Eco de Espejos – XVII

By on julio 29, 2021

XVII

Luz humana vertida por ojos de Pessoa

El poeta es un fingidor.

FERNANDO PESSOA

I

Máscara es persona

Persona: Personae: Personaje.

Encarnación del verbo en hombres.

Pessoa: poetas, pueblos en combate.

Encarnación del verbo en nombres.

Poesía: la voz misma de los seres y las

cosas, en su ser retomadas.

Lectores, almas, voces,

viven en la voz del poeta:

árboles, rostros, mares, tú mismo

y nos, los otros; los que hablan hoy,

aquí y ahora, en estos versos.

II. Ventanal

He escrito muchos poemas.

No estoy ni alegre ni triste.

ALBERTO CAEIRO

Esta niebla

“como la primera ventana donde el alba golpea

y que me envuelve con un recuerdo de otra persona

que fuese misteriosamente mía”

viene hacia mi persona:

hacia mi alma ya desnuda de máscaras;

hoy que te leo y que te encuentro, Pessoa,

aquí, cerca del mar y de sus rostros.

Ah, los puertos son barcos.

Y aun la vida, nuestro mundo, el poema,

son un barco muy solo.

Y tus versos son barcos

poblados de criaturas deseadas

que reman, cantan, lloran…

hablan con el ser nuestro que las ama

que las llama

pero que pasan y se van:

Hacia la sal y el sol de las playas distintas.

Hacia lo lejos. Hacia ninguna parte.

Hacia la puerca irrealidad. Hasta el Origen

y hacia todas las casas de los hombres.

Pasan naciones, himnos, rostros…

Pasan tus libros como alucinados navíos del Oriente

desde otra mar que en el tiempo se levanta.

Mientras vemos nosotros, tus salobres discípulos,

como recomienza a lo lejos el oleaje vivísimo

de las voces que hablan en tus textos.

¡Ah, velas entregadas al viento, a la poesía!

Y vemos también, maravillosamente,

como se hunden los acorazados y los yates

de los dueños-abominables-del-mundo

rodeados del estruendo y de la mierda dorada del jet-set

y por una espesa corte de hetairas sin clase

y poetas benditos…

que son disueltos por las algas y los vientos eternos.

¡Vida y salud!

A los mundos, a los soles, y a los árboles,

Y a los ríos, y a los montes, y a los mares, y a las

aves, y a las piedras, y a las nubes y a los días!

¡Salud a las costumbres y fervores del hombre!

¡Salud a esas amargas claridades!

¡Salve, salve a los cielos sin fondo

pero resplandecientes de la tierra!

¡Salud, salud, oh vidas!

De pronto estamos en la proa de tu nave armada de esplendor

surcando las espumas nutricias de los reinos humanos:

Reinos que como barcos incendiados de porvenir

a la noche constreñida de este tiempo nuestro encandilan.

Y desde el cuchillo o la quilla de tus voces

-en la isla secreta que atesora el corazón

de la tormenta-

sabemos finalmente

que «el presente es todo el pasado y es todo el futuro»

y que el único puerto que podemos recobrar:

el sólo instante que nos es dado poseer y dejar

es el tiempo que somos en nuestra propia carne:

nuestro cuerpo en la tierra

nuestra vida en la vida…

«la vida que en el fondo es siempre, siempre la misma”.

La vida llega y pasa, Pessoa.

Pero tenemos los reinos del hombre en la palabra.

Tenemos tu palabra:

esa palabra-Ventanal donde aparece

el mundo.

Y así, como imagen del hombre

revivida en tu palabra,

así es el mundo nuestro en este tiempo

que somos.

Raúl Cáceres Carenzo

Continuará la próxima semana…

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