Hay también un río de voces ahogadas

By on enero 23, 2020

Aída López

Libertad clama la pluma, corre la historia por la tinta.

Apretar los dientes lacera, guardar silencio envenena.

Un muerto, un encarcelado, un mancillado…

Lenguas amarradas, manos mutiladas, esperanzas marchitas.

Embebida de sangre, la tierra silencia ruinas.

El petricor hiede conciencias, corroe heridas.

Desnudos de verdad ante el enemigo,

La piel tatúa melodías de caídos,

Los huesos saetas torturadoras

De cuerpos y rostros vilipendiados sin cobijo.

Buscas respuestas en Dios, Él no escucha tus quejidos.

El silencio ensordece, la claridad obnubila los sentidos.

Buscas respuestas en la justicia, en tu patria, en la ajena.

Resignado te aferras a la palabra, a la letra.

La utopía usurpa la esperanza habitable en tus poemas.

Resistes afrentas, poetizas guerras.

La Muerte cava tumbas con estilete,

Expía verdades escritas en arena.

Nunca te rindes ni das tregua en fronteras y ríos.

“Disidente” dirá tu epitafio, quizá haya olvido.

Estiras la lengua hasta el último aliento.

El eslabón de la verdad revienta en el vacío.

Se abre la jaula, expiras en regocijo el hálito de Libertad…

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