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“Cuando ya era kínder estudié ahí con Pedro y Jorge (Webis) Rebolledo, Paulino Bates, Armando Cabrera, Mario Joaquín Lezama. Nos daba clases la maestra Rosita, la mamá de Vidal de Aranda. Por cierto, cuando la vi la última vez en Cancún, ya tiene más de treinta años eso, me dijo: ‘Oye, Jorge, ¿recuerdas cuando una vez me pateaste en el kínder y corriendo te escapaste de la escuela?’ Me abrazó. Parece que, cuando en esa época cerraron el kínder de La Sierra, la mandaron un breve tiempo a la Colonia con doña Colon. La maestra Rosita estudió para maestra en la Normal, pero creo que no terminó.”
“En la Colonia estudié la primaria con Tany (Ángel) Arjona, Jaime Contreras, longa (Luis Valdéz), Marcos Medina, Rosario Cosío (Chayo), Luis Ávila, Amílcar Briceño, Mario Lezama, Armando Cabrera, René Iuit, Paulino Bates, Víctor Martin, David García, Tony Marfil, hijo de don Sixto.”
“Yo jugaba básquet en La Sierra y en Colonia. Gilberto Arce jugaba con nosotros, él me defendía de las agresiones de Tany, que era muy desmadroso, era muy pleitista. Tenía un grupo con Vich (Victoriano) Espadas, Lauro Arce, Marcos Medina que era mi compañero de banca en la escuela. Vich era un caballero, aunque eran amigos de Tany, eran a todo dar. Cuando crecí, era yo alto – medía casi dos metros, grandote pesaba más de 110 kilos –, me dije: ‘Le voy a partir la ‘máuser’ a Tany.’ Pero no: solo quería saludarlo. Ahora ya bajé más de treinta kilos, llevo una dieta especial ya que tengo síntomas de varias dolencias y estoy en tratamiento médico.”
“Eso de que había rivalidad entre La Sierra y la Colonia yo nunca lo vi. Tenía, y tengo, varios amigos tanto de La Sierra como de Colonia. Me llevaba bien todos.
“¿Recuerdas a tus maestros de la Colonia? El director de la Primaria ‘Manuel Alcalá Martín’ era el profesor Raúl León Navedo. Hace como veinte años me lo encontré acá. Su hijo estudió conmigo. ‘Mi papá se acuerda de todos los alumnos que tuvo en la Colonia,’ me dijo el Jr. El profesor Raúl acá murió. Las maestras Betty y Lupita Conde, Thelma Antuña Rubio, Porfirio Matos, Manuel Araujo y su esposa, la profesora Mechita Alamilla, los conocí.
Durante los carnavales, ¿te disfrazaste en La Sierra?
“No, tampoco era yo bailador,” responde. “Era muy tranquilo, hasta cierto punto penoso.”
“Salí de La Sierra cuando tenía catorce años para ir a estudiar la Secundaria a la escuela ‘Miguel Barrera Palmero’, en Tizimín, con Zavalita, que su papá era tractorista. Lupita Briceño se fue a Ciudad Victoria, Tamaulipas, a estudiar en la Normal de mujeres; Tony Marfil, hijo de don Sixto, se fue a Chihuahua. Por cierto, don Sixto fue alcalde de San Felipe. También René Iuit fue con nosotros a estudiar a Tizimín.
“Salimos un año antes de que se abriera la Escuela Secundaria por Cooperación en la Colonia. Este René casi no hablaba, pero a la hora del examen se sacaba puro diez. Pensaban los maestros que copiaba, lo cambiaban de lugar, y siempre se sacaba puro diez. Era muy inteligente, así como su hermanito Alex, que es Ingeniero Metalúrgico y trabaja en la NASA.
“René fue maestro del Instituto Tecnológico Regional de Mérida (El Tec). Estudió varias especialidades, es un experto en máquinas y herramientas. Dos veces fue nombrado Maestro Distinguido del Tec; él le dio clases a mi hijo Rodrigo Iván, que es Ingeniero Bioquímico. A medio mundo le recomendé cuando estaba dando clases en el Tec y los ayudó. Es muy buena gente.
“Estudié la preparatoria acá en Mérida, en la entonces Universidad de Yucatán (UDY). Cuando salí de la prepa, me gustaba tomar los tragos, perdía miserablemente el tiempo. Me gustaban los tragos y el béisbol, pero afortunadamente no era yo muy bueno jugando; si hubiera sido bueno, me hubiera ido con los Venados, que no eran Leones todavía.
“El béisbol me alejó de mis estudios de licenciatura. En ese tiempo estudiaba Leyes, siquiera, porque a mis amigos el deporte les ganó: no hicieron una carrera académica. Como yo no era tan bueno como ellos, logré terminar mi carrera de abogado en la UADY. Fui el último en titularme cuando la escuela de Leyes estaba en el Edificio Central. Hasta el director me mandó avisar para que me titule. Yo tenía fama de perder el tiempo. Ya estaba casado; mi suegro me ayudó a terminar la carrera.
“Calín Canto me decía: ‘¿Verdad que tú no acabaste de estudiar, que no te titulaste?’ ‘Sí terminé,’ le decía; me volvía a ver y me preguntaba lo mismo. Hasta que un día le dije: ‘Te voy a mostrar mi cedula profesional.’
“Ya titulado, muchos años impartí clases en la San Agustín. Por ese tiempo mi papá compró un terreno en el barrio de San Sebastián, dejé el bandolerismo y ayudé a mi papá.”
Continuará…
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero






























Gracias Lic. Ariel López por mantener viva la esencia de la Colonia Yucatán Tizimín