Fin de otro año

By on diciembre 20, 2019

Editorial

Con las celebraciones marianas del pasado día doce de diciembre, este mes de gran contenido emocional, religioso, económico y sentimental ha entrado a su fase más activa e intensa, con los grandes movimientos económicos dimanados de las compras especiales para cenas fastuosas, o bien la adquisición de regalos para agradar, o para acercarse anímicamente a personas de nuestra estima o conveniencia.

El pago de aguinaldos se ha efectuado y, con él, inició la derrama económica para dar paso a ese movimiento económico inusual y acelerador, característico del mes postrero de cada año.

Flotan en el ambiente los buenos deseos, pero también se exhiben ante nuestra vista los enormes contrastes económicos y sociales.

La publicidad luce mesas repletas de manjares y regalos, mientras la miseria extrema aún está presente en los lugares donde el decantado bienestar no ha podido llegar.

En lo religioso, la navidad viene a ser un espacio fértil a festejos paganos más que religiosos. No hay tiempo ni lugar para la reflexión. Priva por lo general el gasto exorbitante que se viste de sonrisas y abrazos, por lo general de compromiso, más que de afectos sinceros.

Y es que aún de este año están por llegar el festejo de la Natividad, el adiós a 2019 y la bienvenida al año que se inicia, ambos iniciando el día 31, para dejar salir al caduco, y dar paso al año bebé recién llegado y lleno de energías.

Los editorialistas, dentro de ese maremágnum sentimental, tenemos el compromiso moral de transmitir reflexiones, ideas de moderación en el gasto, sacudimiento de conciencias hacia una mejor y más digna convivencia humana, y cimientos y razonar para que los seres humanos nos ubiquemos en los tiempos y momentos que nos han tocado para vivir, no para hacerlo con desenfreno, sino con madurez, con ideas elevadas, con un llamado constante a los valores individuales y colectivos que aún, a no quererlo, perviven en nosotros.

Los tiempos continuarán: con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros.

Es triste mirar hacia atrás y ver qué poco hemos logrado como seres humanos y cuán distantes estamos aún de la meta soñada de vivir y convivir en paz, sin sobresaltos ni angustias.

¿Es acaso esto un sueño imposible? ¿Seremos incapaces de llegar a ese supremo fin de vivir y convivir en paz y concordia, en justicia social a plenitud?

Esa es la cuestión, la pregunta íntima, la reflexión obligada en lo personal.

Entre acumular más riquezas o rescatar nuestros valores, los editorialistas con criterio optamos por lo segundo.

Ese sí sería un buen regalo de fin de año para la humanidad.

Sinceras felicidades a nuestros lectores.

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Diario del Sureste