Dos siglos de dramaturgia regional en Yucatán – XXXVII

By on mayo 27, 2022

Teatro Yucateco

XXXVIII

 

Fernando Muñoz Castillo

 

El palacio rojo

Continuación…

 

Oscuro. Luz a grupo de criaditas.

 

TENCHA: Ya Lupe, vámonos, es tarde, vámonos, ya tengo miedo, hay muchos borrachos y a nos hacen algo.

LUPE: No seas miedosa Tencha, ¿no tú insististe en venir?, pues ahora te ahuantas.

TENCHA: Pero es muy tarde, mañana tengo que ir al pueblo, mis papás me están esperando desde hoy por la tarde yo les dije….

NATI: Les dices que la señora no te dejó salir y yá. Sanseacabó.

TENCHA: Yo nunca miento, me da miedo a que me descubran.

LUPE: Se te hace cinco por cinco veinticinco, miedosa. No la jodas, si sigues dando lata no te volvemos a sacar a bailar.

TENCHA: Si no nos vamos ahorita mismo, se lo digo a mi patrona donde me trajeron, además de que les acuso en el pueblo con sus novios, les digo que me arrempujaron a la juerza, por Dios santo

NATI: Sólo eso faltaba, que vayas de chismosa recabrona.

LUPE: Te lo dije Nati, te lo dije, ésta no es de parejura y nos va a meter en un líyo en el pueblo. (Indignada.) Mira casloca, si abres la jeta, te parto la cara, te lo juro por los santos Reyes de Tizimín. Ya Natividad me conoce y sabe que soy capaz, así que ahora te ahuantas, te lo digo en serio, porque de aquí nos vamos a comer chocolomo a la estación. Y no llores, tómate una cercia o un preparado y baila. Diviértete, mira a esos rasos cómo nos están mirando, coquetéales. (Le golpea el hombro con el codo)

NATI: Están bien guapos, el de la nariz grande desde hace rato que quiere contigo. Lo chévere es que te inviten a las cervezas o a los jaiboles y si te pones buza, no sólo te pagan el cuarto sino hasta te dan pa’tus pasajes del camión y en primera, ¿verdad Lupe? y no sólo eso, te disparan hasta tu desayuno, no seas tonta, máre pareces nueva, ¿no me digas que no te ha agarrado el hijo de tu patrona?

TENCHA: ¡No! (Ellas ríen)

LUPE A lo mejor es cancalás. (Se carcajean.)

NATI: O el chofer ¿no te ha bacaleado en el lavadero?

TENCHA: Nunca entra más que a la cocina. Y el hijo de la señora, es muy educado.

LUPE: ¿Y el jardinero no te ha…? (Hace una seña con los brazos.)

TENCHA: (Cada vez más horrorizada.) No, en la casa todos me respetan.

NATI: Pues qué raro, X’Canda, la que estuvo anterior a ti, nos contaba que le daban unas sarandeadas a todo dar… (Ríen.)

TENCHA: Ya me quiero ir. Yo tengo novio, me quiero casar con él, yo…

LUPE: No seas serrera, sonríeles a los sardos, quieren con todas, y si tú te pones tus moños, las que salen perdiendo somos nosotras. (TENCHA rÍe estúpidamente.)

NATI: Pero tienes que ser lista con ellos, porque sino hasta tu soguía de oro con todo y medalla a te quitan ¿no es cierto Lupe?

TENCHA: Y qué digo a mi padrino si me quedo sin soguía y medalla, no, yo quiero irme, van a ver, no sean así. (Lloriquea. Ellas se burlan y coquetean burdamente con los sardos.)

NATI: No seas caballa, el raso narizón quiere contigo, hasta te sacó a bailar hace un rato. No mientas.

TENCHA: Sí, pero me quiso besar, fó, y me apretujó fuerte, además, ¿cómo saben que son soldados?, si ni traen uneforme… (LUPE y NATI ríen. Se acercan tres soldados. Salen a bailar, TENCHA está tensa, las otras la empujan, el sardo la abraza confianzudamente. Música: La Medallita. Luz a EDGAR y a MARIO. Sentados en la misma mesa. La música matiza el horizonte)

MARIO: Tenemos la opción de lo que quieras, lo que se te antoje, estamos como en el Pompeya, fuera del mundo. Aquí no existe el tiempo.

