El Barrio Chino en La Habana

By on octubre 10, 2019

Atisbando Cuba

Entrada al Barrio Chino de La Habana.

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

Estar en La Habana, sin caminar por el Barrio Chino y degustar su comida oriental es perder una oportunidad de conocer, en cualquiera de sus múltiples restaurantes, una magnífica muestra culinaria entre china, cantonesa, japonesa y variantes exóticas de la gastronomía asiática, a muy buen precio y sobre todo abundante y variada.

Mi primera incursión a este barrio la hice acompañado de Nicolás Rodríguez Guillén, miembro de la UNEAC, Presidente de la Fundación Nicolás Guillén, Decano de la Facultad de Ciencias Matemáticas y mejor amigo.

Recuerdo que fue una atención a mi persona. Nicolasito –así le dicen sus amigos– por atención también invitó al Dr. José Loyola Fernández, que en esos momentos (1993) era Vicepresidente Primero de la UNEAC –Unión Nacional de escritores y Artistas de Cuba– y al Lic. Humberto Rodríguez Manso, que falleció hace cinco años y estaba escribiendo las «Memorias de la UNEAC”. Manso estuvo en Mérida, donde se le dio información sobre la visita de Nicolás Guillén – el Poeta Nacional de Cuba– para su libro “México en Guillén”.

Cual Mosqueteros con Dartagñan, participamos en esa aventura de cenar y caminar el Barrio Chino. Para la sobremesa, la charla se tornó amena con la participación de mis cultos acompañantes y amigos, deleitándome con sus conocimientos sobre la Historia y Cultura de los Chinos en Cuba.

El 12 de enero de 1847, más de 300 campesinos chinos, fueron contratados como braceros, embarcaron en la fragata Oquendo, en el puerto de Amoy, en Cantón, en dirección a la isla de Cuba.

Iban vestidos con atuendos ideales para realizar labores agrícolas. Todos soñaban con mejorar económicamente y poder ayudar a sus familias a salir de la miseria. La esperanza de regresar pronto a casa estaba en sus corazones. El 3 de junio de aquel año, después de ciento cuarenta y dos días de viaje y atravesar dos océanos, entraban en el puerto de La Habana los 206 sobrevivientes de la dura travesía.

Diez días después de la llegada del Oquendo, llegaban a Cuba otros 365 chinos a bordo del Duque de Arguile. Durante el siglo XIX llegaron a la isla miles de chinos que vinieron a ocupar el lugar de los esclavos en el duro trabajo de las plantaciones de caña de azúcar, que constituían la mayor fuente de riquezas de la nación cubana.

Se había prohibido el comercio de esclavos provenientes de África, por lo que China se convirtió en la nueva proveedora de mano de obra barata.

Los trabajadores asiáticos venían con un contrato por ocho años. Pocos alcanzaron a regresar a su país con algo de dinero. No les quedó otra alternativa que permanecer en las labores agrícolas, o quedarse en algún asentamiento, especialmente en La Habana, trabajando en oficios diversos.

En lo que hoy es Centro Habana, en las cercanías de las calles Dragones, Zanja, Rayo y San Nicolás, modestamente se asentaron muchos chinos. Ejercieron profesiones como lavanderos o vendedores ambulantes de viandas, frutas, verduras etc. Así nació lo que hoy conocemos como el Barrio Chino de La Habana.

Tiendas asiáticas en la Habana.

Crearon sociedades como medio para facilitar su estancia en la isla, y su supervivencia económica y cultural. La mayoría de las sociedades se localizaron en el Barrio Chino de La Habana, y con ellas protegían su identidad y buscaban modos de mejorar su situación. Estas sociedades crearon un asilo para ancianos chinos, un periódico y un cementerio que, aún hoy, existen.

Debido a la Revolución del país asiático se detuvo la emigración, y con el triunfo de la Revolución cubana algunos chinos comerciantes decidieron abandonar la isla. Como consecuencia, en la década de 1960 se observó una disminución de la población china en Cuba. Hoy en día solo quedan algunos descendientes, los cuales organizan y propician el desarrollo de sus sociedades y la conservación de sus costumbres y tradiciones, las cuales han sufrido la transculturación.

Los inmigrantes procedentes de China eran en su gran mayoría hombres. Al contrario de las comunidades chinas en otros países, los chinos en Cuba se vieron en la necesidad de formar una comunidad abierta, al unirse a las mujeres negras, mulatas o provenientes de las Islas Canarias. Los rasgos étnicos de los descendientes chinos son verdaderamente la herencia que nos han legado. Debido a que la crianza de los mestizos chinos estuvo en manos de sus madres cubanas, los hijos asumieron la cultura, el idioma y las costumbres de las mismas. De hecho, ni siquiera llegaron a aprender el idioma de sus orígenes.

Comunidades de Chinos en Cuba.

El arraigo de los chinos en la isla y su sentido de pertenencia los llevó incluso a participar en el bando mambí en las guerras de independencia: «no hubo un chino cubano desertor, no hubo un chino cubano traidor», dijo Martí en alguna ocasión. La historia cubana lleva a los chinos en ella, quienes aportaron sus rasgos, presencia y herencia. Aunque su influencia no ha sido tan visible como las de las culturas de los que llegaron de África, se han convertido en parte imprescindible e importante de la historia y la cultura cubana.

A mis compañeros acompañantes a convivir en el Barrio Chino habanero: mis saludos cordiales a Nicolasito, por sus atenciones y gratos recuerdos cuando hablamos de su abuelo; a Loyola, por mantener nuestra comunicación al día e invitarme para asistir anualmente al Festival “Boleros de Oro”; y a mi hermano de Logia, Humberto Rodríguez Manso, por su verticalidad de pensamiento y la fuerza de sus escritos, su lealtad de combatiente y su familia. Siempre me recibe como el tío preferido para él, que ahora es guardián de una columna masónica en el Eterno oriente. Para todos ellos mi respeto y el abrazo fraterno con el ósculo de paz. Abur.

Fuentes

https://www.todocuba.org/chinos-en-cuba-entre-mitos-y-realidades/

Archivo AHGA

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