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Rosy Murillo
Desde el ventanal veo la lluvia caer.
Enciendo un cigarrillo y conecto la cafetera que descansa sobre el mueble blanco. En segundos, la sala se impregna con el aroma cálido del café y canela.
Sirvo una taza, me hundo en el sillón y enciendo el televisor. Presiono el control y nada llama mi atención.
Me incorporo, dejo la taza sobre la mesa lateral, y el cigarrillo aún encendido sobre el cenicero de barro que traje de Guanajuato, un regalo de mamá en uno de tantos viajes a mi pueblo.
Camino hacia el rincón, al viejo baúl que guarda más que cosas: guarda momentos, que me invitan a ponerme el mandil.
Acomodo el caballete, los tubos de óleo y monto el bastidor.
Con grafito empiezo a delinear tus ojos…
Poco a poco voy dando forma a tu rostro, ese que vive en mi memoria y ahora intento plasmar en un pedazo de manta.




























