Visitas: 364

Rafael Quintana
Nos encontramos en la casa del Doctor Francisco Mayorga, autor de “Las fronteras del conocimiento: el ímpetu de la inteligencia artificial”, un libro en el que aborda dos temas muy presentes en el debate internacional. Mayorga, Doctor en Economía por la Universidad de Yale, comenzó como académico, se hizo banquero, pasó por la política; después se convirtió en escritor, regresó a la banca y ahora, de vuelta a la Academia, se reinventa con un libro sobre Ciencia y Tecnología.
Habla con voz suave y pausada sobre el tema que ahora le apasiona: el impacto de la IA en la profusa creación de nuevos conocimientos. Por supuesto, nos interesa que nos hable de su obra. Nos provoca curiosidad la personalidad de un hombre que a los 76 años persiste en seguir estudiando y escribiendo cuando la mayoría de su generación está jubilada.
Usted es conocido como novelista. ¿Por qué ahora un libro científico?
Hace cuatro años estaba concluyendo una década en el directorio del BID en Washington. Allá ocupaba mi tiempo libre en escribir novelas. Pensaba seguir en eso al retirarme. Entonces, repentinamente, fui invitado a servir como rector por tres años en una universidad privada sudamericana. Me animó la idea de volver a la academia y contribuir a la educación universitaria. Allá detecté que los docentes enfrentaban el reto de no quedar rezagados ante la aceleración de las fronteras del conocimiento. Al ahondar con colegas de América Latina, comprobé que el rezago docente es un desafío en muchas universidades de la región. Eso me preocupó, porque estamos formando a los profesionales del futuro para el 2015 en vez de prepararlos para 2030.
Escribe no solo sobre las fronteras del conocimiento. También aborda a fondo la aparición de la inteligencia artificial.
Cuando investigué el problema del rezago, encontré dos realidades. Una, que la producción mundial de artículos académicos venía creciendo a un 5% anual, que es bastante, pero a partir de 2023 se ha desencadenado una avalancha en la producción de conocimiento: ahora andamos por el 10% anual. La otra es que eso coincidió con la aparición de la inteligencia artificial generativa a fines de 2022, con el famoso chatGPT. Antes, desde mediados del siglo pasado, la inteligencia artificial era Machine Learning para hacer cálculos. Avanzaba lentamente a medida que la tecnología desarrollaba unos potentes microchips, miles de millones de circuitos electrónicos integrados en semiconductores con una asombrosa capacidad de cómputo. Al mismo tiempo, las redes neuronales y softwares más avanzados hicieron posible lo que se llamó el Deep Learning, el aprendizaje profundo. Eso permitió que el computador genere nuevos contenidos en forma de textos, imágenes, sonidos y videos con instrucciones sencillas. Estos avances han acelerado las investigaciones y la producción de nuevos conocimientos en todos los campos del saber.
Habla del rezago en la formación universitaria como un problema general de América Latina. En su libro describe dos avalanchas: los nuevos conocimientos y la inteligencia artificial. ¿Cómo se puede enfrentar ese doble desafío?
El problema del rezago no es solo de América Latina. Es muy serio en los países del Tercer Mundo, pero también ocurre en los países avanzados. Aunque en Estados Unidos, Europa y China están las mejores universidades del mundo, donde se forma a grandes científicos y se incuban tecnologías alucinantes, en esos países muchas universidades de segundo nivel para abajo también padecen un mal común: muchos profesores están sobrecargados de tareas docentes y administrativas, les queda poco tiempo para estar al día. ¿Cómo enfrentar ese problema? Por un lado, un océano de conocimiento cada vez más ancho y profundo requiere más profesores con más tiempo para mantenerse al día. Se necesitan nuevas subespecialidades en todos los campos. Por otro lado, si aprendemos a navegar sobre el tsunami de la inteligencia artificial, es posible acelerar el aprendizaje.
Muchas investigaciones afirman que los empleos futuros se van a reducir por la llegada de la inteligencia artificial. Por otro lado, muchos jóvenes están dejando de ir a la universidad, a pesar de que cuentan con posibilidades para pagar sus estudios. Dicen que un título universitario ya no sirve para conseguir empleo, que será peor en el futuro. ¿Cuál es su opinión ante este panorama?
