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Luces de México

Antonio Magaña Esquivel
(Especial para el Diario del Sureste)
El género biográfico, aun en la novela, está de moda con Emil Ludwig. Pero ese cúmulo de detalles y de hechos menudos que es la biografía, de interés tratándose de políticos y guerreros, debe ser cosa secundaria en el caso de un artista, aun cuando a veces sea auxiliar para la interpretación de la obra artística que es al cabo lo que más importa. “La poesía –escribía alguna vez Benedetto Croce– debe ser, sí, interpretada históricamente; pero con ayuda de aquella historia que le es intrínseca y propia, y no de aquella historia del todo extraña, que no tiene más relación con la poesía que la que puede tener el hombre con lo que desdeña, aleja o rechaza, porque le estorba o no le sirve, o porque ya lo ha aprovechado en su obra hasta donde le hacía falta.”
Viene a cuento esto por obra y gracia de un artículo publicado en el Diario del Sureste, firmado por Jaime Suárez Silva. A propósito, a Suárez Silva he de agradecerle la copia de distintos párrafos de mi artículo “Alfonso Reyes. Escritor del mundo” en un artículo suyo que tituló “El aseo de América”: de mi artículo entresacó diversos párrafos, sin mencionar la referencia, y confeccionó el suyo. Pero yo, a diferencia del señor Suárez Silva, he de mencionar el artículo a que me referiré, cumpliendo así un elemental deber de probidad literaria: se trata de “La vida inútil de Santos Chocano”, artículo en el que el citado señor Suárez Silva trata de poner como no digan dueñas la figura del poeta de Alma América. El solo título no tiene justificación posible: ¡La vida inútil de Santos Chocano! El poeta que en una época en formación en la que no existían todavía posibilidades de un arte en verdad libre y autóctono; el poeta que no obstante esto fue el cantor de América, porque indudablemente que dentro de la poesía americana –recurro al juicio crítico de un escritor de claros merecimientos como García Calderón– “la originalidad de Chocano está en dirigir sus energías, en plena madurez del verbo, a cantar la originalidad de un continente y de una raza”; el poeta, en fin, cuya obra de arte tiene sin disputa como antecedente todo el acervo de historia y de ciencia sobre América, no puede ser considerado como una vida inútil tal y como quiere el señor Suárez Silva. Decir que la obra literaria de Chocano, como pretende Suárez Silva, es de “puro preciosismo estético” es desconocer el nervio que fundamentó toda su Poesía; artífice de la metáfora, es peculiar en este poeta trasponer a la clave humana todas las demás claves en el dominio musical de la Naturaleza, reducir todos estos temas de cosas inanimadas que toma como motivos a la más simple forma de emoción accesible al hombre: la emoción poética. En eso se diferencia de los parnasianos de la lírica. Chocano, “pensando en imágenes” según la frase de Goethe, cantó así algunos motivos científicos y todas las maravillas de la Naturaleza americana, sintiendo con intensidad la mezcla y la dualidad de la constitución social y espiritual de nuestra América. El mejor ejemplo de lo anteriormente dicho es su libro Alma América.
En cuanto a sus errores como hombre, que nadie discute, no cabe siquiera mencionarlos ni mucho menos tomarlos en cuenta para denigrar su meritísima obra artística, toda vez que los hechos vulgares, de realidad cotidiana, del hombre, no trascienden a la obra de arte. Debemos aprender a separar la persona práctica de la persona poética, y mientras más se eleve la última, mientras más alta sea su obra artística, menos debe de interesar el hombre como hombre. Entre los terrones brutos de los datos innecesarios o simplemente anecdóticos y curiosos, hay que ir a buscar la semilla de espíritu puro que es la que interesa en el artista. Es el mismo caso de Verlaine, de Poe, del propio Darío, de todos los “poetas malditos” cuyas vidas privadas fueron siempre equivocadas, cuyas personas y antecedentes no se parecieron a sus obras. En este sentido, afirma Bergson, el arte resulta algo así como un desquite de la vida.
En el artista, pues, nada de biografías de la persona privada. Cuando los hombres dieron un día en dudar de la personalidad de Shakespeare, un genio universal si los hay, corrieron infinidad de biografías extrañas y contradictorias (¿no hubo quien se atrevió a declarar que Shakespeare era un autor francés, un tal Jacques Pierre, que había alterado levemente su nombre para darle sonido inglés?), un humorista, hombre de buen sentido, trató de poner fin a la ociosa controversia mediante esta fórmula de transacción: “Declaremos que la obra de Shakespeare no es de Shakespeare, sino de un contemporáneo suyo que se llamaba como él”. Al fin acabaron los hombres por entender que una cosa es la persona práctica y otra diferente la persona poética, que una cosa es la biografía y otra diferente la obra artística.
En el caso de Santos Chocano, aun a disgusto del señor Silva, volvamos a la hipótesis del humorista: la obra de Santos Chocano, trascendente y de alta significación en el desenvolvimiento literario del Continente, no es de Santos Chocano, matador de Elmore, sino de otro señor que era su contemporáneo y su homónimo.
México, D. F., 1935.
Diario del Sureste. Mérida, 16 de mayo de 1935, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























