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En un mundo donde las distancias culturales y lingüísticas parecen abismos, la poesía se alza como un puente sutil pero poderoso. Federico García Lorca, célebre poeta español del siglo XX, y los poetas mayas contemporáneos como Humberto Ak’abal, Briceida Cuevas Cob y Rafael Xajooj Tun, están unidos por un lazo invisible que trasciende océanos, siglos y lenguas. Este vínculo, tejido con hilos de naturaleza, dolor, resistencia y oralidad, conecta dos realidades que dialogan sobre la vida, la muerte y la memoria.
Actualmente, desde Mérida, la de Yucatán en México, estamos preparando un proyecto de un documental que vincule la obra poética de Federico García Lorca con el simbolismo poético y la cosmovisión del Mundo Maya. Este proyecto se le presentará a la Alcaldía de Fuente Vaqueros, lugar de nacimiento de García Lorca en Granada, a través de nuestro amigo el poeta Alejando Rejón Huchim quien en junio de este año será nombrado Embajador Cultural de esa comunidad para vincular las tierras de García Lorca con Yucatán.
Lorca y la herida compartida
García Lorca escribió desde los márgenes: andaluz, defensor de los gitanos, homosexual y republicano, su voz apagada en 1936 sigue vibrando. En obras como Poeta en Nueva York, denunció la alienación y el racismo con una intensidad que cruza fronteras. Ese eco resuena en los poetas mayas de hoy, quienes cargan con las cicatrices de la colonización, la pérdida de sus tierras y la lucha por reconocer su cultura y su idioma. Humberto Ak’abal lo expresó con claridad: “La lluvia me cuenta historias que no entiendo, pero me tranquiliza”, un verso que recuerda al “Verde que te quiero verde” de Lorca. En ambos, el dolor se transforma en resistencia.
Naturaleza viva
Lorca como los poetas mayas ven la naturaleza como algo más que un escenario: es un ser vivo, un alma. Para los mayas, un árbol puede ser un ancestro; para Lorca, un río no solo fluye, sino que canta y augura. Esta conexión espiritual resuena con fuerza en la península de Yucatán, donde la cultura maya sigue latiendo. En un lugar como Mérida, donde la tierra y la tradición están entrelazadas, la poesía se convierte en un reflejo de nuestras raíces más profundas

La muerte atraviesa la obra de ambos mundos poéticos. En el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Lorca, el duelo se convierte en un canto eterno. Briseida Cuevas Cob escribe desde otra perspectiva: “Cuando mi abuela murió, la casa no se cayó, pero sus paredes se llenaron de sombras”. Para ambos, los muertos no se van: habitan en la tierra, en palabras y en la memoria colectiva.
El idioma como refugio
Lorca tomó el castellano y lo llenó con la cadencia del flamenco y coplas andaluzas. Los poetas mayas, como Rafael Xajooj Tun, enfrentan un desafío parecido: “Me hicieron escribir con palabras que no entiendo, pero mis sueños siguen hablando en kaqchikel”. En un mundo que privilegia el español, usar sus idiomas originarios es un acto de rebeldía y preservación, similar a la lucha de Lorca por dar voz a los silenciados.

La fuerza de la oralidad
La poesía de Lorca tiene raíces en lo oral, en el flamenco y las canciones populares. Los poetas mayas, como Ak’abal, la heredan de cantos ancestrales: “Mis versos son cantos que no sabían que eran cantos”. En Mérida, Yucatán (Mx) y sus comunidades, donde la palabra hablada en lengua Maya sigue siendo un pilar, esta tradición oral es un puente vivo, una forma de resistir y preservar lo que la historia quiso borrar.
Un legado para el futuro
Este “puente invisible” entre Lorca y los poetas mayas no es solo un encuentro literario; es una invitación a mirar nuestras raíces. En 2025, en un mundo más conectado que nunca, este diálogo poético puede inspirar a nuevos creadores. Que el “duende” de Lorca y el “Alux” maya sigan danzando juntos, recordándonos que la poesía es un acto de resistencia, memoria y celebración de lo que nos hace humanos.
CARLOS VILLANUEVA CASTILLO





























