Ha fallecido Kermith Garrido

By on octubre 8, 2020

In Memoriam

Juan José Caamal Canul

El sábado 3 de octubre, a las tres de la mañana del presente año, falleció Kermith Augusto Garrido González.

El recuerdo de Kermith que me viene a la mente es su sencillez y humildad como persona, como servidor público, como promotor cultural, como actor de teatro, como escritor de historias para ser representadas en el escenario, como escritor de relatos basados en anécdotas reales y que fueron, o son, parte de la memoria colectiva de la Villa de Tecoh, y como artesano.

Le conocí personalmente y testimonié algunos de sus trabajos, si entendemos esta palabra –trabajo–, en el caso de Kermith, como ejercicio, acción u actividad donde siempre hubo cabida y prevaleció la amistad, la buena vibra, la diversión y el gusto por hacer las cosas.

Pareciera que, en Tecoh, las personas con espíritu artístico abundan y la aureola de sencillez les acompañara siempre. Hay una larga nómina de ellos; todo aquel interesado por el acontecer en el cine y el teatro sabrá a lo que me refiero.

La primera ocasión que conversé con él, no salía del susto por la atención que se le estaba dando, que él consideraba inmerecida. “Hago las cosas porque alguien las tiene que hacer y no espero más,” me parece escucharle. Esa vez le tomé una imagen desde uno de los balcones de la casa de gobierno municipal en su pueblo natal. Kermith en las alturas, sobrevolando la plaza principal.

A él se debe en parte –de otros fueron la voluntad política y administrativa, de las autoridades municipales y estatales en su momento– el rescate del edificio del Banco de Crédito Rural, Banrural, rehabilitado y trasformado en Teatro “Pierrot”, que en años recientes devino en Centro Cultural “Kermith Garrido”. Me parece correcto que así haya ocurrido. Insisto en que fue colaborativamente, porque sé que si digo que fue su mérito exclusivo, el espíritu que siempre motivó y alentó el trabajo del “Cuadro Artístico Pierrot” lo tomará a mal allá donde esté.

Puestas en escenas de operetas y zarzuelas, además de pastorelas que alegraban los meses de diciembre en su villa. La alegre y entusiasta participación en los Encuentros Culturales de la Cultura maya que año con año se hacían en las comunidades de nuestro amadísimo terruño.

En “Mariposas y dragones” rindió un humilde homenaje “a quienes legaron sus recuerdos” en la dedicatoria del manuscrito.

En Motul, cosechó un éxito rotundo con la obra “Coox mol chi” (Vamos a recoger nancen) cuya autoría del libreto y dirección fue suya, obra en la cual participó otro personaje que derrochaba sencillez y humildad: Espiridión Acosta Canché.

Recuerdo el homenaje que organizó a la pareja cómico regional “Ponso y Chela”, de aquel programa de los años ochenta “Música, risas y cosas”, porque comprendía lo necesario que es y será homenajear en vida, y porque los nostálgicos de su pueblo siempre lo recordarán y agradecerán.

También recuerdo aquel manuscrito de libro de relatos “Mariposas y Dragones, ocho relatos tecohenses” que, hasta donde sé, nunca vio la prensa, pero que en las páginas del Diario del Sureste tuvieron cabida, publicando alguna de sus historias, historias que él compartía en conversaciones, pues eran sucesos en el pueblo que fueron asimilados como parte del costumbrismo y anecdotario local, y que él había recopilado.

Por ejemplo, en una ocasión se refirió a aquel personaje que, durante una fiesta de la imagen de la Candelaria, después del “bronceo” de la procesión de la Virgen, “Xcolel bil”, le avisan que su casa de techo palma se está quemando como consecuencia de un volador caído en el huano reseco, y responde atónito e incrédulo, y un tanto absurdo: “No puede ser, si aquí tengo la llave.”

Cuando le pedí esa historia para publicarla en el suplemento Nuevo Diálogo del Diario del Sureste, hizo un esfuerzo por controlar su timidez, su ser esquivo: “¿Quién lo va a leer? Son historias de pueblo.”

“Candilejas” homenaje a Charlot, y “a todos los cómicos que dedican su vida a hacernos reír, aunque la vida los haga llorar”, breves, profundas y emotivas palabras de Kermith Garrido, en la dedicatoria final del programa de mano.

Otra ocasión conocí la labor con que se ganaba el sustento diario. Fue reparador de imágenes de bulto. En su domicilio tenía habilitado un espacio –una antigua cocina– como taller. Ahí estaba rodeado de frascos y latas de pintura, pinceles, brochas y esculturas que estaban a la espera de reparación.

Usted se puede imaginar el gusto y arte con que adaptaba nuevas manos a Niños Dios, sacaba rubor y algarabía a rostros de Niños de Atocha, embellecía maternales imágenes de la Virgen María, y dulcificaba aún más los rostros de los Corazón de Jesús, esculturas de yesos que, cuando se los llevaban, estaban cuarteados, quebrados, descoloridos o ennegrecidos por añejos humos de veladoras. Los devolvía listos para nuevas y comprometidas devociones

Me voy extendiendo en esta que debe ser una reseña y obituario breve por una persona gigante en su quehacer cultural y creativo por su pueblo.

Falleció Kermith y deja un hondo pesar.

Prepárense los que están ahí donde haya ido. La fiesta va a comenzar…

 

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