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Ejerciendo auténtico periodismo de difusión musical

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Tras recibir y aceptar la invitación para formar parte del conversatorio sobre Periodismo y Difusión Musical, decidí puntualizar lo que a mi parecer (tras más de 40 años ejerciendo el doble oficio de periodista y gestor cultural) son los puntos medulares de este compromiso social.

Esta importante charla reúne a otros comunicadores como mi querida amiga Renata Marrufo (Palacio de la Música) Alejandro “Paxux” Escalante (Rockultura), Luis Payán (Afrodita Magazine) y Fabiola Camargo (92.1 FM) este viernes 11 de septiembre, en la cineteca del teatro Armando Manzanero, a las 10 de la mañana. La entrada es libre.

El primer aspecto es dejar claro que la denominada música independiente que realizan bandas y solistas del género rock y todo lo relacionado con lo alternativo (hip hop, ska, rock indie, etcétera) incluye otros géneros como los ritmos tropicales, música más comercial, e incluso la trova yucateca. Es importante entender a qué nos referimos cuando hablamos de música independiente, porque suele cometerse un error: confundir música independiente con rock independiente o, peor aún, con una estética musical específica. “Independiente” no define un género musical sino una manera de producir, gestionar, financiar, distribuir y difundir la música.

¿Qué entendemos entonces por música independiente? Podríamos partir de una definición sencilla: La música independiente es aquella que se desarrolla al margen, total o parcialmente, de las estructuras dominantes de la industria musical, particularmente en materia de producción, financiamiento, distribución, promoción y control artístico. Esto abre muchísimo el concepto.

Una banda de rock, un proyecto de hip hop, un grupo de ska, un cantautor, un intérprete de trova yucateca, una agrupación de música tropical, o incluso un artista que hace música perfectamente comercial pueden ser independientes, siendo el factor en su condición de independiente no necesariamente lo que interpreta, sino quién toma las decisiones y cómo se sostiene su proyecto.

“Independiente” tampoco significa necesariamente “underground”. Existe una tendencia a asociar independiente = alternativo = underground = rock, cuando en realidad no son sinónimos. Un músico puede interpretar música absolutamente popular y seguir siendo independiente si, por ejemplo, financia sus propias grabaciones, controla su repertorio, decide qué canciones grabar, administra sus presentaciones, distribuye directamente su música, utiliza plataformas digitales sin depender de una gran compañía, construye su propio público, administra sus redes y su comunicación, o trabaja con sellos pequeños que no pertenecen a las grandes corporaciones.

También puede ocurrir lo contrario: una banda que musicalmente suena muy “alternativa” puede estar respaldada por una gran compañía discográfica y, por tanto, no ser independiente en el sentido industrial del término.

Hay además diferentes grados de independencia, esta no tiene que ser absoluta.

Un artista puede ser independiente en algunas áreas y depender de terceros en otras. Por ejemplo:

  • Artista A: compone, paga la grabación, contrata músicos, produce su disco y lo distribuye digitalmente. Independencia bastante amplia.
  • Artista B: produce su música por cuenta propia, pero contrata una agencia para promocionarla. Sigue siendo un proyecto independiente, aunque con servicios externos.
  • Artista C: tiene un sello independiente que financia y distribuye sus discos. Es independiente respecto de las grandes corporaciones, aunque no necesariamente autosuficiente.
  • Artista D: firma con una multinacional que financia producción, promoción y distribución y establece buena parte de las condiciones comerciales. Otro modelo, aunque el artista conserva determinada libertad creativa.

Aquí aparece una palabra fundamental: control. El verdadero asunto es el control del proyecto. La independencia musical no necesariamente consiste en hacerlo todo solo; consiste en conservar un grado significativo de control sobre el proyecto artístico. Eso cambia completamente la conversación. Un músico independiente puede tener productor, ingeniero de sonido, diseñador gráfico, manager, agencia de contrataciones, publicista e incluso un sello discográfico. No deja de ser independiente por trabajar con profesionales.

Una de las primeras precisiones que debemos hacer cuando hablamos de música independiente, es que los artistas dentro de esta denominación buscan la manera de producir, gestionar, financiar, distribuir y difundir su música.

