Historia de un lunes – XXXII

By on septiembre 10, 2020

XXXII

ARTÍCULOS DIVERSOS

 

UNA MAÑANA EN MÉRIDA EN DOMINGO

Tomemos cualquier mañana dominguera de este ardiente 1991. Digamos las diez de la mañana habitués de la Plaza Grande o para aquellos que quieren “dar la vuelta” en compañía de la familia. Decenas de vendedores pululan en nuestro parque principal: vendedores de globos, de algodón de dulce en vistosos colores, de papas a la francesa, de tacos, de antojitos de la región, de ingeniosos juguetes para niños, de cacahuates, de tamales, de dulces….

Por las calles, huérfanas de vehículos motorizados, niños y adultos comparten los triciclos que alquilan para darle la vuelta a la plaza o para aventurarse un poco más lejos, hasta Santa Lucía, donde también ejercen los vendedores su negocio. Los mañaneros limpiabotas, atareados dando lustre al calzado de los meridanos elegantes. El sol brilla en todo su esplendor y sólo por momentos percibimos la importuna irrupción de una nube, o un grupo de nubes que tomando figuras caprichosas y fantásticas nos escatiman a Febo.

Chicos sucios y miserables se pasean por los amplios jardines de la Plaza, mientan madres y dicen palabrotas que las familias decentes escuchan asombradas. Son hijos de los parias que no vienen a Mérida en domingo y prefieren quedarse a las puertas de sus casas con sus cuates, pasándose, ya ebrios, la botella de ron Pipo. Pordioseros, decenas de pordioseros, algunos instalados a la entrada de la Catedral, otros deambulando sin rumbo, extienden sus manos huesudas implorando limosna, alguna inservible y devaluada moneda de cien pesos. Turistas divertidos les lanzan alguna limosna en sus latas o se las dan en mano propia. Luego las fotografían, un souvenir para llevar a casa y mostrar a los amigos las miserias del Tercer Mundo. Un niño sucio y corcovado se me aproxima y me pide “caridad”. Algunos perros mestizos disfrutan de la sombra bajo los árboles, dormitando, desmañanados. La gente viste con sencillez; hay crisis, no hay dinero para ropas finas, el calzado es modesto. Muchos se acomodan en las bancas para leer la prensa. Los limpiabotas nos ofrecen la sección policiaca.

La gente va penetrando en la Catedral para atender a la misa de 10 de la mañana ante la piramidal imagen del Cristo de Lapayese.

Es Mérida en domingo una vez más, en este rincón tercermundista pobre y olvidado. Por las calles que circundan el parque, un pertinaz grupo del Movimiento Pro-Vida marcha vigorosamente al compás de gritos como “¡No al aborto! ¡Sí a la vida!” repetidos ad infinitum. Mérida en domingo: día hecho para la diversión.

(Abril 27 de 1991)

Roldán Peniche Barrera

Continuará la próxima semana…

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