El lirón

By on abril 1, 2021

Es un cariñoso animal perteneciente a la familia de los gliridae. Los glíridos son una familia de roedores esciuromorfos conocidos popularmente como lirones. Hay distintas razas esparcidas por Eurasia, en países de Oriente Medio y en África.

Conforman la especie de roedores con mayor antigüedad del planeta, porque han estado en la Tierra por más de 30 millones de años. De este animal se deriva la famosa frase “Duermes como un lirón.”

Los lirones son roedores pequeños. Se encuentran en casi todo el continente europeo, principalmente el Lirón avellano, que habita en regiones boscosas donde se les ve subiendo por los árboles; encima de estos suele vivir y alimentarse, así como en matorrales junto a los ríos, en huertos, construcciones y hasta en jardines. Existen especies que se localizan en lugares muy altos.

Es un Mamífero roedor, de color gris, con tonalidades pardas que destacan sobre su lomo; algunos presentan en sus ojos unas manchas negras que semejan a un antifaz, y que lo tipifican como el conocido lirón careto. Los hay también de otros colores, como por ejemplo el lirón marrón avellana. Se considera pequeño, de cabeza chica, con largas y sobresalientes orejas. Mide de 10 a 17 cm de largo, excluyendo su peluda cola la cual es larga, con una extensión más o menos similar al cuerpo. Es de aspecto robusto y está cubierto de copioso pelo; llega a pesar de 50 a 120 gramos, las hembras pesan más. Posee patas flexibles con cinco dedos. Tiene un gran parecido con los ratones, pero se diferencia de estos porque vive en los árboles. Está emparentado con otros conocidos roedores como las marmotas y las ardillas.

El lirón gris en general es un animal omnívoro, pero es más herbívoro; se nutre de vegetales y plantas como zanahoria, pepino, calabacín, berenjena, frutas como mora, frambuesa, fresa, uva y kiwi. El lirón come proteína animal extraída de grillos, saltamontes y hormigas que le son de gran agrado. A pesar de su tamaño, es capaz de cazar pequeños conejos y liebres.

Su esperanza de vida oscila entre los 5 y 6 años en ambiente silvestre. Esto se debe a la amenaza constante de sus depredadores que lo devora de forma fácil y rápida. Si está domesticado, puede alcanzar unos nueve años, siempre y cuando se le provea los cuidados necesarios, pues hay que tener presente que cada especie tiene requerimientos específicos.

Es un ser nocturno, muy sociable, les gusta vivir en grupo, muy buen trepador, puede saltar de una rama a otra e incluso a otros árboles.

Para hibernar acondiciona, en un hueco o en un lugar subterráneo, una especie de nido con pelaje y plumas donde pasará su largo periodo.

Hibernar supone una auténtica prueba de fuerza para el organismo de los animales, conformando una serie de alteraciones que modifican seria y profundamente las constantes vitales del animal hasta llevarlas al límite más bajo.

Para iniciar esta fase, el lirón debe hacer buen acopio de reservas en su cuerpo. Antes de hibernar se alimenta de frutos secos para obtener la grasa suficiente requerida durante el invierno. Debido a esa necesidad, las semanas previas resultan de una frenética voracidad para estos animales, que no paran de recorrer el bosque arriba y abajo, sin dejar de engullir cuanto les sale al paso: lombrices, bellotas, caracoles, hayucos.

Con esos aportes suplementarios de alimento, y gracias a la acción de las glándulas sebáceas, el lirón irá llenando los depósitos de grasa bajo la piel hasta casi doblar su peso, provisiones que después le abastecerán de la energía necesaria para mantener las constantes vitales durante el largo sueño. Mientras dure ese letargo, el organismo del pequeño mamífero empezará a dejar de realizar algunas de las funciones más importantes, muchas de ellas vitales. Los riñones empiezan a reducir poco a poco su ritmo de trabajo para ir reteniendo la mayor parte de los líquidos. El ritmo cardíaco desciende y baja de revoluciones hasta convertirse en un lento palpitar apenas apreciable. Un lirón careto puede llegar a reducir su temperatura corporal hasta los cero grados, pasando durante la hibernación de las trescientas pulsaciones por minuto que mantiene en plena actividad a apenas cinco.

La respiración se vuelve casi imperceptible, el cerebro entra en fase de desconexión y pasa a controlar únicamente las funciones básicas; la linfa se acumula en los vasos sanguíneos y la temperatura corporal deja de ser regulada para ir descendiendo hasta acercarse e incluso igualar la temperatura de la madriguera. Durante este tiempo pierde aproximadamente la mitad de su peso y puede debilitarse un poco. Si observásemos a un lirón durante el descanso invernal pensaríamos que está muerto.

El período de hibernación del lirón empieza al llegar el invierno y suele durar más de ocho meses, desde mediados de otoño hasta casi finalizada la primavera. Todos estos cambios fisiológicos mantendrán al lirón apenas sujetado a la vida durante los meses que dure el aletargamiento.

Al culminar el lapso de hibernación entra en celo, se inicia el cortejo, la copulación y el embarazo, que tiene una duración de 23 días. En este parto pueden tenerse de tres a cuatro crías. Generalmente nacen entre abril y junio. Son amamantados durante un mes, tiempo en que los pequeños lirones son cuidados por su madre para luego independizarse. La hembra ya a los cinco meses está apta para procrear. Para el mes de julio, en la segunda quincena, la lirón tiene otro periodo de celo que finaliza en septiembre con otra camada de crías. Esta suele ser superior a la primera, pudiendo llegar hasta siete.

Se sabe que aves rapaces nocturnas y animales como el zorro y el gato montés son sus depredadores más frecuentes. Para defenderse, el lirón careto logra que el depredador dirija la atención hacia un penacho que tiene al final de su cola. Al intentar atacarlo por allí el penacho se desprende, momento que aprovecha para escapar.

La acción del hombre ha constituido también una amenaza para estos roedores, porque han eliminado grandes extensiones de bosques. Los más afectados son los lirones avellanos que cada día cuentan con menos terrenos para desarrollarse.

Como siempre, el humano contribuyendo a la extinción de las especies. Debemos educar a las nuevas generaciones sobre el cuidado de bosques y áreas naturales. Que ese sea nuestro legado y no el de destrucción.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.