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El Lenguaje Inclusivo

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PARA LA COMPRENSIÓN DE LA DISCAPACIDAD

Aída López Sosa

El término “Discapacidad” se ha ido trasformando a través de los siglos, enfocado con diversas perspectivas de la sociedad y las legislaciones no solo en cuanto a su conceptualización, sino también en las diversas definiciones que van desde las que tienen un trasfondo negativo a las que permiten cierta flexibilidad en el entendimiento de la acepción. En el intento de brindar mejores oportunidades de desarrollo a las personas con algún padecimiento, los expertos y defensores de la minoría más amplia cambian palabras e ideas dentro de las varias definiciones de discapacidad que tenemos.

El concepto continúa evolucionando, como resultado de la interacción entre las deficiencias y el entorno. En 2017, un profesor de fisioterapia de la Universidad de Bilbao solicitó a la Real Academia de la Lengua (RAE) una enmienda a la definición de Discapacidad, que cambiara la manera tajante del término que en ocasiones no corresponde a la realidad debido a que trataba a las personas como impedidas total o parcialmente para el desempeño de tareas. Después de tres años, el 24 de noviembre de 2020 -días antes de conmemorar el Día Mundial de la Discapacidad-, la RAE modificó finalmente la definición, quedando asentada en la virtualidad como: “Situación de la persona que por sus condiciones físicas o mentales duraderas se enfrenta con notables barreras de acceso a su participación social.” Estará impresa en 2023, cuando los 300 años de la institución.

La definición de Discapacidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación”.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU): “La discapacidad es una condición que afecta el nivel de vida de un individuo o de un grupo. El término se usa para definir una deficiencia física o mental, como la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o varios tipos de enfermedades crónicas.”

Lo cierto es que dentro de la gama de discapacidades hay variedad de intensidades y combinaciones, haciendo único cada caso. Las condiciones sociales, políticas y económicas, son factores de gran influencia en la calidad de vida de la persona limitada. Las políticas públicas adoptadas por cada país tienen impacto directo en la educación, los servicios de salud y las oportunidades laborales a los que estas personas pueden tener acceso.

Si bien las organizaciones mundiales han declarado derechos universales, no todos los gobiernos las aterrizan para obtener resultados favorables. Un autobús que no cuente con rampa de acceso para subir la silla de ruedas, espacios adaptados en el interior, o un edificio que no tenga las pendientes para facilitar el traslado, resultará en que la persona encuentre dificultades para obtener el servicio e impida su inclusión.

Las discapacidades, como mencioné antes, van desde las temporales hasta las permanentes. En este caso nos avocamos a las permanentes; dentro de estas se enumeran las motoras, intelectuales, psíquicas, sensoriales, viscerales y múltiples. Las discapacidades intelectuales son invisibles, lo que complica el entorno de la persona al no ser detectables y confundirse con una mala actitud. Las sensoriales, como la ceguera y la sordera, si bien limitan la comprensión, posibilitan que los individuos desarrollen con éxito trabajos manuales. Las que implican limitaciones en la movilidad posibilitan el desarrollo de trabajos intelectuales en los que no se requiera la movilidad para desempeñarse; así, vemos seres con parálisis cerebral que son brillantes en su intelecto. Existen personas con trastornos psíquicos como la esquizofrenia que cuando se controlan con medicamentos logran una vida familiar y laboral aceptable. Los padecimientos viscerales, como los cardiacos, son aptos para trabajos que no impliquen grandes esfuerzos físicos. En el caso de las discapacidades intelectuales como el retraso mental, dependiendo de la severidad será el desarrollo que puedan tener en la sociedad. La combinación de padecimientos hace cada diagnóstico personalizado, la multiplicidad dificulta la integración del individuo a las tareas cotidianas.

Se calcula que el 15% de la población mundial presenta alguna o varias discapacidades, según datos del último informe de la OMS y el Banco Mundial, cifra que aumenta con los años y las enfermedades crónico-degenerativas. Los Derechos de las Personas con Discapacidad están enfocados en proteger y asegurar la igualdad y las libertades; promover el respeto, autonomía, dignidad e inclusión; asimismo, garantizar sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales. En México, en 2011, se realizó una reforma constitucional para darle carácter de obligatorio a mencionados derechos desde los distintos órdenes de gobierno.

El reto es que las personas con capacidades diferentes reciban un trato igualitario, sin discriminación, acceso a trabajos dignos. Aún falta que se comprenda la discapacidad como una condición, no como un problema.

Urge un lenguaje universal y positivo para clasificarla.

Confiemos en que la nueva definición de la RAE signifique un avance para aproximarnos a lo que aspiramos como humanidad.

*Texto leído durante la tertulia “Voz y pluma” acerca de la Discapacidad, organizada por la Biblioteca Pública de Heredia en coordinación con la Unidad Hispanomundial de Escritores en Costa Rica.

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