Inmortales del Rock: The Band

By on febrero 20, 2015

¿Qué banda es ésta a la que Eric Clapton quiso unirse y, supuestamente, fue la razón por la cual dejó Cream? ¿Qué influencia tuvo sobre George Harrison para que reconociera que lo ayudaron a trazar su camino musical? ¿Quiénes eran estos tipos en los cuales se apoyó Bob Dylan cuando éste quiso dejar atrás su época de intérprete folk y saltar a su fase “eléctrica”?

The Band es uno de esos grupos que influyeron sobre infinidad de artistas pero que, a la vez, ha recibido muy poco reconocimiento, lo cual es injusto. En tiempos en los cuales el movimiento musical estaba altamente influenciado por lo que se creaba del otro lado del Atlántico, The Band lideró, sin buscarlo, un movimiento que posteriormente fue llamado “Americana”.

En 1958, Ronnie Hawkins –de Arkansas, EEUU– formó una banda para tocar rock’n’roll en la cual incluyó a Levon Helm, también nacido en Arkansas, como su baterista. La banda se llamaba “Ronnie Hawkins & the Hawks” e inicialmente interpretaba los éxitos de esa época, aunque sin mucho éxito en su país; por este motivo la banda se traslada a Canadá, donde fueron adoptados, convirtiéndose en una de las bandas más famosas de esos rumbos. Imagínense que Hawkins fue comparado con Elvis Presley, debido a lo exitoso de su espectáculo.

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Ante la salida de su pianista, Hawkins empieza a evaluar contratar a músicos canadienses para su banda y contrata a un reemplazo que no se uniría a su conjunto a menos que se incluyera en el grupo a Robbie Robertson como guitarrista; otros miembros salieron de la banda y fueron entonces reemplazados por otros músicos canadienses: Rick Danko (con una muy particular manera de tocar el bajo) y, luego, Richard Manuel (teclados). Garth Hudson, maestro de música con título universitario, quería tocar rock’n’roll como hobby y, para que sus padres no se quejaran de su ocupación, pidió a cada uno de los miembros de la banda le pagaran $10 dólares por sus servicios como “consultor musical”, con lo cual Hudson mantendría contentos a sus padres. Así, con la llegada de Garth, la estructura estaba completa. Corrían los días de 1962 y el sonido propio del grupo los hacía destacar, sobre todo por la combinación de piano (Manuel) y órgano (Hudson), algo que no era muy común en esos días. Garth también aportaba instrumentos de aliento a la música del grupo y era el único que sabía leer nota.

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Hawkins y The Hawks deciden separarse en 1963, debido a que los integrantes del grupo ya no toleraban el estilo dictatorial ni el ego de Ronnie, además de sentirse sofocados. Nace entonces The Levon Helm Sextet, que luego se convirtió en Levon Helm and The Hawks, y luego se llamó Canadian Squires.

Después de servir como músicos de estudio en Nueva York, un amigo los recomendó con Bob Dylan quien se preparaba para cambiar su estilo en los conciertos agregando música eléctrica, dejando atrás sus presentaciones como músico folk, en los cuales eran él, su guitarra y su harmónica. Dylan inicialmente contrata únicamente a Levon y a Robbie, pero ellos abogaron por sus cuates y consiguieron que Dylan contratara a todos, saliendo entonces de gira como Bob Dylan and the Band de 1965 a 1966.

Dylan era un músico controversial desde sus orígenes, y no siempre era recibido afectuosamente por los asistentes a sus conciertos. Así, la banda tenía que soportar sus humores en los conciertos, cambiantes y dependientes del tipo de asistentes a ellos. Siendo verdaderos músicos, acostumbrados a ejecuciones y tempos impecables, de repente Dylan los hacía modificar su estilo para adaptarse al estilo de su música y a la atmósfera que permeaba en las presentaciones. Si bien esto fogueó a los muchachos, llegó a cansarles, decidiendo entonces hacer su propia música. Además, Dylan era un aficionado a las drogas, con lo cual los excesos eran comunes. Decepcionado, Levon deja la banda en 1966, cuando apenas llevaban tres meses de gira, para irse a trabajar a una plataforma petrolera en el golfo de México.

