Dos siglos de dramaturgia regional en Yucatán – XXXIX

By on junio 9, 2022

Teatro Yucateco

Fernando Muñoz Castillo

 

El palacio rojo

Continuación…

 

Luz a la señora que vende sándwiches. MARQUESA y MARIA Comen y conversan.

 

MARQUESA: Ay mi reina, tenía un hambre, que parecían diez.

MARIA: Yo también, pobre de la Vanessa, la dejaron los cabroncitos, como trapeador viejo.

MARQUESA: Entonces no le hicieron nada. Me pasan un chorro esos niños. Y a propósito mis amigos dónde quedaron. O, ¿ya se fueron?

MARÍA: No, hace un rato vi a Mario con Huayo, el conecte de la esquina del Zopilote Seguramente le iba a enseñar la mercancía.

MARQUESA: ¿Cuál de todas?

MARÍA: No seas mal pensada, cual más, la motita.

MARQUESA: Bueno, como esa deambula como macha y a la hora de pagarle la mota, si el cliente está bien como Mario, le pide que se la culeen. Parece que no la conoces.

MARIA: Ay Dios mío, y si le da una mamadita, lo va a secar, dicen que su boquita es peor que una exprimidora eléctrica. (Ríen.)

MARQUESA: ¿Ya pagaste?

MARIA: Claro que sí guapura. Todavía no estoy tan muerta de hambre, como para no pagar lo que mi amiga y yo consumimos.

MARQUESA: Mira quién llegó, la miss Yucatán del año pasado. Se ve muy traqueteada.

MARIA: Y que bien acompañada, ya viste, ése era el marido de la Rocío Dúrcal, me imagino que habrá empeñado hasta a su mamá, el macho cobra mucho, pero mucho, ya ves a la pobre de la Rocío, hasta el stereo tuvo que empeñar. ¿La vamos a saludar?

MARQUESA: Ni modos, ya nos vió, ay fó, viste quiénes la acompañan, todo el loquerío de los bajos del Novedades. ¿Estoy bien?

MARIA: Chulísima, aunque no estaría de más que nos diéramos una manita de gato, aunque para las horas que son, será de león… ¿vámos?

 

Oscuro, Luz a MARIO y a EDGAR,

EDGAR: Te das cuenta de los rostros, de la forma agresiva de conducirse, es violenta y sin embargo es una actitud absolutamente pasiva… Esto se empieza a poner bueno como en el Marrascuash…

MARIO: Es lógico, casi son las dos de la mañana. Lo chévere es que es más auténtico que en el Garrascuash, aunque más complejo, más difícil de traducir. ¡Salud!

EDGAR: ¡Salud compa!

Beben. Música: La sirenita.

MARIO: ¿No se te antoja este lugar como tema de una obra de teatro, una película, esto así, como es, sin pretender explicarlo, nada más así, con nosotros aquí, como estamos: «vuayeriando». Siendo nuestro propio público, nuestros acotadores de una realidad que chance, estamos inventando, creando ad libitum, generando como se va dando, improvisando sobre el esqueleto de nuestras vivencias?

EDGAR: Aguantaría plasmar para otras gentes, esta realidad paralela, subversiva por todos los ángulos que la mires.

MARIO: De repente el tiempo puede quedarse encerrado en ese otro tiempo. EDGAR: Con un poco de amargor.

MARIO: Como una esencia picante, agria…

Cambio de luz, hielo seco, los personajes como esperpentos pantomímicos desfilan lentos a ritmo de Nereidas. Homenaje a Lindsay Kemp. Coreografía fantasmal que se desvanece como el sueño briago que representa. Estalla música. Risas. La pollera colorá.

EDGAR: (En tono adolescente) Si todo fuera tan simple como cuando se pretendía jugar a la vida. Pero creces y al güevo tienes que amoldarte a los nuevos cánones, ahí comienza otra lucha, máscara contra cabellera y sin límite de caídas, (Ríen.) En serio nunca lo has sentido.