EDGAR: Pero nuestro pasaporte si lo tiene limitado.

MARIO: Y qué, lo importante es que ese tiempo es como tú lo quieras, lo que tú alucines. El pasaporte corporal mándalo a la tiznada.

EDGAR: Cuál hongo; desde hace mucho que agarré el rollo…

MARIO: Perdón, pero es que los tragos me ponen… tú sabes.

EDGAR: No te sientas Virgilio, que no soy Dante ni nada que se le parezca, aunque esto es para volver a escribir la Divina otra vez, o la Odisea, pero por el divino Marqués. (Ríen) Me conozco todos los tugurios, al derecho y al revés, pero nunca había estado en un lugar así, bueno, miento, en Chihuahua hay un lugar parecido, el Túnel, pero en el norte el pedo es otro más violento.

MARIO: Imagínate esta casa en sus buenos tiempos, los fiestones que no se harían… y ahora esto, realmente parece una bufonada reaccionaria muy gacha a la revolución de 1910.

EDGAR: Realmente esto es patético desde tu punto de vista, una casa de hacendados henequeneros, convertida en sala de fiestas para el súper lumpen proletariado. Grotesco.

MARIO: Y más si entre las gentes te encontraras a una de las ex domésticas…

EDGAR: ¿Una qué?

MARIO: Domésticas, servidumbre que creció en la casa, o sea de crianza como les decían. ¿Te imaginas con qué gusto vería lo que aquí sucede?, y que de repente emborrachecida armara un mitote muy teatrero, ¿no?…

EDGAR: Mira la entrada, está repleta de motos y bicicletas, que simpático, donde antes los caballos se amarraban, ahora es estacionamiento de motos… que loco… ¡salud!

MARIO: Salud. Por este concierto patético de fin de siglo veinte. (Beben. Se paran. Se les acerca un chavo con cerveza en mano.)

LENCHO: Qué tal carnales, ¿les gustan las motos?

MARIO; Las motos y los motos.

LENCHO: ¿Que pachó, que pachó, conociéndonos y ya nalgueándonos?

EDGAR: Yo soy Edgar.

LENCHO: Lencho, mucho gusto, y tú bato, ¿cómo te llamas?

MARIO: Mario. Hola, Lencho.

LENCHO: Así que a los compañeritos les gustan las motos, ¡qué bien!

EDGAR: De eso hablábamos, los caballos han sido suplidos por motocicletas, cuacos de acero.

LENCHO: Entonces estoy caído del cielo. ¿Cuál les gusta más?

MARIO: La chonchota.

LENCHO: ¡Es la mía!

EDGAR: ¿A poco?

LENCHO: ¡De poca, máster, de poca!

MARIO: Debe ser bien rico montarla.

LENCHO: De lux carnal, de lux: lástima que no pueda darles unas demostraciones.

EDGAR: ¿Y por qué no darse una vueltecita con ella por todos los pasillos?

LENCHO: La chota, huero, ¡la chota!

MARIO: No les hagas caso, no te hacen nada.

LENCHO: (Con cierta perspicacia) No me salgan con que son influyentes, pues dónde trabajan gallos…

EDGAR: ¿Qué, te vas a decidir o le sacas al bulto?

MARIO: A lo mejor nos está tomando el pelo,

LENCHO: Que dijeron, este gallo es un culero o que

 

Sale hacia la lateral izquierda. Música: Carmenza. Parejas bailan. Irrumpe LENCHO con la motocicleta, las parejas se asustan, las vestidas gritan divertidas. Las criaditas corren dando chillidos de pajaritos. Los sardos las manosean aprovechando el jelenque. LENCHO hace maniobras mientras los polis lo persiguen cómicamente. Aplausos, desciende por las escaleras al público, ahí lo detienen los polis. Escenario se oscurece, luz a sala.

LENCHO: No qué no culeros.

POLICÍA: Vámonos, sabes que eso está prohibido.

MARIO: Ya oficial, no fue nada.

POLICÍA: Pudo atropellar a alguien y causar una desgracia.

EDGAR: Pero no sucedió.

POLICÍA: Esto es un delito, además estás bien servido chino, ya fue mucho, a dormir la mona al bote.