La pregunta es ¿quién decide? ¿Dónde entra el periodismo y la difusión?

Históricamente, el músico independiente tenía enormes dificultades para llegar al público. Necesitaba televisión, radio, prensa, promotores, disqueras, tiendas, conciertos. En muchos casos, si no entraba en alguno de esos circuitos, simplemente no existía para buena parte del público.

Internet modificó radicalmente ese escenario. Hoy un músico puede crear, grabar, publicar, distribuir, promocionar, comunicarse con su público, sin pasar necesariamente por una compañía discográfica tradicional. Eso no significa que ya no necesite difusión. La música independiente sigue necesitando periodistas, medios, críticos, comunicadores, curadores, programadores y espacios culturales.

Aquí se presenta una paradoja muy interesante: la tecnología democratizó la posibilidad de publicar música, pero no necesariamente democratizó la posibilidad de ser escuchado. Hoy cualquiera puede subir una canción. El problema es conseguir que alguien la descubra entre millones. Ahí vuelve a adquirir importancia el periodismo musical.

La música independiente no es un sonido. Es una condición dentro de la industria musical. Ser independiente no significa estar fuera de la industria musical; significa buscar una relación distinta con ella.

Durante décadas, los medios podían ayudar a un músico emergente mediante una entrevista, una nota, una fotografía, una canción en radio o unos minutos de televisión. Eso sigue siendo valioso, pero hoy eso ya no alcanza.

Un artista necesita un ecosistema: difusión, producción, escenarios, formación, audiencia, redes, profesionalización, vínculos, financiamiento y continuidad. El talento independiente no necesita solamente oportunidades aisladas; necesita continuidad. Podemos organizar un excelente concierto, conseguir una entrevista, poner una canción en radio, publicar una nota, hacer un festival, pero si después de eso no existe el siguiente escalón, el artista vuelve al punto de partida.

Ahí está el verdadero problema. Una comunidad cultural no debe depender de una sola frecuencia, una sola televisora, un solo funcionario o un solo convenio. Hay que construir redes, no dependencias.

Mi intención al participar en este tipo de encuentros con otros comunicadores es compartir mi experiencia de tantos años, al mismo tiempo que intento hacerla amena.

En el Colectivo Metalmorfosis siempre hemos trabajado como una plataforma de difusión para artistas que no necesariamente tienen acceso a los grandes medios, entendiendo qué era la música independiente antes de Internet, lo que significa hoy y cuál debería ser el papel del periodismo musical frente a ella. Aplicamos un sistema para articular al ecosistema completo.

Invitamos a aliarse a las bandas y artistas independientes, promotores, colectivos, empresarios, universidades, medios, instituciones culturales, espacios independientes, a Rockmex, a Ceiba Flava, a Sureste Records, a Rockultura, a Ruck On, a Radiacción, a 69 Opichén Radio.

Simplemente compartiendo información, recomendando y manteniendo contacto, nuestro trabajo como difusores culturales será mucho más efectivo. Todos estos y otros colectivos más tenemos una agenda de cultura rock y alternativa, siendo diferentes operadores especializados. Juntos podemos construir un auténtico ecosistema de rock.

Nuestra meta es continuar construyendo una plataforma verdaderamente sólida y, sobre todo, capaz de sobrevivir a los cambios políticos y administrativos. Construir una arquitectura de colaboración que aporte contenidos de calidad, que permita beneficiarse de proyectos serios, bien planificados.

Quienes hemos ejercido el periodismo de difusión cultural en nuestro estado sabemos lo complicado que sigue siendo el largo y sinuoso camino de los artistas emergentes. Músicos, actrices, pintores, humoristas y otros talentos debieron hacer uso de un espíritu de resistencia inquebrantable, aprendiendo casi siempre de manera autodidacta la manera de ingeniárselas para dar a conocer sus respectivas propuestas.

Me siento orgulloso de haber formado parte de la historia de comunicadores que profundizaron en esta responsabilidad social, abriendo las puertas de los medios en donde laboré a lo largo de una carrera de más de 40 años.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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