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Henrique González Casanova
Ermilo Abreu Gómez nació en 1894, en Mérida, Yucatán. Es uno de los más famosos escritores mexicanos; sus obras de crítica, sus obras de creación, su tarea de maestro en México y en el extranjero, han servido a más de una generación, y han consolidado su merecido prestigio. Una de sus obras más hermosas es Canek. Este pequeño misterioso, lleno de bondad y malicia, de dulzura y energía, deja en el lector una huella honda. Escrito con grata sencillez, en sus palabras directas, claras, precisas, esplende desnuda la armonía más lograda –ética y estética– de nuestras narraciones indias contemporáneas. No sé qué recuerdo con mayor gratitud de la ya remota primera lectura de estas páginas: la diáfana claridad del estilo, la penetrante emoción del relato, el sentimiento de justicia que promueve de amor al débil, de odio al poderoso e injusto, todo contribuye a despertar en el lector joven, al ritmo de la lectura, una conciencia; a hacerlo que se dé cuenta de que la tiene y de que sirve para algo.
Ermilo Abreu Gómez, el autor de Canek, figura entre los grandes escritores de nuestra tierra. Ha sido un maestro y un poeta. Su erudición cierta no opone tropiezos a quienes escuchan sus fáciles lecciones. Su estilo, su crítica, su creación, le han abierto las puertas de la fama: pero no lo han hecho desprenderse de su modestia. Vive pobre, un poco solo, dando sus lecciones, leyendo, escribiendo; en medio de una bondad suya que se refleja en las páginas de este libro, y que es tanta que lo podría llevar a destruir las bases de una sociedad para hacerla mejor. Ha escrito mucho, y bueno: el que persevera en la tarea literaria dará con sus libros una y otra vez, y disfrutará los encantos que encierran y que difunden; pero a todos los lectores de Canek este libro les dejará un trasunto de moral y de gusto imborrables: por eso quisiéramos la lectura de Canek entre los que se destinan a formar –y a fortalecer– la moral común de una nación que aspira a la justicia.
Poco tendrá que leer quien tome en sus manos este libro para saberlo: Canek es la historia de un indio maya, es la historia de un héroe, que emerge de la injusticia del pasado y se hace presente en la injusticia de hoy, con la razón y la esperanza. Es una historia de rebeldía y de amor. El niño Guy recibe la herencia del hombre antiguo; pero muere, y Exa, la misteriosa niña que amaneció un día entre los cerdos, y que recibió de Guy los colores del espectro, del sol, de la luz, desaparece; el padre Matías es echado del templo por los comerciantes, porque el padre Matías tenía el permiso del padre Matías para hacer la caridad cristiana. El desposeído pierde así la expectativa de salvar a los suyos por la ternura y el amor. Quedan el dolor y la fuerza, tamizados por la sabiduría, que son la base de un pensamiento viril, enérgico, que culmina en la acción heroica.
El pensamiento a veces mágico de Jacinto Canek, el héroe, se aviene a maravillas con la expresión simbólica, con la paradoja; símbolos y paradojas que a veces quedan sin esclarecer, pero que dotan de un halo de misterio al héroe y nos dan la impresión de que sabemos lo que quiere decir. Paradojas y parábolas, metáforas de una realidad que sin embargo se nos ofrece desnuda, sólo envuelta en su propia poesía, hacen de esta historia una fantasía, un cuento, una fábula, construida en estampas que una mano firme y segura ha hecho con las palabras precisas para producir la simpatía y dejar hendida la memoria, avivada la conciencia de que el mal y el bien son obra de los hombres.
(Prólogo al Canek de Ermilo Abreu Gómez. Colección Lunes. Antigua Librería Robredo, México, 1967).
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El título fue puesto por la redacción.
Diario del Sureste. Mérida, 5 de julio de 1970. Suplemento Cultural número 859, p. 1.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