MARIO: No sea, agente, no sucedió nada y no creo que se repita el numerito, no la haga de tos poli, viene con nosotros, es fin de año, fiestas decembrinas…

EDGAR: Así es, además si hay que pagar algo pues…

POLICÍA: Bueno, yo diría que… (EDGAR saca un billete y se lo da. MARIO hace lo mismo con el otro.)

MARIO: Para que se eche unos jaiboles a nuestra salud..

POLICÍA: Bueno, para que vean que soy cuate, no hay cuete, nada más controlen a este gallooo para que no se repita el incidente, ¿estamos?

EDGAR: Hecho… (Le aprieta la mano al poli.)

MARIO: Sale y vale poli. (Repite la acción anterior.)

LENCHO: Bien, estuvo de pelos ¿no? Al rato nos vemos, voy a poner esta niña en su lugar.

Oscuro. En el escenario se ve la parte trasera de la casa. Una terraza. Ellos se encaminan a la barra. Compran cervezas. Observan. Música: Cumbia del sol. Transcurre un rato de silencio entre nuestros personajes. Gente camina, entra y sale.

MARIO: Ante el tedio existencial sólo queda la fantasía de oscuros placeres sexuales. Y de pronto te descubres realizándolos. Haciéndolos, te miras a ti mismo, como en una desdoblación.

EDGAR: ¿Y te causa daño?

MARIO: No, pero en ocasiones me asusto al momento de realizarlos, es algo más fuerte que yo y, no puedo parar, no puedo ni quiero. La mayoría de las ocasiones, es después. Crudas morales propias de la educación gazmoñera y puñetera que hemos recibido. Pinche educación judeo-cristiana que te ata desde antes de nacer.

EDGAR: Te sigue sucediendo?

MARIO: No tan frecuentemente, ahora, es otro el cariz que le he dado al numerito, en el fondo es un subterfugio moral, o moralizante porque me doy cuenta que de ahí despega una actitud morbosa, sucia. Lejana a esa morbosidad sana, ingenua, como cuando querías sentir tu pene entre las manos, y comenzabas a acariciarte a gozarte hasta llegar a la masturbación entre las sábanas olientes a lavanda a limpio, olor de niñez y casa paterna, ¿me entiendes?

EDGAR: Perfectamente. Confesaré que a veces trato de recrear, de rescatar, las sábanas, la lavanda, es como ir en busca de la sensación, el sentimiento infantil. (Pausa breve) Creí que sólo a mí me sucedía esto. Y la verdad es que a veces una puñeta es más rica que el culo más cachondo del universo. ¡Salud!

MARIO: ¡Salud! (Sube música: El pingüino.)

MARIO: ¿Bailamos?

EDGAR: ¿No se te antoja mejor un trago, un jaibol de ron habanero?

MARIO: Creo que sí, aunque me prometí a mí mismo no empedarme hoy. Tristemente el camino del infierno está empedrado de buenos sentimientos. (Irónico.) Como habrás notado, ahora me planteo una paráfrasis bien moralista, ni modo, echémosle la culpa a la debilidad de la carne.

EDGAR: (Serio pero chocarrero.) Siempre es bueno darle salida a la cuerda que llevamos dentro y pues como el diablo nunca duerme…

MARIO: Has hablado sabiamente, así que alcemos las copas a la salud de Empédocles, sabio y filósofo griego protector de los borrachos. (Se levantan teatralmente. Les cierra el paso un chavo bien pasado en actitud agresiva y desilusionada.)

CHAVO: Yo no necesito del adiós, yo no necesito de tu paladar suave. Yo sé lo que quiero: dar la cara al sol y salir y gritar: ¡Yo vivo la vida del ambiente!

Alza su copa, la sostiene melodramáticamente pedo en el aire, luego, perdiendo el equilibrio golpea la copa en los labios de EDGAR. Él le toma la mano y se lleva la copa a los labios. El CHAVO se la arrebata y realiza la misma acción con MARIO. Acto seguido se vacía el contenido y arroja el vaso, los separa bruscamente y sale.

CHAVO: Yo sé lo que quiero, yo sé lo que quiero, (Repite esto compulsivamente hasta desaparecer. La música y el ambiente tragan la escena. Ellos observan alucinados el horizonte que el público no advierte)

MARIO: Mira esos biscochiyos, ¿les llegamos?

