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Convocados por el profesor Álvaro López Tejero “Avito”, como cada martes de la primera semana de mes, nos reunimos en franca camaradería y recuerdos en un lugar donde abunda el café, la comida y, sobre todo, la plática, los recuerdos, la nostalgia y un sinfín de anécdotas de esta gran familia de los que somos oriundos de La Sierra y Colonia Yucatán. Este año la familia cumple, según la invitación que circula por el Facebook, noventa años de fundada.
Desde hace varios años nos reunimos cada mes no solamente los nacidos o quienes ahí crecimos, sino también amigos deportistas que se han ‘regalado’ al grupo (¿Verdad, Pedro Bacelis?).
En varias ocasiones hemos rebasado los treinta entusiasmados asistentes. Entre los asiduos no puedo dejar de mencionar a Arturo Jasso y su esposa Emmita Canto; Pancho Orozco y Lucy Carrillo; Víctor Martín y su esposa Livy; Nitza Carrillo; Pedro ‘Pimpo’ Azcorra; Amílcar Briceño; Agustín Medina y Conchita; Agustín Marfil y su hija Manuelita; los hermanos Luis y Betito Rios May; Felipe Ravell y su esposa Olga I. Espinosa; Armando Cabrera, Mario Lezama, José Tello, Jorge Diaz, el Catra (Juan Contreras), Nego Serratos, Amado Rosado, Bogar (Francisco Ávila), entre otros.
Hemos contado con la agradable compañía de Monseñor Pedro Mena-Diaz, a pesar de su apretada agenda, así como la del Padre de la orden de Maryknoll John Martin, que estuvo en Colonia Yucatán apenas fue ordenado sacerdote.
Por supuesto, no han faltado varios amigos-hermanos, casi todos profesionistas a quienes no les gusta usar, ni se les llama, anteponiendo el título de su profesión. Ahí son ‘uno más de nuestra comunidad hecha hermandad’, como ha dicho Jasso.
Varios de ellos van acompañados de sus esposas, hijos o hijas. Dicho sea de paso, se sienten como en la sala de su casa, rodeados por el cariño, la amistad y la solidaridad que abunda en estas reuniones.
Una mañana, en un desayuno con mis condiscípulas de la Primaria al que varias fueron acompañados de sus maridos, escuché un comentario de uno de los presentes que no es Colyucteco. Un tanto fastidiado de la plática esa mañana, soltó: ‘¿Ustedes no se cansan de hablar de la Colonia Yucatán?’
¡Claro que no! Como él no es de allá, estaba completamente sacado de onda.
‘Nosotros tenemos mucho orgullo de ser de ahí, un lugar emblemático donde tuvimos de todo para ser felices y lo fuimos. Por eso no nos cansamos de hablar, reconocer y agradecer ese lugar donde cultivamos, hasta hoy, amigos-hermanos que nos distinguen y nos siguen demostrando su cariño,’ comentó un Colyucteco, ante la aprobación de toda la mesa.

En estos desayunos hablamos y conversamos. Aunque algunos nos lleven varios años, siempre nos hacen partícipes de sus conversaciones: ‘¿Recuerdas qué le pasó aquella vez a fulano?’, o, ‘¿Alguna vez les detuvo Pancho López?’.
También comentan y recuerdan a los maestros que pusieron su entera vocación en las enseñanzas, en su profesión, no solo de las materias del calendario escolar. Profesores, como les decíamos antes, que nos educaron para la vida.
Imposible no comentar las grandes hazañas del equipo Maderera del Trópico y los Cardenales de La Sierra.
Sobra decir que las despedidas se dan con mucho entusiasmo, mientras nos comprometemos a volver el mes entrante.
‘¡Venir a convivir con mis amigos es venir a cargar pilas!’ escuché decir con alegría esta mañana.
Así es.
Nos volveremos a reunir el mes próximo, Dios mediante…
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero





























