El Ferrocarril en la Antilla Mayor

By on junio 21, 2019

Atisbando Cuba

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Máquinas de museo.

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

Hoy haremos un recorrido por la historia del ferrocarril en Cuba. En muchas de mis visitas a la isla he abordado estos trenes que siguen movilizando a sus habitantes de La Habana, al poniente, hasta Pinar del Río y a oriente hasta Santiago y Guantánamo, visitando la mayor parte de sus ciudades provinciales.

Muchas semanas tomé el ferrocarril de la Habana a San Antonio de los Baños y de regreso, o viajaba en el de vía angosta desde la terminal de Tulipán, deteniéndome en Guira de Melena para los viernes sociales en casa del musicólogo Helio Orovio, o los domingos en la tertulia del Museo de la Ciudad del antiguo Arigüanabo, donde leía algo de poesía. Rafael Lauzán –ahora en Suiza– entonaba sus canciones y para uno de mis cumpleaños musicó dos poemas de mi autoría que las alumnas de la escuela secundaria hicieron poesía coral, como un gesto de atención a mi persona.

Cuba es el séptimo país del mundo en poseer ferrocarril, y hasta la fecha posee más de 9300 km compuestos por vías férreas, siendo la única isla del Caribe que lo tiene hasta ahora. Sin embargo, el ferrocarril sufrió un estancamiento en su desarrollo que lo ha distanciado considerablemente de los estándares europeos o norteamericanos. Por ejemplo, las vías electrificadas no lograban llegar a los 200 km de longitud. Y la puntualidad de los trenes no tiene muy buena fama que digamos, con la excepción del llamado “Especial” o “Francés”, que va de La Habana a Santiago de Cuba. Este ferrocarril fue habilitado en Cuba para la década de 1830. Su promotor fue Claudio Martínez de Pinillo, el Conde de Villanueva, criollo de origen español.

Cuba exhibe con orgullo estos museos rodantes. 

Cuba exhibe con orgullo estos museos rodantes.

La locomotora más antigua conservada en Cuba es «Junta de Fomento». Fue declarada Monumento Nacional en el 2002, y se llama así en reconocimiento a la magna obra del Conde de Villanueva. Su debut ocurrió en Matanzas, el 16 de agosto de 1843. Representa el símbolo del inicio del ferrocarril, no solo en la isla, sino en el mundo. Más del 70 por ciento de las piezas actuales son las originales. Autorizado por la Reina Isabel II, el ferrocarril fue financiado por bancos ingleses, con un costo estimado de dos millones de pesos en oro. En la construcción de los primeros tramos murieron más de 2.000 trabajadores, muchos de ellos en régimen de esclavitud. Comenzaron a construirse de manera independiente tramos ferroviarios a lo largo del país que se unirían años más tarde, en 1902, cuando el Presidente Tomás Estrada Palma, inaugurara la vía Habana – Santiago, aunque esta idea data de 1853.

El ferrocarril sufrió un estancamiento en su desarrollo que lo ha distanciado de los estándares europeos y norteamericano.

El ferrocarril sufrió un estancamiento en su desarrollo que lo ha distanciado de los estándares europeos y norteamericano.

Tras el triunfo de la Revolución, se creó la Empresa Consolidada de Ferrocarriles Nacionales, y se importaron 80 locomotoras de la URSS, Francia e Inglaterra. Se reconstruyó la línea central, y el 29 de enero de 1975 se realizó un acto por la conclusión del primer tramo de vía.

Muchas razones, entre ellas económicas, detuvieron el desarrollo ferroviario en el país. Las máquinas de entonces son las que aún se deslizan por las vías, llevando en su interior indescriptibles inventos que sustituyen las ya obsoletas piezas y las mantienen vivas, pues el empeño y el ingenio de los cubanos es de temer.

Cuba, que además se jacta de su singularidad, exhibe estos museos rodantes, que son hoy el atractivo de los turistas quienes, tras el chirriar de la chimenea, se aglomeran próximos a la línea para fotografiar al monstruo que se abalanza sobre ellos.

Aún con las condiciones adversas, los ferrocarriles siguen prestando un servicio único a la población de la isla. He viajado por tren de la Habana a Santiago en una sola ocasión y La Habana -Guantánamo en tres, por lo cual sintetizaré esta aventura. En el viaje a Santiago, para el Festival del Son, me llamó la atención el carro comedor con aire acondicionado, donde pasé la mayor parte del viaje. Este vagón fue vendido por México cuando desmantelaron el Ferrocarril del Sureste, y los equipos completos que hoy recorren la isla hasta la antigua Provincia de Oriente fueron adquiridos.

El trayecto en Ferrocarril siempre lo hice acompañado de los doctores Manuel Sevila y Elizabeth Pereira Ralis, para hacer más agradable el trayecto. Salíamos de la terminal de La Habana, cerca de los muelles, a las 2:30 pm, para llegar a Guantánamo a las 8.30 de la mañana. Aprendí que había que llevar un termo de café, y en casa me preparaban una botella de dos litros de agua congelada, envuelta en una pequeña toalla, para siempre tener agua fresca, acompañados de cuatro bocadillos para paliar el hambre. En pocas estaciones hay gente vendiendo algo, aunque en Camagüey subieron al tren a vender bocadillos, y galletas con pasta de guayaba y queso. Siempre pudimos ayudar a alguna madre con un bocadillo para ella y su hijo que lloraba; los baños no habían recibido mantenimiento y estaban sucios, nada que ver con el carro comedor a Santiago. Pude conocer sus terminales cuando no era de noche. Me fue interesante recordar cuando viajé en tren en mi juventud –Mérida a Progreso, Mérida a Campeche y Mérida a Tizimín–, y mi primer viaje largo por ferrocarril, en el año 54 del siglo anterior, de Mérida a Allende en Veracruz,  en el mismo Ferrocarril del Sureste que fue posteriormente vendido a Cuba, y luego cruzar en panga a Coatzacoalcos, para tomar el ADO para seguir a Ciudad de México, al CEDOM Comité Deportivo Olímpico de México– y prepararme en la especialidad de halterofilia para dar las marcas estatales y nacionales, y entonces integrarme a la Selección Nacional de México en los Juegos Panamericanos de 1955, en nuestro país.

Los ferrocarriles nunca debieron desaparecer en el sureste mexicano, ya que del centro al norte siguen operando como medio de carga. Son pocos los que quedaron para transporte de pasajeros, con dormitorios y carros comedores, como los de Veracruz, Jalisco y el Chihuahua Pacífico en el norte, en un viaje inolvidable.

Espero que en este nuevo gobierno sea una realidad el Tren Maya, que recorrerá Mérida, Cancún, Riviera Maya, Campeche, Chiapas y Tabasco, como una ruta turística para conocer las zonas arqueológicas, playas y selvas vírgenes que todavía nos quedan.

Abur.

Ferrocarriles en Cuba.

Ferrocarriles en Cuba.

Fuente

https://www.todocuba.org/descubre-los-museos-rodantes-traves-toda-cuba/

Archivo AHGA.

 

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