Es verdad que el mercado laboral y profesional están cambiando, que muchos empleos se verán afectados poco a poco, no solo por la IA sino por los nuevos descubrimientos y las innovaciones tecnológicas. Como tú dices, hay ciertos empleos que van a reducirse, y otros van a cambiar la forma en que se trabaja. Pero un hecho claro es que todos los nuevos empleos van a requerir el uso de las herramientas de la inteligencia artificial. Los más afectados serán los que por pereza o por resistencia al cambio no se zambullan en la inteligencia artificial. Estos cambios suceden cuando las nuevas tecnologías se masifican. Cuando Gutenberg inventó la imprenta, los monjes que escribían los libros a mano se quedaron sin empleo. Cuando llegó el automóvil, los coches de caballos desaparecieron y los aurigas se convirtieron en taxistas. Cuando llegó la electricidad, los faroleros perdieron sus trabajos. Eso ha ocurrido en los empleos más básicos y menos calificados. En las últimas oleadas del cambio tecnológico, los profesionales se han adaptado aprendiendo a usar las aplicaciones del computador. Lo que viene será similar. En cuanto a los jóvenes que optan por una formación técnica que paga más, temo que poco a poco se convertirán en la clase obrera del futuro, y podrían llegar a perder su espacio.
¿Cómo es eso, Doctor? ¿Qué quiere decir con nueva clase obrera?
Esta discusión es diferente en los países avanzados y en los menos desarrollados. La agricultura vio llegar la mecanización y se redujo el empleo de los obreros agrícolas. La industria manufacturera, que décadas atrás casi eliminó la artesanía, al pasar de la automatización a la robotización demandará cada vez menos obreros. Con el salto de la digitalización, muchos jóvenes han encontrado oportunidades en la programación, el desarrollo de softwares y la administración de sistemas, convirtiéndose poco a poco en obreros de cuello blanco para las grandes empresas. Ahora, con la inteligencia artificial, esos empleos ya se están viendo afectados. En cambio, los profesionales con una formación más completa y estructurada van a seguir ocupando su espacio, siempre que sepan adoptar la inteligencia artificial como herramienta.

Entonces, ¿cómo ve usted el futuro para América Latina?
La inteligencia artificial está abriendo un campo de grandes posibilidades. Por ejemplo, OpenFold es una empresa que desarrolló 200 millones de proteínas que antes no existían, las ha puesto a la orden de todo el mundo. Imagínate a decenas de miles de jóvenes en pequeños laboratorios en nuestros países latinoamericanos. Trabajando con esas proteínas podrían desarrollar variedades agrícolas más productivas y resilientes a la sequía o al exceso de agua. O la empresa GeNome, que ha creado millones de nuevos materiales que antes no existían y los ha puesto a la disposición de todo el mundo. Imagínate a miles de jóvenes desarrollando combinaciones de esos materiales para la construcción, las manufacturas, la electricidad o la electrónica, gestando nuevos materiales apropiados a nuestra realidad. Creo que nuestro futuro está en las ingenierías y en las ciencias de la vida, y a esos espacios deberían enfocarse nuestros jóvenes.
Resulta curioso que un hombre del siglo pasado no solo esté leyendo sino escribiendo y haciendo propuestas para el futuro. ¿De dónde saca energías para hacer tantas cosas?
Bueno, para comenzar, yo he venido acumulando juventud a lo largo de la vida y espero seguirla acumulando. Por otra parte, estudiar estos temas me permite asomarme al futuro, o por lo menos imaginarlo. Me motiva mucho estimular a la juventud a salirse de la trampa de los tik toks y los jueguitos, que descubran que pueden hacer maravillas con la ciencia y la tecnología. Finalmente, siempre he tenido una gran curiosidad sobre las fuerzas que mueven a la humanidad a lo largo de la historia. Hoy en día, creo que la inteligencia artificial está comenzando a empujar a la humanidad hacia un futuro de grandes posibilidades. Ojalá que los venenos de la codicia, la envidia y la crueldad no la encaucen hacia un precipicio.
Muchas gracias por sus reflexiones, Doctor Mayorga. ¿Algún mensaje final?
Solamente quisiera animar a tus lectores a conseguir “Las fronteras del conocimiento” en Amazon. Allí pueden encontrar estas ideas y otras que pueden ser útiles para mirar hacia el futuro. El libro cuesta menos que un capuchino en la cafetería de la esquina. Lo ofrezco sin ánimo de lucro. Al fin y al cabo, escribir libros es una forma muy elegante de no ganar dinero para la inmensa mayoría de los escritores. Uno los escribe para compartir sus reflexiones con quienes tienen interés en estos temas. Muchas gracias por la entrevista.
Al despedirnos, observamos en las paredes de su casa varias obras de George Jenkins. Mayorga sonríe y comenta: “Soy muy afortunado por haberlas conseguido hace ya varios años, cuando Jenkins aún no era famoso. Es un pintor realmente sorprendente y tiene un pincel espléndido. Considero que su arte es un parteaguas en la pintura latinoamericana.”




























