discutiendo. ‘Lo que pasa contigo es que tú no sabes nada, eres un neófito,’ le dijo éste. ‘Tienes razón, chavo,’ le contestó el Salado. ‘Creo que necesito lentes,’ jajaja.”

Otra que recuerdo. Ya ves que en la Colonia se daban peleas de box. Esa noche estaba peleando aquel que le decían Solferino (Leónides Baas) y le estaban dando una tunda y éste hacía como que se caía, pero era su finta, el otro se confió, pensó que ya lo tenía dominado. Pero Solferino no se estaba cayendo, estaba tomando impulso y de un golpe lo noqueó. Era su estrategia.

Continuará…

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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