Felipe Carrillo Puerto – Demócrata, Líder, Maestro, Hermano

By on octubre 26, 2016

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Felipe Carrillo Puerto – Demócrata, Líder, Maestro, Hermano

Pórtico

Felipe Carrillo Puerto ha sido objeto de estudio, por lo menos, de tres corrientes de interpretación: la apologística, la denostadora, y la ecléctica.

Esas producciones intelectuales han servido de material de información para reconstruir la época, y formar imágenes acerca del líder yucateco en las generaciones que nacieron después de los años veintes.

Con independencia de aquellas recreaciones –aunque no despojada de una naturaleza política–, existe otra versión histórica que es la que maneja el pueblo, y en la que cabe la de aquellos que actuaron al lado del gobernante revolucionario. Esta tradición popular es, a nuestro juicio, otra fuente de conocimiento e información valedera, por cuanto es el resultado de la contemplación del momento histórico. El pueblo observa, analiza y, en términos generales, conceptualiza la acción y la intención de los hombres públicos. Tal vez la depuración de los datos de la tradición oral popular pudiera servir para hallar la objetividad histórica, tan desesperadamente buscada por los investigadores de la historia.

Tuvimos la fortuna de tener un padre noble, veraz y honesto; colaborador en los regímenes de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, y profundamente enamorado de las causas que impulsaran el engrandecimiento del pueblo. Su cercanía con Carrillo Puerto, el conocimiento de los verdaderos sentimientos e impulsos que motivaron la acción del gobierno portocarrillista, lo hizo exclamar siempre que el líder socialista fue un hombre de sólidos principios morales y éticos; que amó apasionadamente al pueblo yucateco, y como gobernante se trazó la meta de procurar su mejoramiento, despertar su conciencia histórica de descendiente de la gran cultura y civilización maya, y emplear todos los medios a su alcance para redimir y levantar al indio.

“La obra de Carrillo – nos decía – quedó trunca por la oposición del régimen vencido, pero paulatinamente se ha trabajado por llegar a la cristalización de su ideal. Fue un buen político y un gran hombre; sencillo, sin ostentación, ni en el hacer, ni en su vestimenta; se entregó de lleno al trabajo, y a su influjo todos los que colaboramos con él nos llenamos de una enardecida mística en favor del pueblo humilde.”

Aquellos conceptos paternos hicieron nuestro respeto a la memoria de Carrillo Puerto. Ya maduros, con el acopio de instrumentos de investigación y de madurez, hemos comprobado que lo que se nos dijo en la niñez fue la verdad. Y al respeto hemos añadido la admiración por el Varón de Motul.

La simple enumeración de los trabajos que realizó Carrillo Puerto en sus veintidós meses de gobierno nos señalan su laboriosidad impresionante y un aprovechamiento al máximo de todas las horas del día; no tuvo tiempo para las cosas intrascendentes o frívolas y, si acaso, las aprovechó para hablar de la necesidad de cambiar las condiciones de los trabajadores. Como presintiendo su temprana muerte, aprovechó cada minuto para crear la conciencia de la necesidad de un cambio substancial en Yucatán, del que estaban tan necesitados los ricos como los pobres, en las palabras de Alvarado.

Esta semblanza biográfica pretende ser la generalización del concepto que nos mereció la personalidad de Carrillo Puerto. Así nos lo describieron, así lo hemos encontrado y recortado de los documentos que hemos consultado. Con el cariño que el hombre pone en sus cosas de valor, así damos a la estampa este trabajo, que no es más, reiteramos, que un testimonio generacional sobre don Felipe Carrillo Puerto.

JOSE ADONAY CETINA SIERRA

Mérida, Yuc., 3 de enero de 1984.

Presentación

La negación de la libertad conlleva la esclavitud; estado que concita fuerzas espirituales y físicas poderosas en los hombres de bien y de conciencia, de acción y de talento reformador. Muestra evidente de la precitada aserción es el examen objetivo de las condiciones sociales prevalecientes en Yucatán desde mediados del siglo XIX, hasta los tres lustros iniciales de presente, y que dejaron profunda huella en el ánimo de don Felipe Carrillo Puerto quien, en su naciente y candorosa experiencia política juvenil, sintió también el hostigamiento del antiguo clan dominador y directivo de la vida yucateca de entonces.

Para reafirmar la tesis de que la esclavitud obró fuertemente en Carrillo Puerto, el estudio se inicia con la mención de las principales solicitudes económicas de los indios, aceptadas y convenidas en 1848 con las autoridades blancas, pero no del agrado o convenientes a los intereses de Cecilio Chí, representante rural auténtico de la mayoría indígena, que con certero golpe de intuición las halló frágiles, y como medida de tiempo para que se organizaran sus tradicionales enemigos, “los españoles”.

Las consideraciones de la proclama gubernamental de 1857 dan la razón a la desconfianza de Chí; como servirán también para alimentar y acrecentar la odiosidad y desprecio de la parte civilizada, cuya revancha será la industria del comercio de indios exterior e interiormente, y la ultimada prisión de estos en la hacienda maicero-ganadera, suplantada por la plantación del henequén y comercialización de su fibra, acción más redituable y rentable para los propietarios de fincas, menos ilícita y ostensible, según ellos. Son incuestionables las referencias documentales que se trasladan en este trabajo.

(Con relación al dominio de una clase social, recordar que en 1908 estuvo el periodista John K. Turner en Yucatán, donde se informó que éste rebasaba los 300,000 habitantes, 250 de los cuales formaban el grupo de esclavistas, “pero la mayoría de los esclavos se concentra en las manos de 50 reyes del henequén. Los esclavos son más de 100 mil. Toda Mérida y todo Yucatán, y aun toda la península, dependen de estos 50 reyes.)

El marco teórico del pensamiento y la vida del político motuleño ciertamente tuvo de trasfondo la realidad de la esclavitud que él palpó, y que más tarde se empeñó en hacer desaparecer desde el Partido Socialista y radicalmente cuando su administración pública. La imponente trayectoria social de Alvarado logró hacer efectiva la liberación de los mayas, pero a Carrillo Puerto estuvo reservada su conversión en seres ciudadanos; su coparticipación para elaborar las relaciones económicas y sociales de un Yucatán nuevo.

La opulenta y soberbia casta directora ofreció razones especiosas al resto de sus miembros dirigentes para evitar el cambio de las políticas tradicionales; mostraron todos, así, su incompetencia política para resolver problemas sociales. A los periodistas locales independientes los metió en las cárceles, para acallar sus acusaciones y denuncias. Fue otra forma de demostrar su omnipotencia, como afirma públicamente el abogado y juez yucateco Víctor Ojeda Bonilla quien, alucinado por la obra material suntuaria, desafortunadamente eludió el tema de la esclavitud en su visión del Yucatán antiguo. Pero su testimonio acerca de la reforma que la “casta” hizo del código penal y del de procedimientos, es importante.

Sirva este adelanto para comprender a don Felipe Carrillo Puerto, un político revolucionario que sinceramente luchó en favor de la elevación de los esclavos que vio y describió Turner. El líder socialista, de no haber distinguido a tiempo dónde estaba la verdadera justicia, pudo ser, acaso porque se intentó, capitán de la reacción la que, vengativa aún, lo asesinó y lo execra cuantas veces puede; y hasta hoy pretende crear condiciones para la contrarrevolución en la entidad, demostrando una vez más su necedad y su torpeza política, su incompetencia y evasión de la realidad.

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JOSE ADONAY CETINA SIERRA

[Continuará la próxima semana…]

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