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El auténtico significado de ser roquero

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A lo largo de los años, desempeñando la labor de periodista, caricaturista profesional y gestor cultural, la mayoría de mis amistades me relacionaban directamente con el rock. Me decían que era roquero al relacionar mi eterna melena con mi gusto por este género musical, el cual siempre ha sido mi favorito; quienes realmente me conocen saben que además escucho mucha música clásica, blues, jazz, instrumental, bandas sonoras de películas, trova, etcétera.

Mi gusto por el rock me acercó a otras disciplinas artísticas. Por ejemplo, retroalimentó mi gusto por la lectura al combinar libros de H.P. Lovecraft escuchando a Black Sabbath, o bien obras de Tolkien con Led Zeppelin. Con el dibujo, me alimenté de la gran explosión creativa que emergió a borbotones en la década de los 60s.

Mi relación con el término “ser roquero” se da porque a través de los años he seguido en primera persona la evolución del rock en Yucatán, en México y también a nivel global, estudiando su historia, entrevistando, recopilando, investigando, aportando a través de la creación de espacios como Metalmorfosis en la televisión local (en TV Azteca Mérida y Tele Yucatán), produciendo festivales, conciertos y eventos multiculturales, abriendo puertas a los talentos emergentes no solo del rock, sino también de otras propuestas alternativas.

He conocido a muchas amigas que son roqueras, viven la música con pasión, asisten a los eventos, consumen los productos de nuestros artistas, se suman a iniciativas productivas. También tengo colegas que se vuelven amigos al respaldar nuestras mejores iniciativas, como Jorge Carlos Cervera, Carlos Vivas Robertos, Julio Cauich Campos, Eric Flota Polanco, Iván Martínez, entre muchos más. Todo esto me ha edificado de manera orgánica y tengo la fortuna de seguir disfrutando del género, aportando para su desarrollo en mi zona de influencia.

Todo esto viene a colación por una duda que surgió a través de un comentario cuestionando si soy realmente un roquero. Este provino de alguien que evidentemente no me conoce. Lo importante para mí era contestar la siguiente interrogante: ¿qué define a una persona como amante del rock?

Primero que nada, ser roquero no depende de la apariencia, sino de la afinidad con una cultura que valora la autenticidad, la libertad y la pasión. El rock es para muchas personas, entre las que me incluyo, mucho más que un género musical: constituye una forma de entender la vida, la creatividad y la relación con la sociedad.

Un verdadero amante del rock encuentra en esta música una fuente importante de identidad, inspiración y expresión emocional. No significa que necesariamente tengas que tocar un instrumento, vestir de negro, tener el pelo largo, o conocer todas y cada una de las bandas existentes. Lo esencial es la conexión con los valores y la energía que históricamente han acompañado al rock.

Las características frecuentes de quienes abrazan la cultura de rock son la valoración de la autenticidad, el espíritu crítico y la pasión por la creatividad. Vestir chamarras de cuero, tener tatuajes, llevar el cabello largo, tocar guitarra y escuchar únicamente rock no necesariamente hace de alguien un roquero.

Analizando apreciaciones de músicos, autores, investigadores y analistas del rock a nivel mundial, descubrí que la enorme mayoría coincide en que, a lo largo de las décadas, el concepto de ser roquero ha evolucionado.

En los años cincuenta, época en la surgieron pioneros como Chuck Berry o Little Richard, ser roquero significaba desafiar las normas sociales establecidas. En los sesenta y setenta, artistas como Jimi Hendrix, The Beatles y Led Zeppelin, vincularon el rock con la exploración artística, la libertad de pensamiento y la búsqueda de nuevas formas de expresión. En los ochenta y noventa, movimientos como el punk, el metal, el progresivo, el grunge y el rock alternativo apostaron por nuevas interpretaciones, conservando la idea central: pensar por uno mismo.

Quienes abrazamos la cultura del rock generalmente valoramos la autenticidad, admirando a quienes son genuinos, sin ceder ante modas o presiones externas. Conservamos nuestro espíritu crítico, cuestionando el poder, las injusticias sociales, la censura y las convenciones impuestas. Mantenemos nuestra pasión por la creatividad, admirando y disfrutando la música, la literatura, el cine, el arte gráfico y cualquier manifestación artística que rompa esquemas.

Como parte del Colectivo Metalmorfosis, estoy orgulloso de mi sentido de comunidad, creando unas muy sólidas, conciertos, festivales y clubes que crean vínculos duraderos.

No puedo concluir este análisis sin resaltar la constante búsqueda de libertad personal y la independencia de criterio, valores recurrentes dentro de la cultura rock, o la lealtad que muchos aficionados mantienen durante décadas en su aprecio por bandas, álbumes y movimientos que marcaron momentos importantes en sus respectivas vidas.

Los estereotipos también existen, pero la realidad es que el rock ha reunido a personas de distintas edades, profesiones, ideologías y contextos sociales.

Por todo esto y más, el rock es cultura.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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