Efecto del cambio climático en los animales

By on julio 4, 2019

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La contaminación y explotación excesiva de nuestros recursos afecta la vida de los animales, pues destruye tanto su entorno como sus medios de supervivencia.

Al igual que a las personas, los cambios climáticos afectan a los animales. Millones mueren o sufren con la falta de comida, agua y abrigo luego de los desastres naturales, quedando expuestos a enfermedades y al abandono. Pero, a diferencia nuestra, los animales no tienen voz.

El clima impacta directamente a la cobertura vegetal y a los animales: entre menos llueve, menos agua y comida hay disponibles. Los índices de lluvia tienden a la baja desde 1970, mientras que las temperaturas continúan aumentando.

El calentamiento global está derritiendo los casquetes polares, elevando el nivel del mar. Alrededor del mundo, las ciudades costeras son amenazadas por inundaciones y tempestades. Estos dos fenómenos, las catástrofes más frecuentes de la última década, sumaron hasta un 80% de todos los desastres naturales. Solo en una región de Argentina, víctima de inundaciones en el 2016, casi 24 mil perros, caballos y bueyes fueron afectados.

En el 2015, el frío extremo mató a 170 mil alpacas en el Perú. Entre los países más vulnerables al cambio climático está Mongolia: las intensas sequías en el verano son seguidas por inviernos cada vez más hostiles, en un fenómeno conocido como zud. Los zuds amenazan a millones de animales por la repentina falta de alimento, el congelamiento de sus patas y abortos causados por el frío.

El cambio climático también contribuye a la propagación de enfermedades. Entre ellas están el ébola, el dengue, la malaria, el cólera, el virus del Nilo occidental, y la enfermedad de Lyme. Diversas investigaciones, por ejemplo en India y en Kenia, asocian las enfermedades de los animales de granja con las variaciones producto del cambio climático.

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Los desastres naturales tienen un impacto aún más directo en la salud de los animales. En tormentas o inundaciones, ellos corren el riesgo de contraer infecciones graves, como carbúnculos o la enfermedad de Newcastle. La exposición a la lluvia y a los vientos fuertes también causa dolencias respiratorias, vómitos y diarrea. Los animales atrapados durante inundaciones, o atascados en el lodo o la nieve, en el caso de los zuds,  pueden desarrollar problemas en sus patas y cascos. Y en sequías extremas, sufren por desnutrición y deshidratación.

Las ondas de calor se han vuelto una de las principales causas de muertes relacionadas con los desastres naturales, afectando tanto a humanos como a animales. El intenso calor mató a la mitad de la población de cacatúas negras de pico corto, una especie amenazada en Australia, en la ciudad de Hopetun de ese país. Y desde 1994, ya han muerto más de 45 mil de los murciélagos más grandes del mundo, en 21 ondas de calor.

El clima está alterando o interrumpiendo los patrones migratorios de pájaros, mariposas y peces. Entre ellas están el carbonero común en Europa, el salmón de Alaska, la mariposa monarca, la cigüeña blanca, y los gansos canadienses, así como diversas aves costeras de Israel. Los animales tienen que cambiar su ruta, adaptarse a climas a los que no están acostumbrados, y en ocasiones incluso dejan de migrar. Eso afecta a todo el ecosistema. Por ejemplo, el calentamiento de los polos está haciendo que el salmón de Alaska de Estados Unidos deje de migrar, lo que impacta directamente la alimentación de los osos y esto los pone en riesgo de muerte y extinción. Los osos polares en la bahía de Hudson, en Canadá, pierden peso porque el hielo se rompe dos semanas antes, lo que significa que tienen dos semanas menos para cazar y comer.

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Tanto los animales terrestres como los marinos se ven afectados por el calentamiento global. En general, el cambio en el clima les afecta en dos vertientes: su distribución y la relación con sus hábitats naturales, y su comportamiento. Si no se detiene el cambio climático, una cuarta parte de las especies del planeta (entre animales terrestres, aves y plantas) podría extinguirse. La única solución es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de una forma radical.

Lógicamente, habrá diferencias según las regiones. Hay otros factores que afectan (y se suman al cambio climático) la extinción de especies, como el uso del suelo, la pérdida de hábitat o la contaminación, así como la propia capacidad de adaptación de los animales. En los bosques húmedos de Queensland (Australia), el riesgo de extinción está muy relacionado con el cambio climático. En cambio, en un lugar muy distinto, como es la selva brasileña, la destrucción del hábitat afecta más que el fenómeno climático. Por último, en el sur de África, las especies originales se extinguirán debido al cambio en el uso del suelo. Hay que aclarar que son fenómenos relacionados y todos contribuyen a la extinción.

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Algunas especies ya han desaparecido a causa del cambio climático, como el sapo dorado (Bufo periglenes) o la rana arlequín (Atelopus varius) en Costa Rica. En algunos casos, no desaparecería una especie, sino todo un ecosistema, como ocurre con los arrecifes de coral, en peligro por el calentamiento global y la acidificación de las aguas de los océanos.

El calentamiento global afecta especialmente a los mares fríos y a las comunidades polares. Por ello, algunas especies están en mayor peligro que otras. Otras especies optan por cambiar de hábitat. La temperatura media de la Tierra aumenta y el hábitat óptimo para muchas especies se desplaza más arriba en las montañas o más hacia los polos. Pero el planeta es finito y las especies que huyen del cambio climático se quedarán sin posibilidad de escape. Un precipicio. Un callejón sin salida.

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«La actividad humana, La caza indiscriminada, el consumo de combustibles fósiles, la acidificación de los océanos, la contaminación, la deforestación y las migraciones forzadas amenazan formas de vida de todo tipo. Se estima que un tercio de los corales, de los moluscos de agua dulce, de los tiburones y de las rayas, un cuarto de todos los mamíferos, un quinto de todos los reptiles y un sexto de todas las aves se dirigen a su desaparición.» Este rotundo párrafo del libro La sexta extinción (2015), de la periodista y premio Pulitzer Elizabeth Kolbert, es un buen resumen de la situación actual de la biodiversidad natural en el planeta Tierra.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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