MARIO: (En el mismo tono) Todo es tan simple como una obra de teatro, reducir el tiempo, crearle un nuevo tiempo al tiempo. Eso es magia, lo demás, tonterías; por eso te decía que te imaginaras todo este espacio en un tiempo escénico, teatro, cine… Sería como darle chance de transformar esto, en lo que tú quieras visualmente, pero sin que pierda su espíritu, su razón de ser, lo que es. ¿Me entiendes?, imagínate aquí, en este lugar, tú y yo diciendo poemas de Cavafis:

Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron:

no sólo las camas que tuviste,

sino también los deseos que brillaron abiertamente

en los ojos que te vieron:

las voces temblorosas, que algún obstáculo frustró.

EDGAR: Ahora que todos han pasado,

    parece como realidad te hubieras

    entregado a esos deseos.

   Cómo deslumbraban.

Los DOS: Recuerda los ojos que te vieron.

      las voces que temblaron por ti.

                Recuerda, cuerpo. (Música: Mucho corazón.)

MARIO: Oye eso…

EDGAR: Una razón para olvidarme o para quererme… (Canturrea en voz baja) MARIO: O poemas de Villaurrutia, Novo, Rimbaud..

EDGAR: O los que tú y yo podamos inventar. ¿Te das cuenta que estando aquí, podemos transformarlo todo, darle los matices que queramos? Como aquella vez en el Lilí cuando parado en una mesa dijiste poemas de León Felipe y, alguien quiso cantar y se formaron dos bandos, unos que apoyaban a la cantatriz y otro que pedía que siguieras hablando bonito.

MARIO: Y la bronca que se armó, mientras tú y yo, nos fumábamos un toquesin quitados de la pena. (Ríen a carcajadas.) Qué te parece si bailamos para sudar el ron habanero

EDGAR: Sí, pero con esos bizcochitos.

MARIO: Sale y vale, chico…

Se acercan a una pareja de hombres jóvenes con aspecto de guaruras, hablan, salen a bailar. Música: Sopa de Pichón. Aparece la vestida de los hot pants de lamé, se incorpora a ellos para ser el centro. Vedete de show porno. Ellos se transmutan conscientemente en coro de bailarines. Los abraza, les toca el sexo. Juegan con ella. Al terminar, besa a los cuatro. Música: Bernabé.

ELLA: Les invito a una cuba… ¿aceptan? (Acceden)

Estos lugares cada día son más deprimentes, o será que yo… ¿me vuelvo más vieja? (Suspira) Pero todavía estas nalgas paran vergas, a ver. (Les toca el sexo) Huy, que duras, si así están dormidas, despiertas… termino en el hospital. (Ríen)

Cinco jaiboles. ¡Rápido!, por favor.

BENJAMÍN: ¿Ya no trabajas en la zona de Cuernavaca?

ELLA: ¡Uf… (Se limpia la nariz y las comisuras de los labios con la pañoleta.) Eso fue en el tiempo de María Canica. No, ahora trabajo por mi cuenta. (Música: La blusa azul.)

Eso, es de la época en que, ¡yo era una chicuela!… ahí, en mi adorada Cuba. EDGAR: ¿Eres cubana?

ELLA: Y montuna chico… sí, cubana de buena cepa.

Les dan las copas.

MARIO: Uta, están muy bien servidas.

FAYO: ¿Y qué hacías?

ELLA: Jotear, talonear… te contaré mi historia. (Toma aire) Comencé en los muelles, en la época de Batista… tenía unas nalgas que ya les dije, paraban vergas, ¡VERGAS!, no tripas de gato. (Ríe vulgar y estereotipada.) Afortunadamente salí antes de que entraran los comunistas. Le dieron en la madre a la isla más bella del Caribe, a la perla como dice aquella canción. En La Habana conocí a uno de los poderosos de la casta divina y me trajo para acá. Era su reina, me puso como gerenta de un famoso naiclú de la zona de tolerancia, la Amapola como se llamaba, de lo más lujoso, con decirles que lo inauguraron las Dollis Sisters. ¡Qué tiempos!

