El Sentido de la Muerte (II)

By on julio 18, 2019

Dra. LAURA SALAMANCA LÓPEZ

MTRA. TANATÓLOGA

Ixtab, la Diosa maya del Suicidio.

DETRÁS DEL SUICIDIO

Y ¿qué es el suicidio?  Es la máxima expresión del grado de desesperación que pueda vivir un ser humano en la búsqueda de lo no encontrado: el “YO”

Tipos de suicidas

Predecibles – En este tipo, el suicida solicita ayuda para superar su vivencia de indefensión, lo cual le resultará estresante, pero del apoyo psicológico se obtendrá una respuesta favorable a corto plazo ya que se le facilitarán recursos para afrontar su situación crítica que es el desencadenante de la decisión.

Impredecibles – Son los complicados y prácticamente imposibles de detectar en términos psiquiátricos. Cuando el proceso de decisión del suicidio lleva ya largo tiempo, en silencio, la posibilidad de morir se refuerza y difícilmente se podrá predecir.

Suicidas activos – Cuando el individuo toma la determinación de quitarse a vida conscientemente, escogiendo alguno de los métodos que conoce para hacerlo, tirarse a un vehículo en movimiento, ahorcarse, tirarse de un puente, dispararse, envenenarse, etc.

Suicidas pasivos – Cuando se incurre en un descuido que lo llevará a un desenlace fatal; ejemplos: un paracaidista que pliega mal su paracaídas, alguien que no limpia con precaución su arma, alguien que no mira el tráfico al cruzar la calle, drogarse, tomar un medicamento equivocadamente sin fijarse. Parecieran tipos de accidentes, pero en realidad son suicidios pasivos.

Clasificación

Individual – Cuando alguien atenta contra su propia vida, sin la participación de otra persona.

Colectivo – Aquí participan dos o más personas, incluye multitudes, y los motivos son bien reconocidos (religiosos o políticos); en algunos casos por acuerdos mutuos por causa de amor, invalidez, desolación o actos heroicos.

Asistido – En este una segunda o tercera persona facilita los elementos, por ejemplo, en enfermedades terminales, o enfermos crónicos; es el caso de parapléjicos que solicitan el apoyo de otra u otras personas.

No asistido – En este tipo de suicidio, la propia persona cuenta con los recursos necesarios y los ocupa para cumplir lo que él mismo se ha propuesto.

Todas las personas tienen una forma peculiar para adaptarse a su ambiente, lo cual les sirve de parámetro para procesar sus experiencias. La idea de la realidad se la podrá explicar solo el propio sujeto, dándole un significado y sentido a su existencia en función de su experiencia. La persona suicida es aquella que construye su realidad distorsionada, por defecto o por exceso, y esto le provocará abatimiento o aburrimiento, ya que la realidad es independiente de la interpretación, y esta última es la que provoca la conducta del individuo. Así que en el suicidio la persona interpreta de acuerdo con su vivencia y su experiencia lo crítica que es para él la realidad (Kelly).

Igualmente, la experiencia continua de ineficacia puede llevar a la persona a un estancamiento y absorción de sus propias limitaciones impuestas por el ambiente, rompiéndose el vínculo entre ambos, por agotamiento, inconformismo con el orden socialmente impuesto, considerándolo altamente agresivo para él, viéndose como una persona incapaz de controlar su vida.

Según la teoría de Seligman, será el resultado de la teoría de la indefensión aprendida, que es la idea de no correlación entre los objetivos esperados de sus actos y los resultados de los mismos los cuales causarán en la persona un sentimiento de indefensión, impotencia e incapacidad de control, traducido en la limitación y/o bloqueo de mayor o menor grado, llevando a la persona a su desintegración y provocando el lento rompimiento entre la persona y la sociedad al mismo tiempo. el rompimiento será entre la persona y su desarrollo de identidad individual y social llevando en el inter apatía y desmotivación.

En algunas situaciones, el suicidio se verá con un toque de deseo de matar al otro que vive introyectado en él y, por lo tanto, ese sentimiento de culpabilidad lo hará que se mate a sí mismo.