Dylan se reunió con la banda para crear nuevas canciones, y sus esfuerzos cristalizaron en una serie de demos que años después conformarían el disco llamado The Basement Tapes.

En 1967 Levon se reincorpora al grupo y, con la seriedad y madurez que ya poseían, deciden escribir su propia música, para lo cual rentaron una casa cerca de Woodstock que, por su color, era llamada Big Pink. En esa casa desarrollan su primer trabajo, el que saldría a la venta en julio de 1968, llamado simplemente Music from Big Pink. Puesto que todo el mundo hablaba de ellos como “la banda”, deciden entonces llamarse “The Band”. El álbum presentaba en la portada un cuadro de Bob Dylan, y resultó todo un éxito: mientras en el mundo la psicodelia era el furor, de repente venía esta obra que mezclaba elementos de góspel, blues, rock, folk, country, música clásica y R&B, interpretada por una mayoría de músicos canadienses y con elementos distintivos que demostraban que era un trabajo de conjunto. Dylan había dado su bendición escribiendo y co-escribiendo algunas canciones – I Shall Be Released, Tears of Rage y This Wheel´s on Fire – y a ellas se unió una de las más famosas canciones del grupo: The Weight.

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Tears of Rage y I Shall Be Released, con Richard Manuel llevando la voz cantante, son melodías que demuestran la calidad interpretativa de Manuel, acompañada por un trabajo musical en el que no se puede decir que un instrumento descuella, un verdadero trabajo de equipo. This Wheel´s on Fire nos presenta en la voz a Rick, y el trabajo en equipo se aprecia completamente en The Weight, que recibió aún mayor impulso al formar parte del soundtrack de la película más famosa de esos años, Easy Rider.

I Shall Be Released de Bob Dylan, de The Last Waltz

The Band sale de gira con gran éxito: los críticos estaban asombrados con la calidad de la música y de las letras, y no dejaban de alabarlos, lo que hizo que muchos músicos voltearan a verlos. En medio de todo esto, en 1969 sacan su segundo disco, simplemente titulado “The Band”, aunque también fue llamado The Brown Album, en referencia al color elegido para el LP. De este trabajo sobresalen The Night They Drove Old Dixie Down, Up On Cripple Creek, y King Harvest (Has Surely Come). El éxito de este disco los lleva al Show de Ed Sullivan en donde conquistan al anfitrión debido a que su música era algo que sí entendía, y no se parecía en nada a la música psicodélica y el hard rock que estaba en boga y que presentaba regularmente en su programa. Joan Baez, que ya había cimentado su carrera como artista folk, adopta a sus presentaciones The Night They Drove Old Dixie Down, con lo cual la carrera de The Band continuaba ascendiendo como la espuma. Las canciones, además de ser melódicas, tenían letras que presentaban elementos verdaderos de la historia americana, algo que para muchos venía a ser incluso más profundo que lo que cantaban los ídolos de esos días, Dylan entre ellos.

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Up on Cripple Creek, de The Last Waltz

El dinero empezó a llegar y, con él y desgraciadamente por las consecuencias, la mala administración de las ganancias de los músicos y de sus parejas. Esto comenzó a provocar tensiones a todos pues era necesario vender más discos para conservar sus exagerados estilos de vida y algunas adicciones. Al mismo tiempo, tal vez debido a que era el principal escritor de las canciones o tal vez porque tenía un liderazgo innato, Robbie empezó a ser mal visto por sus compañeros con lo cual un nuevo ingrediente entró a ese paraíso: los celos.

Stage Fright (1970) fue otro gran éxito del grupo, destacando las canciones The Shape I´m In y Stage Fright. Ya metido en su rol de líder, algo que creó antagonismo entre Levon y él, Robbie dirigió los esfuerzos de la banda debido – según dijo – a que no se podía confiar en los demás, y a que Richard Manuel ya estaba demasiado metido en sus adicciones.

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Cahoots (1971) ya no fue tan exitoso como los anteriores debido a que los integrantes ya no ponían el mismo entusiasmo, aunque lograron venderse bien Life is a Carnival y When I Paint my Masterpiece, esta última escrita por Bob Dylan. Moondog Matinee (1973) demostró que The Band estaba agobiado por todo: fue un disco de covers que no gustó pero que debía sacarse a la venta para cumplir con la disquera.