EDGAR: ¿Quién fue el que te trajo?

ELLA: El hijo de un rico político de la época de don Porfirio Díaz. Pero un día, apareció en mi vida otro, un mayate, un padrote, un divino macho. Ya se imaginarán ustedes, la tenía así (hace señas con las manos), y de este grueso. Me la comía todita, siempre he sido una glotona. Bueno, no creo que ustedes sepan de estas cosas, pero éstos, como buenos chichifos que por dinero se ponen de cuatro patas. ¡Sí!

FAYO: Oye tú, ¿qué te pasa loca de miarda?

ELLA: Tranquilo Nerón, a mí no me asustan y lo saben.

BENJAMÍN: Ya, déjense de pendejadas, ¿y qué más?…

ELLA: Pues partí para México con él. En ese tiempo existían en el D.F. un titipuchal de congales. Conocí políticos, somos sus mejores aliadas, de ellos y por supuesto de las putas… no de todos, claro, pero sí de la mayoría, al menos en esa época. Trabajé de bailarina en el burlesque, le monté choús a algunas dizque vedetes de esos tiempos, las mujeres parecen vacas bailando, pero como tienen paparrucha la hacen. Después conocí a un tratante de blancas, me hice su mujer y regenteé algunos de sus negocios. Luego pues, rodar… Ahora, vivo de un dinerito que un ex marido me dejó. Me regenteo sola, no estoy ni estuve nunca para pagar, sino para que me paguen. Los errores de juventud se cometen solamente una vez como dice la compositora. (Canturrea) Solamente una vez, mamé en la vida, solamente una vez, pinche vieja pendeja, no creen!… cometer dos veces el mismo error: o, es que eres muy puta, o realmente estás loca, Por eso estas pobres, me dan pena, locas, feas y sin dinero, están jodidas, ¡gacho!… Es el peor pecado de un joto, de un mujercito, como nos llaman en las revistas. El tercer sexo. Los gays. Perdón, a su salud muñecos. (Brindan, beben. Música: Cero 39.) No pierdo la esperanza de que un día, Cuba vuelva a ser el paraíso tropical de América. Fueron buenas épocas A pesar de haber comenzado fichando en los muelles, llegué muy alto. En Cuba todos eran jotos y putas. Que no les cuenten, todavía hoy, está plagado de lo mismo. Otro jaibol para mis novios. (Se le acerca un hombre tipo norteño. La toma del brazo)

NORTEÑO: Qué, ya está bien ¿no?, vámonos.

ELLA: Mi marido… unos amigos… no me aprietes, chico, que me vas a amoratar el brazo. No seas vulgar.

NORTEÑO: Ya te divertiste bastante, ¡vámonos!, es hora de echar el vuelo. Esto ya está agonizando.

ELLA: Esto, pero yo no. No seas cabrón, suéltame. Además, tú sabes, si no me dejas tranquila, no me acuesto contigo. Sabes que soy capaz de irme con estos cuatro y cinco más…

NORTEÑO: Jmm, está bien, una más y ya.

ELLA: Oye cabrón, dame mi bolsa. (Él se la entrega.) Les gusta la coca, pero no cola, por supuesto. (Ríe)

MARIO: ¡Obviamente, no estamos en el Baby O!

EDGAR: ¡Qué locoo… no me digas que…!

ELLA: ¿Yo?, loquísimaaaa. (Risa.) Les invito y saben que, si quieren más, yo… se las consigo… mi marido. (Él le aprieta el brazo.) Basta zoquete, de eso vives ¿no? A estos, (por B y F) ya los conoces, son polis, y muchas veces ellos te surten. Y a estos angelitos, los conozco yo, para que veas que tengo amigos de la jai. Además, mírales la facha, ¿a qué crees que vinieron aquí?, ¿a «turistear»?, ¡a buscar un pericazo!… (El quiere agredirla.)

