Eric Berne y los onomásticos de mis hijos

By on mayo 17, 2018

Perspectiva

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“Dices que es tu cumpleaños, pues también es el mío…”

Birthday, The Beatles

Ayer festejamos el cumpleaños de mi segundo hijo, quien casi “cuelga” a su papá en cuanto a la fecha en que eligió venir a este mundo: dos días nos separan a uno del otro. Así que festejamos su onomástico, y el mío también, aunque posfechado; él 26, yo 54.

Recuerdo perfectamente cuán sorprendido quedé cuando leí ¿Qué dice usted después de decir hola?, de Eric Berne, y me enteré de que los hijos inconscientemente seguimos el plan que nuestros padres diseñaron para nosotros. “Bajo la influencia de los padres, cada persona en la infancia se forma un guion o programa capaz de determinar el rumbo de su vida. Este libro enseña cómo liberarse de él para alcanzar la realización personal y la verdadera autonomía,” decía la solapa.

Mi sorpresa provino del hecho de que, cuando lo leí, mis cuatro hijos habían nacido de mis dos exposas, y cada uno de ellos había nacido en el mismo mes en que mis hermanitos y yo nacimos, con lo cual parecería que estaba cumpliéndose en mí la tesis ofrecida por Berne: nosotros somos cuatro hermanos, mis hijos son cuatro; en los mismos meses en que mis hermanitos y yo habíamos nacido, mis hijos nacieron.

Tal vez fuera verdad, tal vez fuera coincidencia, pero el hecho es que nunca olvidé la sensación que me dejó ese descubrimiento: asombro, entendimiento y, también, temor y frustración. Ese libro de Berne no fue el primero de “autoayuda” que había leído, y no fue el último, pero sí ha sido de los que me sorprendieron más. El Mono Desnudo, de Desmond Morris, me causó similar reacción.

Es observando el crecimiento de nuestros hijos cuando los padres apreciamos el paso del Tiempo, al menos esa es mi conclusión. Para aquellos que son contemporáneos míos, con hijos, ¿a poco no resulta un ejercicio interesante recordar las actividades que hacíamos a la edad que ya tienen nuestros hijos, y comparar sus comportamientos, expectativas y experiencias de vida contra las nuestras?

Sonreí cuando, en abril, mi primogénito cumplió 27 años e hice un breve ejercicio introspectivo. Él, a esta edad, sigue soltero, trabajando duramente para darse gustos en forma de viajes y satisfactores varios, se hizo hace un par de años de su primer coche, no posee deudas y aún vive en casa de su madre. A los 27 años, yo ya llevaba tres años de haberme casado con su mamá, estaba endeudado y debía hasta la camisa, teníamos un coche que requería mantenimiento constante dada su antigüedad, y me esforzaba por nivelar la situación económica familiar y, al mismo tiempo, mejorar la relación que tuve con su madre, mientras trabajaba buscando reconocimiento profesional y, claro, un mejor salario; y entonces nació él.

Mi vida a los 27 años no tiene nada de semejante con la de él, ni con la que están viviendo sus hermanitos en sus diferentes edades: el de 26 que festejamos ayer, el que cumplirá 23 a fin de año, y el que cumplirá 21 en unas semanas. El bagaje de las experiencias que han conformado mi vida reside conmigo, y ellos poco a poco irán llenando su propia bolsa. Con cada año que ellos adquieran, la oportunidad de recordar y comparar mi ayer con su hoy siempre estará presente.

Yo revisaré mi sabucán del cual extraeré y ofreceré un consejo y opinión cuando los vea caminando por veredas peligrosas que me resulten familiares y cuyo destino final ya conozco, no con la intención de que ellos sigan al pie de la letra mis indicaciones, sino para mostrarles las consecuencias de algunas decisiones a la luz de mi propia vida. La decisión final siempre será de ellos. Creo que esa es una de mis responsabilidades como su padre.

Con el transcurrir de los años, mientras nuevamente trato de balancear una vez más mi situación económica –¡Vaya que me ha costado aprender algunas cosas! – estoy seguro de que estos ejercicios introspectivos serán más frecuentes, más ricos, y acaso pueda entonces traducirlos a palabras y nuevos conocimientos acerca de ellos, de mí, de mi familia.

Desde esta perspectiva, agradezco al Creador un año más, un día más, un momento más, sobre esta Tierra, para hacer buen uso de ese tiempo, para seguir aprendiendo, para seguir conviviendo.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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