Necesitados de dinero, The Band se enroló una vez más con Dylan en la gira que acompañó el lanzamiento del álbum Planet Waves, de la autoría de Dylan. Irónicamente, a pesar de que la música de The Band era mejor que la de Dylan, tenían que ser nuevamente un conjunto de músicos acompañantes. Pero las deudas debían pagarse y no había de otra. También fueron teloneros de The Beach Boys, Joni Mitchell, y de Crosby, Stills, Nash and Young.

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Northern Lights – Southern Cross (1975) fue el último intento de The Band de presentar un disco en el que colaboraran todos, de buena gana. Todas las canciones fueron escritas por Robbie, y las favoritas de este trabajo fueron It Makes No Difference, Ophelia y Arcadian Driftwood, verdaderas joyas.

Ophelia, de The Last Waltz

It Makes No Difference, de The Last Waltz

Islands (1977) fue el canto del cisne de la alineación y consta de una serie de canciones que no fueron incluidas en sus discos anteriores, outtakes pues, además de algunos covers. La única razón de ser de este disco fue cumplir con el último requisito contractual contraído con su disquera y, además, para que pudiera salir entonces el disco que se creó de su concierto de despedida, titulado The Last Waltz, y que ya fue emitido por otra disquera en 1978.

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The Last Waltz logró conjuntar a grandes artistas que quisieron participar en lo que Robbie había anunciado como la última actuación del grupo, una decisión – por cierto – que no compartían los otros. Además de emitirse un LP doble, el evento completo fue filmado por Martin Scorsese y se convertiría en lo que algunos críticos han llamado el mejor documental de rock de la historia. Durante el evento, participaron artistas como Ronnie Hawk, Bob Dylan, Paul Butterfield, Dr. John, Neil Diamond, Joni Mitchell, Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Ronnie Wood, Ringo Starr, Muddy Waters, todos acompañando a The Band en una noche que vivirá para siempre en la memoria de los amantes del rock.

Richard Manuel, atormentado por sus adicciones – se decía que en una sola noche bebía ocho botellas de Grand Marnier –, terminó con su vida en 1986, después de una tocada con la banda y de despedirse de Garth “por 25 años de maravillosa música”. Con él murieron los sueños de todos aquellos que soñaban con una posible reconciliación y reunión de The Band.

A pesar de todo, y siendo todos músicos curtidos y con algo que decir aún, Jericho (1993), High on the Hog (1996) y Jubilation (1998) fueron emitidos, sin pena ni gloria, los dos primeros consistiendo principalmente de covers, y el último con las últimas canciones compuestas por los muchachos. Los tres discos, como era de esperarse, sin Robbie.

Inducidos al Salón de la Fama del Rock Canadiense en 1989, y al Salón de la Fama del Rock en 1994, Rick Danko falleció mientras dormía en 1999, víctima de un ataque cardíaco. Tenía 57 años.

En 1998 se le diagnostica cáncer de garganta a Levon, afección que logró superar por un tiempo y que, en 2012, lo llevó al panteón de los inmortales del rock, junto con sus cuates Richard y Rick. Cuando leí la nota que anunciaba su fallecimiento, debo confesar que lloré, tanto es lo que ha significado este grupo para mí.

Robbie sacó cinco discos como solista, pero se ha concentrado principalmente en labores de productor y proyectos de cine, tanto como actor como componiendo las bandas sonoras.

Garth aún continúa siendo requerido como músico de sesión.

The Band tal vez no haya recibido en vida todo el reconocimiento que se mereció, pero es innegable que músicos como ellos no se dan en racimo y que, como debe de ser, siempre serán recordados cada vez que escuchemos sus canciones.

Mi pretensión es, a través de este artículo, agradecer a Levon, a Rick, a Richard, a Robbie, y a Garth, continuar acompañándome desde aquel año de 1978 en que conocí su música, mientras observaba maravillado lo que se presentaba a mis sentidos en aquella pantalla del cine Cantarell, algo que nunca olvidaré.

Y, claro, presentar a su consideración su obra, esperando de alguna manera que su música forme parte de las vidas de ustedes, como lo es de la mía y de mis hijos.

Como canta Richard Manuel en la canción tema de esa película, “es el último vals, pero eso no quiere decir que se acabó la fiesta…

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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