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José Juan Cervera
Si el registro detallado y la interpretación de los contenidos que alojan medios impresos de diversas épocas llevan a conocer a fondo distintas prácticas sociales, el acercamiento sistemático a las revistas estudiantiles abona un campo escasamente explorado, que suele soslayarse con tintes de menosprecio. Prevalece la idea de que los esfuerzos cifrados en ellas son apenas balbuceos y brotes inciertos, de nulo alcance en un marco de experiencia precaria, trayendo como resultado que se opte por olvidarlas. Aunque tales objeciones pueden tener algún fundamento, el desarrollo de aptitudes que trae consigo esta labor primeriza propicia un mayor dominio en su ejercicio, y esto justifica el interés que pueda recaer en sus incipientes procesos editoriales.
En el caso de Yucatán y de su ciudad capital, puede proponerse un esbozo general de las producciones de este tipo que sirva de base para una investigación más completa. Para ello, vale considerar las variantes que condicionan los periodos históricos y las particularidades sociales y políticas, así como los ciclos de enseñanza y los perfiles organizativos de los planteles en que se fraguan estas iniciativas, si se trata de escuelas públicas o privadas, y si existen apoyos institucionales que confieran más solidez a los proyectos que los estudiantes ponen en marcha. Es claro que de este conjunto de factores depende el advenimiento de publicaciones periódicas de tan frágil permanencia.
La dificultad para encontrar estas revistas es el principal obstáculo para conocerlas en detalle; sin embargo, son varias las que pueden hallarse en la sección hemerográfica de la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Yucatán. El fondo reservado de la Biblioteca Yucatanense contiene otras más, en tanto que la Biblioteca Virtual de Yucatán preserva ediciones reproducidas en formato digital. Aparte de las que reúnen estos acervos públicos, están las que subsisten en manos de particulares, cuyas colecciones suelen resguardar quienes han intervenido en tareas de edición o como colaboradores regulares de ellas, aunque no todas las personas parecen dispuestas a conservar piezas de estas características. Por tal motivo tiene sentido emprender un mínimo inventario de las que sea posible localizar. Se sabe de algunas más de manera indirecta porque otros medios, de carácter general o misceláneo, dieron constancia de haberlas recibido, como el Diario del Sureste (1931-2003) y el quincenario Juzgue (1973-1976).
Algunos ejemplos de esta prensa en el siglo XIX son: El Estudiante de Medicina, cuyo primer número está fechado el 5 de mayo de 1890, obra de un grupo de jóvenes cursantes de esta ciencia, que se ocupó de divulgar información referida a ella, acogiendo textos que suscribieron médicos reconocidos entre los que se contaron Saturnino Guzmán y Augusto Molina. El Estudiante Liberal surgió en el seno del Instituto Literario del Estado y se presentó como órgano de la Convención Radical Escolar, inició sus ediciones el 9 de mayo de 1897, y respaldó la reelección del gobernador Carlos Peón Machado, empresario progresista que compitió por la primera magistratura del estado con el conservador y ex imperialista Francisco Cantón Rosado, quien a la postre resultó favorecido por la correlación de fuerzas que se gestó en ese entonces; lo dirigió uno de los hijos del escritor y político liberal Eligio Ancona, homónimo suyo.
Los albores del siglo XX atestiguaron el nacimiento de otros periódicos de esta índole. A fines de 1908, alumnos del Instituto Literario dieron vida a El Eufrono, acerca del cual Santiago Burgos Brito señala en sus memorias que fue cuna de sus trabajos literarios. Entre 1917 y 1918 circuló Minerva, órgano de la sociedad del mismo nombre, elaborado por estudiantes normalistas, que tuvo como director a Fernando Gamboa B. y publicó textos de Santiago Pacheco Cruz, Manuel Alcalá Martín y Santiago Herrera Castillo, quienes en el curso de los años habrían de destacar en el ámbito magisterial. En 1920, los talleres de la Escuela Racionalista imprimieron la revista Febo, llamada del mismo modo que la asociación de estudiantes del Instituto Literario, que la editó con apoyo del profesor José de la Luz Mena.
Ya avanzada la vigésima centuria, se multiplicaron los periódicos de sello estudiantil, muchos de ellos creados en agrupaciones al modo de la Asociación Periodística Estudiantil Yucateca (APEY), a las que se afiliaron medios impresos de escuelas secundarias, de bachillerato y de instrucción normal durante las décadas de 1950 y 1960, con nombres como El Cisnerista, Acción Estudiantil, El Imparcial y El Normalista; Víctor Manuel Pinto Matos la describe como “la vertiente periodística de divulgación social y cultural de la Federación Estudiantil Yucateca”, y todavía sitúa uno de esos órganos –Expresión Magisterial–, dirigido por él en 1973, como vocero de la APEY. La Asociación Periodística Universitaria irrumpió como parte de un movimiento opositor de aquélla que, de acuerdo con algunos testimonios, resultó efímero, aunque en 1972 la revista ¡Lucha!, impulsada por alumnos de la Escuela de Economía de la Universidad de Yucatán, se ostentó como integrante de una colectividad llamada de la misma manera.
La enunciación nominal de otros membretes incluye a la Asociación de Estudiantes Universitarios de Yucatán, que entre 1939 y 1942 editó la revista El Alcázar, encabezando un movimiento reaccionario en contra de las autoridades universitarias. El Círculo Periodístico de Estudiantes dio a luz Bayardo, en 1942. Por su parte, alumnos de varios planteles educativos particulares sumaron fuerzas para editar Diálogo. Órgano de Comunicación Intercolegial en 1977, de periodicidad mensual, en la que intervinieron representantes de los colegios Americano, Teresiano, Peninsular, Mérida y el Centro Universitario Montejo. El 5 de febrero de 1984 fueron suscritos los estatutos del Frente Periodístico Universitario (FPU), de línea independiente, que aglutinó a Notiprepa, Unidad, Avante, Diagnóstico e Ideología y Ciencia, de escuelas y facultades de la Universidad de Yucatán, próxima a reconocer el reconocimiento formal de su autonomía.
Hoy, el nuevo periodismo estudiantil se desarrolla en medios digitales, si bien combina sus trabajos con materiales impresos, tal como informa Jorge Carlos Angulo Gómez, director de Puntouni y estudiante de la licenciatura de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY (abril de 2025), reconstituyendo una tradición profundamente significativa en un marco profesional que consolida vocaciones y da paso a productos de creciente relevancia.





