En otros casos, el sujeto sufre un exceso de energía psíquica ante la cual se ve incapaz de actuar, siendo el suicidio una estrategia de escape. El suicidio se produce ante un desequilibrio entre las tendencias destructivas y constructivas de lo que surge el deseo de matar o de ser matado dirigiendo la agresividad hacia el YO de la persona, muriendo en una forma consciente o inconsciente. Estas tendencias destructivas provienen de una reacción que se inicia con frustración y se manifiesta por medio de hostilidad y culpabilidad, o sea, el deseo de ser castigado y otros mecanismos de defensa aunados al aislamiento, la agresión, etc., facilitando la posibilidad de la conducta suicida.

El suicidio es un fenómeno social, ya que es la sociedad la que determina en función de sus características el que los individuos sean más o menos susceptibles al suicidio.

Inicia con la aparición de un acontecimiento que desencadena otros más y la forma como la persona los percibe; y se puede presentar de dos formas. Primero, la persona en el transcurso de su vida acumula constantemente frustraciones, fracasos y emociones displacenteras y su vida llega a carecer de sentido, encontrando en el suicidio una ganancia secundaria mayor que la de estar vivo, y después de tanto llega la gota que derrama el vaso produciéndose el suicidio.

En la segunda, los acontecimientos desencadenantes contienen una enorme carga emocional o representan grandes pérdidas para la persona que resultan difíciles de manejar y, como consecuencia, la muerte es un mal menor a estar vivo, aunque él mismo quisiera poder ser feliz, como en el caso donde pierde a toda su familia y no se cree capaz de manejarlo.

Los factores de riesgo todavía no se determinan con precisión, y hasta la edad ha cambiado últimamente integrándose a este grupo niños, incluso aquí en Mérida. ¿Por qué el aumento del suicidio en niños y adolescentes? La familia y las relaciones sociales son las causas que determinan esta conducta. En la familia, el niño o adolescente puede sentirse abandonado dentro de su propio clan, sentir alguna emoción negativa con respecto a uno de sus integrantes, o sentir que no pertenece a la misma. Dentro de las relaciones sociales, el sentirse traicionado, humillado por el grupo, el acoso escolar, bullying etc.

El niño o joven tiene poca tolerancia a la frustración, la inexperiencia de ciertas emociones desagradables por la corta edad, la ingesta de alcohol y victimización en un suceso traumático que le destruye su autoestima en caso de abuso; si se encuentran juntos varios de estos factores, con mayor razón predispone a pensar en el suicidio.

Actualmente, el uso creciente de las redes sociales ha presentado de 2009 a la fecha un incremento del 20% por lo que ya se le ve como uno de los factores de riesgo. El acoso a través del internet y los famosos “retos” o perfiles que hablan de vidas perfectas pueden afectar la salud mental de los jóvenes que se sienten desdichados. El uso de los teléfonos celulares que se usan mínimo cinco horas diarias muestra un 70% de mayor posibilidad de tener pensamientos suicidas, reportando sensaciones de tristeza o desesperanza más en niñas que en niños.

Con respecto al sexo, el femenino es el que más lo intenta, siendo que los ejecutados son en mayor grado del sexo masculino; personas sin pareja, el desempleo, la desesperación por falta de recursos económicos, la profesión como los médicos por estar en mayor contacto con las sustancias necesarias, el aislamiento ya sea por trabajo o por cualquier otra razón, la enfermedad, las personas mayores, los trastornos afectivos más que genéticos, factores bioquímicos por hipoactividad serotoninérgica relacionada con la depresión etc., etc.

Sin embargo, hay una serie de mitos o conceptos erróneos alimentados por la sociedad o la cultura como que son enfermos mentales, que dejan notas, que lo hacen para llamar la atención, que cuando lo deciden ya no hay nada que hacer, que una persona que lo ha intentado lo volverá a hacer, que si una persona sobrevive al suicidio no lo volverá a hacer, que el suicidio es hereditario, que el método más común es la sobredosis, que las personas se suicidan de noche, que niños menores de 15 años no se suicidan, que todos los suicidas están deprimidos, que los suicidas no buscan ayuda psicológica o médica, que los pacientes en enfermedad terminal son más propensos,  que hablar con una persona deprimida sobre el suicidio la puede empujar al mismo, que las personas que acuden al psicólogo o al psiquiatra no se suicidan, que los riesgos de suicidio son algo que solo incumbe a los profesionales de la salud. Todo esto distorsiona la realidad y son solo etiquetas que la simple palabra suicidio provoca en la sociedad. Habrá que evitar las noticias de suicidio en medios de comunicación o redes sociales ya que solo se logrará darle publicidad.

 “Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.” 
Napoleón

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