EDGAR: No están de mal ver.

Tres chavos en actitud de coqueteo viril fuman y toman cerveza. MARIO y EDGAR los abordan.

EDGAR: Quiubo,

CRAVO: Qué tal… ¿se divierten?

MARIO: Bastante ¿y ustedes?

CHAVO 2: Pues pasándola, el personal es el mismo, no hay chance.

MARIO: ¿Me regalas un cigarro?

CHAVO : De éstos o de los otros…

EDGAR: No te adornes.

CHAVO 3: Vámonos.

CHAVO 2: ¿Por qué?

CHAVO 3: Presiento aquí a un culero.

EDGAR: Pues que delicado.

CHAVO 3: Así es, ni que lo tuviera de oro.

EDGAR: Puta, te rompe la madre. (Ríen.)

CHAVO 2: Tal vez es lo que está buscando, ¿no crees?

EDGAR: Chance, habría que preguntarle ¿no?

CHAVO 2: Caras vemos, culos no sabemos…

EDGAR: Y qué, ustedes tampoco tienen cara de angelitos.

CHAVO 1: Me caen bien, oye chel, te disparo una cerveza, qué dices.

MARIO: Siempre y cuando el toque siga como botana.

CHAVO 1: No te preocupes, traigo un huato.

CHAVO 3: Cállate. (Pausa.) Vámonos, ya es tarde. (Intenta irse, el CHAVO 1 lo detiene.)

CHAVO 1: Tranquilo, no hay pedo, no seas paranoico.

MARIO: ¿Vámos por la cerveza?

CHAVO 1: Y tú (A EDGAR), ¿quieres una media?

EDGAR: Ya vas, para luego es tarde…

CHAVO 2: Tráeme una…

MARIO Y CHAVO 1 salen.

CHAVO 3: Y qué, ¿nos vámos?

EDGAR: Cuál es la prisa cuate.

CHAVO 3: No te metas donde no te llaman.

EDGAR: Qué agresivo maestro. Aquí nadie te tira mala vibra, no seas.

CHAVO 3: Mira pendejo, ¿te callas?

CHAVO 2: Tranquilo, él no ha hecho nada. Esfúmate ¿no?

CHAVO 3 ¿No vienes conmigo?

CHAVO 2: No.

EDGAR: Yo me retiro, perdón.

CHAVO 2: No, contigo no es la cosa. Y qué, te vas o te quedas…

CHAVO 3: Tú me prometiste.

CHAVO 2: Yo prometo, pero no siempre cumplo.

CHAVO3: No hay pedo, pero no me busques. (Se retira, pero antes de salir mira a EDGAR con desdén y escupe al suelo) ¡Puto cancalás!

EDGAR: ¿Qué dijo?

CHAVO 2: ¡NADA!, no le hagas caso.

EDGAR: ¿Qué es cancalás?

CHAVO 2: Maricón, en maya.

EDGAR: No cabe duda, diario se aprende algo nuevo. Y qué, ¿son pareja?

CHAVO 2: Amigos… a mí no me gusta que me caguen el palo, chino.

EDGAR: Olvídalo, no he dicho nada.

CHAVO 2: Bailas bonito.

EDGAR: Te caí.

CHAVO 2: Te vi hace un rato bailoteando con tu cuate.

EDGAR: ¿Quieres bailar?

CHAVO 2: ¿Qué crees? (Salen. Música: Abusadora. La música se traga las voces. Llega una señora con un niño de 9 años, entre ambos, arman una mesa donde colocan cigarros y sándwiches, el niño está somnoliento, tiembla de ese frio que se siente cuando el sueño nos vence y estamos al aire libre. La señora tiene esa dignidad que suele dar la pobreza. Se acerca gente a consumir. MARIO entra buscando a EDGAR. Observa, compra un sándwich. EDGAR se le acerca, le pide de su copa.)

EDGAR: No se me arrane cuate.

MARIO: Y que manito, ligaste o no. (Ríen)

EDGAR: Pues ya te imaginarás. Sí, pero no. Pero luego sí. Lo dejé solo para que se ponga de acuerdo consigo mismo. (Ríe.) Creo que hay opciones mejores.

MARIO: Ya lo creo que sí. (Pausa.) Sabes, que siento el lugar muy «genetiano».

