Historias de Taxistas (II)

By on junio 7, 2018

Perspectiva

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II

Mexicali se encuentra en medio del desierto. Eso ocasiona que sus temperaturas sean muy extremosas, siendo muy frías en invierno y extremadamente calurosas en verano. La primera vez que vi que el termómetro subiera por encima de la marca de los 50° Celsius fue en ese lugar y, para hacerlo más sofocante para alguien como yo que viene de un lugar cercano a la costa, con humedad ambiental promedio superior a los 80%, es muy seco. En Mexicali la brisa no humecta o alivia, más bien abrasa.

Hace dos semanas el clima aún era benigno. A las 7:15 de la mañana aún se sentía una agradable frescura que la noche había dejado, y a esa hora pasaban por mí al hotel los Conductores que me llevaban al parque industrial donde se encuentra la empresa que visité.

En toda la semana, Fernando fue el único conductor que estaba escuchando las noticias cuando abordé su vehículo y, para mi gusto, estaba escuchando las noticias. En ese momento se hablaba de las campañas y presté atención a lo que se decía. Él notó mi interés y, sin que yo le preguntara, se dirigió a mí y me dijo: “Está loco AMLO si cree que voy a apoyar que le regale el dinero de mis impuestos a los ninis. No, Señor.”

Continuó con vehemencia: “Soy psicólogo, me retiré hace poco menos de un año y tengo varios conductores Uber a mi servicio. Un día, uno de ellos se tuvo que ausentar de la ciudad, y entonces decidí que conduciría yo la unidad que usaba él durante su ausencia. Me gustó tanto la comunicación con la gente, y hacerme de unos centavos mientras los llevo a donde me indiquen, que decidí conseguirme un coche para mí y manejar durante las mañanas. Comienzo a las seis de la mañana, y a las dos de la tarde me dirijo a la casa a comer y descansar. Me gusta lo que hago, gozar el fruto de mis esfuerzos, y la verdad es que me asusta lo que veo: el grado de fanatismo que rodea la figura de López Obrador. Cada vez que lo escucho hablar me doy cuenta de la inmensa falta de preparación que tiene. Mire al idiota que tienen como presidente los gringos. ¿Queremos uno así en México? Yo creo que nuestro país se merece algo mejor. Es claro que la corrupción y la impunidad son un cáncer, y que la inseguridad ha crecido, pero no es con palabras como se combatirá, y AMLO es puro rollo. Ya se comenzaron a dar pasos en esa dirección, pero no veo que los candidatos se preocupen mucho por nosotros. Ah, eso sí: al menos los otros dos tienen mejor preparación que López Obrador.”

Adrián pasó por mí al hotel la última mañana que estuve en Mexicali. Se le veía desvelado, bebía café, y llegó en un auto que me dijo era suyo, de buena marca. Me explicó que estaba de vacaciones en Mexicali con sus padres, que había trabajado toda la noche, que trabaja en San Diego en el turno nocturno de una empresa de alimentos, y que en ciertas temporadas del año también trabaja en un campo de fresas cercano a Nevada junto con otros mexicanos, recogiendo y empacando la fruta. Cuando le pregunté cómo le hacía para tener papeles y trabajar, sonriendo me dijo: “Cuestan 80 dólares. Incluyen un número del Seguro Social de Estados Unidos, pero muchos empleadores en California ni siquiera te los piden: ya saben que la mayoría de la mano de obra que usan no es legal.”

Me sorprendió saber que por tan poco dinero puedes hacerte de trabajo en California, y que tan solo se requiere tener el contacto que te consiga los papeles. Claro: papeles más falsos que una moneda de dos pesos, pero que te abren la puerta a un mucho mejor salario por hora que el que se paga en México por una jornada completa. Adrián está trabajando de ese lado de la frontera, ahorrando todo lo que puede, pero no tiene intenciones de quedarse a vivir allá: su familia es lo que le importa más.

Como podrán apreciar, todos estos mexicanos (todos nosotros) tienen una historia en la que se ven reflejados muchos de los valores que nos hacen una gran nación, diversa, esforzada, dispuesta a defender lo que hemos ganado a pulso y a base de esfuerzo.

Desde esta perspectiva, amén de todo lo que ellos me contaron, lo que considero como más importante de la labor que desempeñan es precisamente lo que dio pie a estas reflexiones: todos ellos ejercen el don de la comunicación, y cuando los seres humanos logran comunicarse se genera empatía y comprensión, valores que nos enaltecen y engrandecen.

México necesita mucho de todo esto, y del esfuerzo que cree sinergia; no necesitamos apóstoles del divisionismo, ni obcecados “caudillos” que ansían poder. Necesitamos verdaderos estadistas, gente que se comprometa con gente como estos Conductores, y también con nosotros, y que lo demuestre con hechos, no con palabrería.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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