El Ch’Ene It

By on mayo 4, 2017

Compilacion_2

El Ch’Ene It

AUTOR:

PROFRA. MARÍA DALILA CASANOVA FERRÁEZ

LUGAR:

MUNA, YUCATÁN

Aquel día, la gente se arremolinó para ver el cadáver tendido en el suelo en medio de la presidencia municipal. A pesar de estar desfigurado por la sangre que cubría su cuerpo y rostro, nadie sentía pena o lástima por él; al contrario, se alegraban, o simplemente guardaban silencio.

Era robusto, de mediana estatura, mal encarado y lleno de cicatrices. Todo el que lo veía se aterrorizaba, no solo por su apariencia, sino por su fama de ladrón y violador.

Nadie sabía con exactitud donde se escondía, tal vez en las cuevas que abundaban en el pueblo o en la espesura de las milpas y terrenos abandonados. El caso era que todos le temían a Ch’ene it.

Este singular personaje trajo en un hilo a todo el pueblo; dicen que cuando era pequeño tenía la costumbre de acechar por las rendijas de las casas para ver que se bañen las jovencitas; luego empezó a robar las prendas íntimas (de ahí el sobrenombre de Ch’ene it), siguió con algo de comida y lo que llamara la atención. Fue pasando el tiempo y la curiosidad se convirtió en hábito; por las noches, cuando todo estaba en silencio y las casas cerradas con aldabas y trancas, las velas apagadas, las hamacas colgadas, los mayores de la casa permanecían despiertos cuidando más que nada la honra de sus hijas. Quizás por tantas noches de desvelo o por cansancio siempre terminaban dormidos.

Como un adivino, Ch’ene it entraba sigilosamente y, después de llenarse los bolsillos con las alhajas y el poco dinero de la gente, hurgaba las hamacas hasta llegar con las doncellas y, sin pudor alguno, las hacía suyas, tapándoles la boca con un trapo húmedo.

Cuando al fin podían gritar –¡Aquí está Ch’ene it, aquí está Ch’ene it! –, todos los vecinos salían de sus casas armados hasta los dientes con escopetas, picos, palos y piedras; pero de Ch’ene it, ni sus luces, como si la tierra se lo hubiera tragado.

Pero una noche…

Había algo que flotaba en el ambiente, algo que nadie podía describir, que causaba ansiedad, angustia y desesperación. Esa noche la luna, por solidaridad, escondió sus cabellos de plata, dejando a su paso la obscuridad, y es que un grupo de vecinos se había puesto de acuerdo para atrapar a Ch’ene it.

“Le llegó su hora, la luna se ha ido” –comentó uno de los vecinos–.

“Ni la obscuridad le va a ayudar, pues trajimos suficientes lámparas” –comentó otro.

Un ruido les alertó, indicándoles que el momento había llegado. Los latidos de los corazones se empezaron a escuchar con fuerza. Apagaron las linternas y prepararon las escopetas. Los furibundos padres de las victimas avanzaron con pasos firmes, dispuestos a todo.

De pronto, el ruido cesó: algo imprevisto había sucedido. Tal vez Ch’ene it, presintiendo lo que ocurría, detuvo los pasos, escondiéndose entre los árboles que rodeaban los cerros.

La espera fue larga…

“Es media noche”–comentó alguien.

“Tengo sueño”–dijo otro.

“¡Vámonos! ¿No ven que Ch’ene it tiene más vidas que un gato? No es la primera vez que se le intenta matar” –sugirió un tercero.

“Es verdad, hace poco le dieron un disparo en el pie, y el muy ladino se atrevió a amenazar con matar a la familia completa donde había entrado a robar y, como siempre, había abusado de la más joven y bella de las víctimas.”

“Ya es mucho abuso de su parte, el pueblo necesita paz y tranquilidad.”

En ese instante, todos callaron, pues unos pájaros revolotearon, dando paso a una silueta que con su andar movía las ramas. Al fin estaba cerca.

Nuevamente latieron con fuerza los corazones; todos estaban quietos, asustados, como paralizados por el miedo, tanto que éste pasó junto a ellos sin que se atrevieran a disparar.

Pero entre ellos había uno, uno que había sido víctima y que había quedado en la miseria total, que no tenía nada que perder… Enseguida vio su oportunidad, aligeró sus pasos hasta tener a su presa en la mira, apuntó sin titubear.

El disparo se confundió con los gritos de dolor; en ese momento se acercaron todos lentamente, para comprobar si estaba muerto. Herido de gravedad no estaba: la bala había penetrado de tal forma que lo inmovilizaba. Como era su costumbre, Ch’ene it con gran seguridad vociferó:

“Se van a arrepentir, me las van a pagar con lo que más les duele.”

“Pobre diablo te hundiremos en la cárcel y jamás… escúchalo bien, jamás volverás a ver la luz del sol” –dijo el más cercano.

“Eso es lo que creen. Lo que no saben es que saldré más pronto de lo que imaginan y entonces…”

La frase quedó incompleta.

Otro ruido estremecedor ensordeció a los presentes, al mismo tiempo que la sangre corría por el suelo. Todos se miraron unos a otros, incrédulos ante lo sucedido: ¡CH’ENE IT ESTABA MUERTO!

Cuentan los que lo conocieron que este personaje amasó una gran fortuna, y que aún existe, tal vez enterrada en alguna cima de los cerros del pueblo, o quizás escondida en alguna cueva. Fueron muchos los que en vida trataron de seguirle, pero él, muy hábil e inteligente, sabía engañar a todo aquel que intentó conocer el gran secreto que se llevó a la tumba.

CompilacionIX_1

 Continuará la próxima semana…

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