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“Para armar los transformadores, ponía en la mesa del comedor tiras de papel, un papel especial que llevan los transformadores, lo trazaba, los cortaba en tiras y luego le ponía una capa de alambre de cobre, una de barniz, luego una capa de papel y así sucesivamente; ya después lo metía al transformador y metía el motor en el horno que él mismo hizo. Era un horno que tenía muchos focos para que caliente. Todo eso tenía una temperatura y una electricidad muy alta y no permitía que nadie entre al taller porque era peligroso. Creo tenía dos mil volts o algo así.»
«Una vez, mi papá se golpeó la cabeza y se le abrió una herida. Nosotros en aquella época no por cualquier cosa íbamos al Seguro. Mi mamá siempre estaba muy pendiente de él porque mi papá era diabético; ella todo el tiempo lo estaba cuidando, siempre andaba con su jabón y un sosquil. ‘A ver, viejito, ven acá.’ ‘Ya te dije que no me estés molestando,’ le decía mi papá. Pero a ella le valía, y con eso le limpiaba sus heridas. Lo cuidaba mucho. Una lesioncita, enseguida lo atendía ella. Nunca se le infectó una herida. Ya ves que él no tenía mucho pelo y una lesioncita pues… Mi mamá bajaba al taller a acompañarlo para que no le pasara nada, ya que se lesionaba todo el tiempo la cabeza.”
“Mi papá era muy creador, inventor; era increíble lo que hacía. Mandó hacer dos torres afuera del taller para colgar su malacate y subir los transformadores, luego compró su camioneta y con eso empezó. Ponía tablones para ayudar a subir los transformadores, cosa que ya no se ve ahora; todo era manual. Tenía muchas herramientas colgadas en la pared; era muy ordenado, muy limpio.
“Él hizo toda la red eléctrica de la Colonia. Aunque iban los de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), todo el tiempo le hablaban; cuando se reventaba alguna línea, a él hablaban. Él veía unas plantas donde metían el triplay, troncos y todo el material, y además le daba mantenimiento a las líneas eléctricas de la fábrica, que eran de muchos watts. Era jefe de mantenimiento de la fábrica hasta que cerró.
“Dios es tan grande. A pesar de que mi papá se enfermó (le pasó a dar un coma diabético, se le subió mucho su azúcar en que empezó a tomar), mi hermana Esperanza (Lanchi) era enfermera acá en Mérida y lo mandó traer. Me acuerdo que Leno (Magdaleno Canto) lo trajo, se ofreció porque la ambulancia de la Colonia no tenía chofer y mi mamá se desesperó y quería que lo trasladen acá, ya que aquí estaba mi hermana. Duró varios meses acá, no lograban curarlo, pensaron que era muy grave. Él no sabía nada de la huelga. Cuando lo trajeron a ingresar al hospital Juárez todavía estaba trabajando la fábrica. Cuando se recuperó se enteró y le habló al ingeniero Rafael Villamil que estaba de gerente y éste le dijo: ‘Usted no se preocupe, usted va a seguir con su trabajo.’ ‘Pero estoy muy asustado,’ le respondió mi papá. Ellos ya se iban a ir, entonces mi papá decidió continuar con su trabajo a pesar de la huelga, luego vino una auditoría, una investigación y lo estaban involucrando en cosas que no eran. Él no era administrativo, ni siquiera estaba en ese momento cuando estalló la huelga.
“Recuerdo que fueron unas personas a la casa, los recibió muy bien, y después de averiguar se fueron tranquilos, no le encontraron nada. Mi mamá nos dijo que no nos preocupemos.
“Ya que cerró la fábrica, mi papá puso su taller propio y se fue a la Comisión Federal de Electricidad a ofrecer sus servicios. Él no pertenecía a la empresa paraestatal, solamente le prestaba sus servicios,” recuerda Gaby con voz queda, hablando a veces con pausas, pero de manera clara de sus recuerdos.
Continuará…
L.C.C. Vicente Ariel López Tejero




