BENJAMÍN: Tranquilo norteño, no es para tanto, ella es buena onda y, aquí no ha pasado nada.

MARIO: Así es, creo que todos estamos aquí, porque nos gusta el reventón, o sea, el desmadre. Tú entiendes.

FAYO: Así que, norteñito, o te comportas o bailas un rato, no te preocupes, yo te encuentro pareja.

ELLA: Qué te dije, ¡no hay pedo coño!

NORTEÑO: Pos no hay purrúm batos.

ELLA: Ya nos vamos, tomen, si se les antoja estamos en el Luxor, suite 203, cuarto, para qué presumo, ustedes deben de saber qué tipo de hotelucho es, en qué tipo de congal me tiene este tacaño. ¿Cómo se llaman? (Le dicen sus nombres.) Cuídenmelos (a los chavos), si no, algo malo les puede suceder. No dejen que se les acerquen «esas muertas de hambre». Chao nenes, ah, y si quieren coger con éstos, no dejen que les tomen el pelo, les fascina que se la metan, que no les cobren, que les paguen, en su chingada vida han comido faisán o caviar. Puro zopilote. Y ustedes ya saben, o me los atienden bien o, se chingan mañana. A propósito de mañana, están invitados a tomar unos preparados, o lo que quieran, a la una les esperamos mi marido y esta belleza en el Camanei… ¿sí? se pone de ambiente, les esperamos a los cuatro. (Les guiña el ojo)

MARIO: Por supuesto, una invitación tan chévere no se desprecia.

ELLA: AAAY, oíste, ¡CHEVERE! ¡Qué lindo! Adiós bonitos, cojan como endemoniados, porque como príncipes, ya deben estar hartos. Además, tal vez mañana se acabe el mundo, como dice una loca por ahí… (Los besa. Mutis. Música: Cascarita de limón. Se les acerca una anciana)

ANCIANA: ¿Me invitan a un trago?

EDGAR: Claro que sí.

ANCIANA: Un trago, los jóvenes pagan. Bien servida. No le crean a ésa, es una lenona y trafica con droga. Está fichada, hasta al bote la tienen llevado, hace mucho, pero estuvo. Ay fó, por eso me da un asco, además, con eso de que tiene dinero, hasta de buena familia se siente. Un día de estos a se inventa de que estudió en colegio gringo.

BENJAMÍN: Bueno, ya estuvo suave, ancestra, ahueca el ala. Y qué, ¿tienen ganas de irse o quieren quedarse un rato más?

MARIO: Nos quedamos, bueno, no sé que digas tú….

EDGAR: ¿Tienen prisa?

BENJAMÍN: Ninguna.

FAYO: Así es, voy a pagar la cuenta, ¿quieren otra cuba?

BENJAMÍN: Por qué no pides del tiro una botella. ¿Les gusta el don Piter?

MARIO: No está mal, aunque es preferible una de bacacho…

FAYO: Blanco u oro…

EDGAR: Blanco.

BENJAMÍN: Mejor un añejo.

FAYO: ¿Cuánto se debe?

CANTINERO: Es sólo una cuba, cien pesos.

FAYO: Aquí tienes y cóbrate una botella de añejo y aguas y cocas.

BENJAMÍN: Y tú abuelita, ¿no crees que ya deberías estar cuidando a tus nietos?

ANCIANA: Anda a fregar a tu pelona madre puto policía. ¿Ya sabían que estos además de cuicos son conectes y mayates?

FAYO: Ya estuvo bien rucaila, jálale, píntate pero de rayo.

ANCIANA: Huy que miedo, miren cómo tiemblo cabrones, culeros: así serán chúntaros que ni las canas respetan. ¿Me invitan a otra cuba? No a ustedes les digo, sino a ellos que se ven bien decentes. ¿Qué dicen, sí?