EDGAR: Absolutamente, es un ambiente de negritud, he visto rostros de hermosos asesinos, tal y como lo describe Genet. Por eso me gustó el chavo de la mota, tiene cara de rufián, de los que en la cama son suaves como… leidis….

MARIO: Se ve que le encanta el jaleo, de puro corazón, si no, no estaría aquí, pero si acepta de primera instancia, el flirt pierde su chiste, está consciente de ello. Ahora te diré que ese tipo de juegos a mí, me dan mucha flojera y cuando participo ya sé que al final cuando dicen sí, soy yo el que dice que siempre no.

EDGAR: Enfermo.

MARIO En ese aspecto totalmente, mira, después de tanto rollo no se me para cabrón. Es como jugar a las puñetas mentales, cuando te hartas espiritualmente de semen, te marchas a dormir tranquilo a tu casa como bendito. Soy muy flojo para esos rollos de sí, no, pero mira, ¡ahg!… las cosas son más simples, ¿no te parece? (EDGAR le golpea el brazo con el puño)

EDGAR: ¡Salud!

MARIO: Chinchin el teporocho. (Beben)

EDGAR: Lo sientes como si fuera algo humillante.

MARIO: Si, el convencer a un cuate que es más puto que tú pero que juega al machin por las conveniencias, y que al final accede como si te hiciera un favor, o que tienes que empedarlo para que le metas el chile, no lo acepto, a mí me gustan los homosexuales y ya. Lo otro es casi casi como ansiar el castigo de un pendejo, paso y espero. La vida es más sencilla. De plano.

EDGAR: No seas radical. Es cierto, tienes algo de razón, pero no posees la verdad absoluta. Te he de decir que existe una sensación muy especial en el buscar, intentar ser castigado por mano extraña, ya que la tuya no tiene la fuerza, el valor para hacerlo porque en ese momento te has convertido en tu propio enemigo. Has caído en la tentación, el pecado capital de ser tu propio cómplice. Es cuando te conviertes en agresor al transgredir las zonas límites de alguien a quien en el fondo desprecias, no sabes por qué, pero, lo desprecias enormemente, esa especie de odio, te hace amarlo. Y ahí vas, te impones de una manera tal que sabes que estás tentando al diablo de la violencia física. Animal que en la mayoría de los seres humanos está a flor de piel. Entras a una sobre excitación tan sabrosa que te dejas ir. La frustración viene cuando tu agresión paraliza a tu agresor y no sucede nada. Te queda un sabor amargo, de impotencia en el alma. Peor que lanza no ardiente o avinagrada en la llaga de tu costado.

MARIO: Placeres sucios.

EDGAR: No, sucios no, son subterráneos, están agazapados, al acecho, pueden ser malidicientes, pero no sucios, al menos de primera instancia.

MARIO: Placeres terrosos, ásperos.

EDGAR: Pero supra excitantes, es el lado oscuro del deseo. Y puede ser luminoso y reivindicante, de hecho, en todo ser existe y si lo analizas, lo encuentras de mil formas sublimado por la cotidianeidad.

MARIO: Viéndolo así, nadie tiene la salvación, la obtención del puro deseo, del níveo deseo, el virginal.

EDGAR: Eso es otro rollo. Para poder apreciar el sentimiento oscuro, como tú lo llamas, tienes que haber gozado el otro, sino, no tiene chiste, porque el placer intelectualizado es más placer, es como haber llegado al azoe de los alquimistas, porque puedes equilibrarlo, puedes sentir su peso específico, tocarlo. No quiero decirte que te quedes allí y ya… que no te dejes ir, entonces el placer adquiere otra dimensión que tal vez sea como el principio para llegar a ver ese otro rostro del auténtico goce. Prístino placer que tiene mucho en común con los sueños, con la materia de los sueños, aquel que te exalta y vuelve lumínico, astral, cósmico. MARIO: Es cierto, te vuelve gozoso de ti y de tus limitaciones o ilimitaciones.

EDGAR: Estos rones habaneros se nos están subiendo.

MARIO ¿Vamos por otro?

EDGAR: Yo creo que si

 

Se dirigen a la barra. Luz a grupo de menores.

Fernando Muñoz Castillo

Continuará la próxima semana…

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.