Historia del Héroe y el Demonio del Noveno Infierno – VII

By on abril 29, 2021

III

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En la adolescencia, Hunac Kel debía ingresar a La Casa de los Muchachos, una suerte de escuela superior exclusiva para jóvenes de sangre real; en ella aprendían desde disponer una flecha en el arco para la cacería, hasta ejercitar sus cuerpos para fortalecerlos. También se instruían en el arte de la guerra y en los rudimentos de la sabiduría. Tigre de la Luna y su élite de sacerdotes conversaron largamente sobre la conveniencia de que el joven príncipe ingresara a ese exclusivo círculo, pero llegaron a la conclusión de que nada nuevo aprendería Hunac Kel, ya que lo sabía todo.

–Bueno, tanto como todo, no–protestó el viejecillo Ah Kin Cot, acaso el decano de los sacerdotes–. Es imposible que posea, a su edad, los conocimientos que nosotros hemos tardado años en asimilar.

–Pero sabe más cosas que cualquier mozo de su edad –apuntó otro anciano, y eso que no hablo de su habilidad física, que es tremenda.

Tigre de la Luna decidió, al fin, intervenir en la discusión:

–Vamos, señores –razonó–: sólo le haríamos perder el tiempo en La Casa de los Muchachos. El chico ha participado en cacerías en serio, y viejos guerreros lo han aleccionado en el combate y la defensa personal. Posee los músculos del tigre y la agilidad del venado y puede nadar y correr más aprisa que cualquier joven de Mayapán. Gran suerte la nuestra de tener tantos cenotes y caminos en la ciudad.

–Y en cuanto a las artes y las ciencias –intervino de nuevo Ah Kin Cot–, nosotros mismos nos hemos encargado de su educación, principalmente, tú, Tigre de la Luna.

Se regodearon los sabios de Mayapán, contentos en su corazón: sus enseñanzas habían dado un fruto meritorio en Hunac Kel, el futuro rey de la ciudad fundada por Kukulcán. Algunos masticaban tabaco fresco, otros chicle aromatizado, pero ello no bastaba: había que brindar por la ocasión. Sacaron los cántaros de balché, el fuerte vino maya, y bebiendo y comiendo les entró la tarde, justo en la terraza de la casa de gobierno donde había vivido el de las Barbas de Ardilla. La brisa fresca venida del mar los adormeció, pero no tan profundamente que no escucharan, de pronto, la voz de Tigre de la Luna que traía algo importante a colación:

–De lo que no se salvará Hunac Kel es de la ceremonia del Lenguaje de Zuyua…

–No, de eso no–dijo Ah Kin Cot, despertando de su siesta con un bostezo, es uno de nuestros más sagrados rituales al que tiene que comparecer y comprobar su limpieza de sangre.

–Como si necesitara de esa prueba Hunac Kel –comentó un tercer sacerdote encogiéndose de hombros–. Siendo vástago de un águila y prohijado por un semidiós ¿qué más necesita?

–Te asiste la razón –dijo Tigre de la Luna– y yo pienso como tú, pero el Kaat Naat, el Preguntador, no lo permitiría, así se tratara del Padre de los dioses en persona. Vosotros conocéis la rigurosidad del viejo; además, si ignorásemos la prueba, nos lo echaríamos de enemigo y eso sería peor que enfrentar la cólera del monstruo Kakasbal.

–No, no, claro –se excusó el otro–. No estamos para desobedecer al Preguntador, quien es el gran responsable del ritual del Lenguaje de Zuyua: ello constituiría un suicidio de nuestra parte. El Preguntador es inflexible; hasta cruel, a veces, y en su famoso cuestionario dirigido a los jóvenes de sangre real no perdona una equivocación.

–No importa –dijo Tigre de la Luna levantándose y dando por concluida la discusión– Hunac Kel comparecerá ante el Kaat Naat y saldrá airoso de la prueba. ¿Por qué nos preocupamos? Tenemos tiempo suficiente para prepararlo a conciencia. Mañana mismo le pediré al Preguntador disponer la fecha de la participación de nuestro muchacho en el ritual.

–Y puedes estar seguro de que no será pronto –razonó el viejecillo Ah Kin Cot apoyándose en su bastón–; tal vez nos haga esperar un año… o dos.

–Lo que quizás resulte ventajoso –rió Tigre de la Luna, dirigiéndose a la salida–: Hunac Kel llegará a la prueba más firme y más sabio.

Roldán Peniche Barrera

Continuará la próxima semana…

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