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El ruiseñor y la violeta

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Amor

Rita Cetina Gutiérrez

A la sombra de una acacia

que ostentaba su hermosura

entre la verde espesura

de un vergel encantador,

una tímida violeta

modestamente crecía,

regalando de ambrosía

al céfiro halagador.

 

Era el tiempo en que las flores

presentaban sus encantos,

y las aves dulces cantos

entonaban con amor.

Cuando de brillantes galas

se viste naturaleza,

y su mágica belleza

ostenta con esplendor.

 

Era del florido mayo

una mañana preciosa:

celajes de oro y de rosa

y azulado tornasol,

anunciaban a la tierra

dormida tranquilamente,

que otra vez en el Oriente

estaba naciendo el sol.

 

En las ramas de la acacia

que suave el viento mecía,

a dar su saludo al día

fue a posarse un ruiseñor.

Gratos y armoniosos trinos

de su garganta salieron,

y los ecos repitieron

los cantos del trovador.

 

El ruiseñor orgulloso

de ser libre se preciaba,

y su libertad cantaba

saltando de flor en flor.

Mas al repetir su trova,

dulcemente el aura inquieta,

a la cándida violeta

con respeto acarició.

 

La flor escuchó su canto

y se reclinó con gracia,

en las ramas de la acacia

ocultando su rubor.

Y tantas y tantas veces

le juró amor al poeta,

que la modesta violeta

al fin amó al ruiseñor.

 

Así pasó mucho tiempo

ella aromas exhalando,

él sus amores cantando,

y siempre amándose más.

Al mirar las otras flores

cuando los dos se adoraban,

con tristeza suspiraban…

pero de envidia quizás.

 

Mas ¡ay! la dicha en el mundo

es lo que más poco dura.

¡Do ayer hallamos ventura

hoy encontramos dolor!

El feliz cantor, un día,

a sus amores constante,

vuela al vergel anhelante…

y encuentra muerta su flor.

 

El ave lanzó un gemido

de tierna melancolía,

cantó un himno de agonía…

y muerta al suelo cayó.

Y las flores que otros días

ambicionaban su suerte,

lloraron tristes la muerte

de la rosa y el cantor.

 

La Siempreviva. Revista Quincenal. Órgano Oficial de la Sociedad de su Nombre. Bellas Artes Instrucción Recreo Caridad. Redactada Exclusivamente por Señoras y Señoritas. Mérida, año II, núm. 33, 17 de septiembre de 1871, p. 2.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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