Historias de Taxistas I

By on mayo 31, 2018

Perspectiva

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La semana pasada tuve el gusto de estar en Mexicali nuevamente. Para trasladarme de una ubicación a otra (del aeropuerto al hotel al trabajo al hotel al aeropuerto) usé los servicios de varios conductores de Uber a lo largo de la semana, y sostuvimos varias interesantes pláticas sobre muy diversos temas. Sus historias reflejan la lucha por la vida de muchos compatriotas y, en medio de ello, también muchas características loables. Son testimonios, pues, de lo aguerridos que somos los ciudadanos de este país, y de lo que es necesario hacer en estos días para sostener una familia y un ritmo de vida decoroso.

En mi trayecto al aeropuerto de la Ciudad de Mérida, muy temprano el domingo (4:30 a.m.), Fernando me comentó que ese horario no era problema para él; de hecho, había dejado a alguien muy cerca de mi domicilio tan solo hacía unos minutos, y trabajaría aún unas cuatro horas más, antes de irse a descansar. Originario de Guadalajara, lleva un buen rato en nuestra tierra del Mayab, y le gusta lo que hace. Su recomendación para haber sobrellevado sin problemas los conflictos a los que se ha enfrentado su compañía mientras se generalizaba su uso, misma que todos debemos siempre tener en cuenta, es nunca confrontar a la Policía, dirigirse siempre respetuosamente a ellos y, eso sí lo enfatizó: “Nunca darles dinero; preferible que te emitan una multa que contribuir a la corrupción, este cáncer que nos aqueja como país.”

A mi arribo a Mexicali, Santos fue quien que trasladó a mi hotel. De Sinaloa, amablemente me preguntó si deseaba escuchar algún tipo de música, a lo cual le respondí que la que él escuchara estaría bien y, demostrándome su amor a sus raíces, entonces me puso lo que llamamos por aquí “música de tambora.” Me confirmó que Mexicali ha crecido tanto, que el tráfico cada vez está peor, pero que la coordinación de los semáforos estaba tan bien hecha que podía atravesar la ciudad en 25 minutos sin que le tocara un semáforo en rojo, que tan solo había que ser paciente y respetar los límites de velocidad.

Durante la semana, en los traslados del hotel al trabajo y de retorno, pude cruzar palabras con otros conductores.

Javier vivió en Estados Unidos ilegalmente, y regresó a México con la intención de poner un negocio en la CDMX. El negocio no prosperó y se vio en la necesidad de emprender el retorno a Estados Unidos, para lo cual contactó al pollero que lo había pasado a través de la frontera; este le dijo que ya no se dedicaba a esas actividades, pero que lo podía recomendar con alguien. Javier no quiso arriesgarse y decidió mejor dedicarse a trabajar en Mexicali, juntar dinero y entonces traerse a su familia, que se había quedado en CDMX. Inició como guardia de seguridad en una privada, se ganó la confianza de algunos de los inquilinos a los cuales les lavaba sus coches, y entonces le ofrecieron volverse mensajero, para lo cual tenía que usar una moto. Durante uno de sus servicios, fue impactado por un vehículo, causándole fracturas y lesiones que requirieron que fuera hospitalizado. La dueña del negocio le pidió que no reportara el incidente como accidente laboral, para no afectar las condiciones laborales de otros de sus compañeros de trabajo al aumentarle el IMSS la prima de siniestralidad, que ella correría con todos los gastos. Como consecuencia del accidente, perdió un alto porcentaje de movilidad en su mano izquierda; como se trató de un “accidente”, el Coordinador de la Clínica del IMSS le informó que no podrían darle ni las rehabilitaciones ni tampoco podría pedir una pensión. Ya ha evolucionado favorablemente y recuperado mucha de la movilidad, pero no quedará al 100%. Pidió un préstamo y se hizo de un coche, que es el que usa para sus labores de Conductor. Le va bien, y ya logró traer a su familia para acompañarlo, vive más tranquilo y se está asegurando de que sus hijos reciban una buena educación.

También me transportó al trabajo don Rigo, un ingeniero electricista que logró que todos sus hijos tuvieran carreras profesionales, las ejerzan, y se retiró hace menos de un año de la vida laboral diaria, con honores y reconocimientos tales que aún lo invitan a eventos y recibe beneficios de la empresa a la que dedicó casi toda su vida, y que por recomendación de sus hijos –para que se conservara activo y ágil, tanto física como mentalmente– decidió dedicar unas horas cada mañana a ser conductor, con lo cual no solo conoce gente nueva sino también ofrece, sin costo adicional, consejo y sabiduría obtenida a lo largo de sus años, y sigue compartiendo con aquellos que se quedaron trabajando en aquella empresa, buscando que sean mejores personas y mejores trabajadores.

Aún conocí a otros conductores, cuyas historias compartiré con ustedes la próxima semana.

Desde esta perspectiva, como indiqué al inicio: cada uno de ellos ha encontrado en esta empresa y actividad una oportunidad de mantenerse ocupados y vitales, interactuar con otras personas, mientras se hacen de unos pesos por sus esfuerzos.

La palabra clave, sin duda, es la última del párrafo anterior: “esfuerzo”. Todos tienen muy claro que para prosperar se requiere esforzarse; todos ellos son ejemplos de que esto es muy cierto. Todos ellos merecen reconocimiento, y mejores gobernantes que les permitan vivir en un mejor país.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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