EDGAR: Claro, las que quieras.

BENJAMIN: No la jodan.

FAYO: No mamen negros.

ANCIANA: En eso te doy clases culero.

FAYO: ¡Puta!, al rato todos sus mantenidos y hasta su macho los vamos a tener chupando a nuestras costillas. Ya es hora de dormir prehistórica, córrele, si no, vas a perder el primer camión.

ANCIANA: Ese, culero, hace rato que se me fue. (Se carcajea, baila enseñándoles los calzones) No le tengan miedo, maricones, culeros, no come, bueno, es bien tragona pero no le gustan los cancalases, no me digan que a ustedes les gusta la verdolaga. (E. y M. ríen) Tienen carita de machitos, ¡ya! ustedes dejen de jorobar hueputas.

BENJAMÍN: Tranquila anciana.

EDGAR: Déjala, no le hace daño a nadie.

FAYO: Eso es lo que tú crees, es una hija de la chingada, parece ladilla con espuelas, no te fíes de sus canas y de su cara de pendeja.

ANCIANA: Ya carajo, sin pendejear, sin pendejear, que su madre también es mujer. Mi santa mamacita hace un chorro que se fue al otro mundo. Se la deben estar parchando rico los ángeles y San Pedro.

FAYO: ¡Basta!, caminando ancestra, caminando, y yo creo que nosotros también, ya me hartó esta anciana.

ANCIANA: Ay sí, muy macho, muy macho o menos, bien que te gusta que te llenen el pocito. (Le mete las manos entre las nalgas.) No me digas que no.

FAYO: (La empuja.) Ya cabrona, o te comportas o te cierran tu changarro mañana.

ANCIANA: No seas miarda, de eso vivo, además vender cerveza no es delito, o si

BENJAMÍN: No te hagas mensa vieja lagartona, bien sabes lo que haces. ANCIANA: Sería imperdonable que tuviera amnesia, ¿no?, ustedes dicen, ay si se ve que ustedes son bien decentes, no entiendo qué hacen juntándose con la raspa, éstos son bien corrientes, como yo, hasta toques damos. Órale cabrones, saquen a bailar la de Juanita, no se hagan, a ver, a ver. (Bolsea a BENJAMIN.)

BENJAMÍN: (Le detiene las manos en alto.) Te lo advertí ancestra, que no te aprovecharas de que están estos chavos. No abuses, porque después te aplico la ley seca.

ANCIANA: Ay sí, que miedo, que miedo.

CANTINERO: Ya les sirvieron en esa mesa, aquí está tu vuelto. No seas gacho, acuérdate de los pobres.

FAYO: (Alardeando) Quédate con el cambio.

CANTINERO: Gracias chino, que Dios te dé más.

ANCIANA: Ay sí, quieres impresionar a estos jóvenes, y tú qué dijiste, pues no, en seguidas notan que son de lana. No te hagas el muy muy, no te queda.

MARIO: Ya, vámonos a dónde quieran, pero ya, estoy hasta la madre…

BENJAMÍN: No te preocupes, ahorita mismo la mandamos a volar.

MARIO: No, tampoco, yo…

FAYO: No le vamos a hacer daño, nada más la vamos a poner en la puerta del camión. (La agarran por los sobacos y la sacan hacia el fondo. Ella grita y menta madres, la música sube de volumen: El baile del pingüino.)

MARIO: ¿Y ahora qué hacemos?

EDGAR: Por lo pronto, no ir a la iglesia como la Tacón Dorado en Cada quien su vida… (Ríen)

MARIO: Never in the life.

EDGAR: Entonces qué tal un trago de añejo…

MARIO: Sale y vale.

EDGAR: Después, nos vamos a dormir un rato.

MARIO: ¿Solos?

EDGAR: ¿Tú qué crees? Además, mañana tenemos cita en el Camanei. ¿Sabes dónde queda?

