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Hidalgo intelectual

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Antonio Magaña Esquivel

A los muchos estudios acerca de la vida y las tareas del Padre de la Patria viene a añadirse ahora éste de José Luis Razo Zaragoza, que titula Don Miguel Hidalgo en La Barca, cuyo principal propósito es probar que allá, en la que entonces se llamaba Santa Mónica de la Barca, en Nueva Galicia, nació el abuelo materno del cura Hidalgo; por supuesto, Razo Zaragoza reproduce diversos documentos, el edicto de excomunión de Hidalgo y los que luego lo ratificaron, el bando del propio Cura de Dolores aboliendo la esclavitud y otros de la época, además de la partida de bautismo de don Juan de San Pedro Gallaga Mandarte y Navarro de la Mora, nativo de La Barca, abuelo materno de Hidalgo.

Ahora, a propósito del aniversario del fusilamiento del Padre de la Patria –recuérdese, fue el 30 de julio de 1811–, es oportuno tal estudio histórico de Razo Zaragoza, muy halagüeño para los barquenses e importante para escudriñar los orígenes de aquella noble figura. Su formación intelectual alguna relación podría tener con aquellas raíces familiares. Nada explica, es cierto, la partida de bautismo del abuelo; sólo se asienta que era “español e hijo de Fernando Gallaga y María de la Mora, vecinos de este pueblo de La Barca…” Pero era español de aquí, o sea criollo, la clase ilustrada del virreinato que ya se oponía a las excesivas cargas que la metrópoli y la corona imponían a Nueva España.

Hidalgo corresponde a lo que podría llamarse la Ilustración Mexicana, opuesta a la antigua escolástica no sólo porque enseñaba mal sino por lo que dejaba de enseñar. “No estaba el defecto de la escolástica –observa Menéndez Pelayo, intachable en todo cuanto tocaba– en sus doctrinas propias, sino en poner trabas al pensamiento…, no en llevar el error, sino en matar el germen de la curiosidad…” Ya se sabe la poca simpatía que Lucas Alamán y otros historiadores conservadores mostraron siempre para Hidalgo. Era natural que se empeñaran en restarle méritos intelectuales, estudios y conocimientos, y pasaran por alto sus lecturas. No han faltado quienes hayan estado muy cerca de considerar nulos sus méritos, hasta el extremo de verlo como un adocenado “curita de misa y olla”. Nada más lejos de la verdad. Alamán, con todo, no puede menos que reconocer el “mucho lustre” que Hidalgo otorgó a los cursos de filosofía y teología en el Colegio de San Nicolás, en la antigua Valladolid, hoy Morelia. Lamentablemente, al parecer, se ha perdido aquella debatida Disertación sobre el verdadero método de Teología Escolástica que compuso Hidalgo, de extraordinaria trascendencia en el cuadro general de la historia de las ideas en México; no puede extrañar, en consecuencia, el interés que aún hoy despiertan en la crítica histórica las dos versiones que dejó Hidalgo, una latina y otra castellana de aquella Disertación. Un espíritu insospechable, Gabriel Méndez Plancarte, de reconocida capacidad, de admirable erudición, publicó hacia 1945 un excelente trabajo con el propósito de esclarecer la condición intelectual de Hidalgo y poner de relieve los estudios que lo prepararon para la empresa insurgente. Llama a Hidalgo “reformador intelectual”, por su labor en torno a los problemas filosóficos de su época y su afán restaurador en el concepto y estudio de la teología, por su Disertación mencionada, por sus ejercicios literarios, por su traducción de la epístola del doctor Máximo San Jerónimo a Nepociano que él mismo anotó. Todo ello basta para confirmar la idea de que el Cura de Dolores, lejos de ser hombre de cultura vulgar, fue “doctísimo y de mucha extensión” –para decirlo con las palabras de Méndez Plancarte.

Está probado ya, fuera de toda duda, que Hidalgo conoció, estudió el movimiento renovador filosófico-científico francés del siglo XVIII. Quedan como buenas señales su tendencia antimetafísica y el predominio de su espíritu positivo que, y así lo anota Méndez Plancarte, “en el campo filosófico producía una inclinación decidida a la ciencia experimental”, y en el de teología, “una sobreestimación casi exclusiva de la parte histórica”. Algunos de los documentos que en el presente volumen sobre Don Miguel Hidalgo en La Barca reproduce Razo Zaragoza, confirman sus vastos conocimientos sobre las ideas reformistas y de progreso, con agudas observaciones y real despejo. Todo cuanto se haga para completar el conocimiento de la figura intelectual de Hidalgo será de suma utilidad.

México, D. F., agosto de 1964.

 

Diario del Sureste. Mérida, año XXXIII, tomo CXXXI, 8 de agosto de 1964, p. 3.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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