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El otoño está aquí

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En días pasados, en Chichén Itzá, los Mayas, esos genios astronómicos y matemáticos, anunciaron el equinoccio de otoño, nuevamente maravillando al mundo con el alcance de sus conocimientos, en una sublime combinación de lo celestial con lo religioso: Kukulkán se aposentó en las escalinatas de su palacio.

El otoño es la estación previa al invierno, acaso señalando que debemos levantar cosechas y prepararnos cuando quedan unos cuantos meses antes de que llegue la temporada en la que el ritmo de vida y de la Naturaleza disminuye, cuando se vive de aquello que se preparó en las estaciones anteriores.

La vida no es diferente. En personas, hemos denominado el otoño como aquella etapa en la que aún gozamos de vitalidad y energía, cuando esperamos cosechar el fruto de nuestros esfuerzos, y prepararnos para cuando las fuerzas nos impidan muchas de las actividades que actualmente desempeñamos, tanto físicas como intelectuales, es decir, cuando lleguemos al invierno de nuestra existencia.

Ni los seres humanos, ni los países, ni la misma Naturaleza son inmunes a la entropía, ese desgaste que proviene del interior y de la inercia. Es por ello que es menester siempre estar a la búsqueda de la mejora, de romper esa inercia que impide evolucionar, cambiar para mejorar.

Hicimos alusión a los países como víctimas de la entropía a la luz de lo que pasa en nuestro agobiado mundo: Europa, el Medio Oriente, África, América, en todas estas regiones abundan ejemplos de que la paz y tranquilidad se han trastocado aumentan. México no escapa de ella.

Desde siempre, la educación, el afán de continuar adquiriendo conocimientos, escuchar opiniones, comunicarse, actuar en beneficio de los demás, son una estrategia certera que brinda beneficios tangibles y perennes para las comunidades. A mayor educación, mayor responsabilidad, redundando en mejores ciudadanos.

Cada uno de nosotros puede observar y concluir si lo que se está haciendo en todos los niveles de gobierno y en todos los poderes de la nación está construyendo un mejor país; si la erradicación de la corrupción y fechorías que se enarboló como bandera de cambio tiene sólidas evidencias de que así ha sido; o si todos esos redentores están resultando peores que aquellos a quienes reemplazaron.

A nuestro juicio, ante el cúmulo de evidencias que cada vez más crece, así como las carencias de los ciudadanos, el movimiento de “transformación” está viviendo su otoño.

Nos tocará, una vez más, levantarnos y unirnos en beneficio de esta gran nación que es México.

Que la ley, la justicia, los buenos valores, y la educación sean nuestras herramientas para construir un mejor país.

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