MARIO: Más o menos, tú no te preocupes, de que llegamos, llegamos.

EDGAR: Pues vamos a llevarnos a estos chavos a la casa.

Música: danzón Juárez.

MARIO: Oye eso que loco, es como el alucine total….

EDGAR: Estamos en Salón México. (B. y F. regresan.)

BENJAMÍN: Listo Calixto. Asunto arreglado.

FAYO: Vamos a la mesa.

EDGAR: ¿Quieren venir a la casa?

BENJAMÍN: Eso les iba a proponer, nosotros tenemos un departamentito aquí cerca, y pues como la botella está nueva.

FAYO: Además hay otras, un poco de moss y popers. ¿Qué dicen?

EDGAR: ¿Mario?

MARIO: Pues, adonde nos lleve el viento.

EDGAR: Sugiero que el viento nos lleve al departamento.

MARIO: Órale, pero, bueno, yo soy Mario y él es Edgar

BENJAMÍN: Benjamín y Fayo.

FAYO: Entonces, ¿qué?

BENJAMÍN: Creo que es lo mejor, ¿qué horas son Efraín?

FAYO: Casi las cuatro.

BENJAMÍN: Diría que mejor elevemos antes que….

FAYO: Pienso lo mismo. Entonces, ¿nos vamos?

MARIO: Que tanta prisa, ¿antes de qué?

BENJAMÍN: En el camino les decimos. Efraín, llévate la botella. (F. va por la botella. Uno de los chavitos banda se le acerca a EDGAR.)

CHAVITO: ¿Y qué? ¿Me vas a llevar contigo? En serio, te la vas a pasar bien, me gustas. Además, no soy nuevo en esto.

EDGAR: Dispénsame, pero no traigo lana, estoy más frío que las nalgas de un pingüino.

CHAVITO: Oye tú, no te estoy cobrando, además mira. (Abre la mano.) Es un trabuco y de la roja de Panamá. Cagada de mono, la sin pepas.

MARIO: Otro día.

EDGAR: Así es, otro día.

CHAVITO: No, tú no regresas y yo quiero contigo.

BENJAMIN: ¿Quieres llevártelo?, pues si se te antoja llégale negro, da unas mamaditas muy ricas. ¿Verdad Pipiolo?

CHAVITO: Soy el mejor ¿no?

BENJAMÍN: Si, sólo que después tienes que cuidar tu cartera porque si no, vuela como por arte de magia.

MARIO: Edgar.

EDGAR: Nunca he estado con un chavito, se me antoja.

MARIO: Pero…

EDGAR: Mira, no te pongas santurrón, este escuincle nos da la una y las mil a los cuatro juntos.

BENJAMÍN: Se ve que no lo conoces, parece ventosa.

FAYO: ¿Nos vamos?

CHAVITO: ¡Papas!

FAYO: ¿Y ahora tú, a ti quién te invitó Pipiolo?, ya es hora de dormir.

MARIO: (Disgustado y sacado de onda.) Eso digo yo.

BENJAMÍN: No mamen cabrones, qué Pipiolín, pero si vienes te damos pira cuate.

CHAVITO: No sería la primera vez ¿o sí? Además, me encanta la verga.

FAYO: Eso, ni quién lo dude. ¿Nos vamos?

MARIO: Yo…

EDGAR: ¡Madres!, ahora te aguantas Marito.

BENJAMÍN: Tiene razón Edgar, ya es muy tarde para arrepentirse, ¿o vas a salir con que eres de los Caballeros de Colón?

FAYO: Puta madre, esos, son los peores. (Ríen.)

MARIO: Pues yo…

B. lo arrastra, F. y E. abrazan al chavito. Salen. Música: Linda mujer. Las luces cambian de tono, dándole un aspecto siniestro al lugar. El personal se transforma, entran todo lujo de detalles, gorilas vestidos de militares. Caos y violencia. Acto en silencio. La música se traga todo. Apagón.

 

Continuará la próxima semana…

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