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Falta de tacto

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Dr. Adán W. Echeverría-García

Pero una lección siempre conviene, aunque se sea viejo” – Marcel Proust

En fechas recientes se publicó la noticia de que tres jóvenes estudiantes de la Universidad Tecnológica de Matamoros habrían sufrido una volcadura durante la madrugada de un sábado, “perdiendo la vida en el lugar una de ellas, y las otras dos conducidas a hospitales en grave estado”.

Las tres estudiantes fueron mis alumnas, cuatrimestres atrás, en dicha universidad. Recientemente las tres, junto con cientos de compañeros, habían tenido que desembolsar un buen dinero para participar en una fiesta de “graduación”, con toga y todo, en un estadio donde la rectora y sus autoridades cercanas, año con año, celebran graduaciones dobles: los que terminan como Técnicos Superiores Universitarios (TSU), y los que terminan una carrera. Evidentemente, los que terminan TSU en dos años volverán a desembolsar una cantidad de dinero similar en su segunda graduación en la que pasarán, de nuevo, cerca de cinco horas viendo personal universitario corriendo de un lado a otro para que “la fiesta” salga lo mejor posible. ¡Qué necesidad! “Sigue el dinero” dirán los que saben.

Posterior al accidente de las estudiantes, las noticias que se fueron publicando cada vez empeoraban la narrativa de los hechos. Comenzaron con “Tres mujeres se accidentan en la madrugada, una de ellas fallece en el lugar”; durante el transcurso del día las horas, las vistas, los comentarios de los lectores en redes sociales, hasta publicar el nombre de al menos dos de las alumnas, señalar que eran “egresadas de la UTM” y, posteriormente, en el amarillismo, gritar de manera soez: “Tres estudiantes de la UTM regresaban borrachas de una fiesta y sufrieron un accidente”.

Evidentemente la masa lectora fue cada vez más y más en aumento, generando vistas en redes sociales, reacciones, compartiendo la noticia. Las opiniones de los lectores (el objetivo pleno de esa prensa carroñera), cada vez más subidas de tono: “Eso aprenden en la Universidad”; “Muy educadas, pero igual de borrachas”. Una vez filtrados los nombres de las chicas accidentadas, entraron a sus redes sociales, descargando fotos y publicándolas en sus notas para que todo mundo las viera, las reconociera, hiciera escarnio de ellas. ¡Qué falta de tacto periodístico! Todo lo anterior sin importar las familias que vieron salir a sus hijas hacia la universidad (el horario de las ingenierías y licenciaturas en la UTM es por las tardes-noches hasta las 10) y ya no las vieron regresar.

Estoy seguro de que los familiares habían sido avisados por sus propias hijas que luego de clase irían a algún festejo. Al no volver a casa, la espera, la búsqueda, las llamadas, la angustia que sus familiares debieron sentir, eso muy pocas personas pensaron o compartieron a la hora de leer las notas sobre el accidente, a la hora de vomitar sus groseros juicios sobre ellas.

Una nota llamó más mi atención: “Una rectora que resuelve”. Traía fotos de la rectora de la UTM, de una ambulancia, de una entrada hospitalaria y, claro, del automóvil accidentado sobre una parcela durante la madrugada. Todo con una intención muy poética. Entonces recordé aquellas acusaciones que se habían filtrado a la prensa: que la rectora de la UTM pagaba a ciertos reporteros para “lavar su imagen”.

¡Qué manera de hacer de una tragedia juvenil, estudiantil, familiar, una nota para que se hablara exclusivamente de ella, dejándola como heroína: una rectora que resuelve!

La nota señala que la rectora “gestionó ante el IMSS la atención médica…”. ¿Acaso por ser estudiantes no tienen seguro?

Esa es la única nota “periodística” donde se puede leer el nombre de las estudiantes accidentadas. ¡Qué forma de proteger la memoria e identidad de las estudiantes!

Usted, como siempre, tiene la mejor opinión.

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