Dos siglos de dramaturgia regional en Yucatán – XIII

By on noviembre 25, 2021

XIII

 

Alejandro Cervera Andrade “Alcerán”

Chiquilladas

 

Estas chiquilladas tienen por escenario la calle. Los personajes son dos niños inocentes, buenos, algo traviesos, pero en sus travesuras no han puesto otra intención que divertirse, la maldad no anida en su espíritu infantil; se llaman PEPITO y JUANITO, viven cerca uno de otro y estudian en la misma escuela.

 

Al levantarse el telón JUANITO está en la puerta de su casa, tiene un libro en la mano; entre las hojas del libro el niño ha metido un dedo para que no se pierda la página que le interesa; diremos de una vez que JUANITO está aprendiendo de memoria unos versos que deberá recitar al día siguiente en la escuela.

 

ESCENA

JUANITO y después PEPITO.

 

JUAN: Que alegre y fresca la mañanita

me agarra el aire por la nariz…

¿Cómo seguía?

(Abre el libro, lee y vuelve a cerrarlo.)

me agarra el aire por la nariz….

una muchacha gorda y bonita…

una muchacha gorda y bonita…

 

Aparece PEPITO y se acerca a su amigo.

 

PEPE: ¿Qué haces, Juanito?

JUAN: Estoy aprendiendo el verso que nos marcaron para mañana. Me agarra el aire por la nariz… y una muchacha buena y gordita…

PEPE: No está bien. Es una muchacha gorda y bonita.

JUAN: Una muchacha gorda y bonita… Una muchacha gorda y bonita…

PEPE: En la cocina desgrana maíz…

JUAN: ¡Máare! ¡Tú ya lo aprendiste! ¡Dichoso! ¿Cómo lo hiciste para aprenderlo tan pronto?

PEPE: ¿Cómo lo hice? Te lo voy a contar. Me agarró mi mamá por su cuenta, y con dos pescozones bien dados, me sentó en un banquillo, y no me dejó levantarme hasta que vino ella a tomarme la lección.

JUAN: Me dejas con la boca abierta.

PEPE: Mi mamá dice que con ella no se juega.

JUAN: ¿Te pegó duro?

PEPE: Mira el chuchuluco.

JUAN: ¡Maare! ¡Parece un ciricote de 20 centavos! ¿No te duele?

PEPE: No lo agarres duro. Todavía siento la desfondada.

JUAN: Pues mi mamá no es tan bárbara como la tuya. También me agarró por su cuenta, pero no me pegaron, me obligaron a coger mi libro, no me dejaron ir al cine, no me dieron mi gastada, y cuando vino el novio de mi hermana, me pusieron de centinela.

PEPE: ¿Y ya se fue?

JUAN: Hace más de media hora.

PEPE: ¿Y tampoco él te dio tu gastada?

JUAN: Me estaba ofreciendo diez centavos para que yo cierre los ojos un rato.

PEPE: ¿Diez centavos no más? Es muy barato. Ni para una tanda de cine.

JUAN: Pues no dio más.

PEPE: ¿Y tú qué hiciste?

JUAN: Cogí los diez… y no cerré los ojos. (Los dos chiquillos ríen.)

PEPE: No me hagas reír. Cuando me río se me estira el pellejo y me duele más el chuchuluco. (Se agarra la cabeza.)

JUAN: ¿Y a dónde vas ahorita?

PEPe: Al cine de la tarde. Hoy ponen una película que se llama La isla del tesoro.

JUAN: ¿Es de aventuras?

PEPE: ¡Y de piratas…!

JUAN: Lástima que yo no pueda ir…

PEPE: ¿Ni después de aprenderte el verso?

JUAN: Estoy de castigo.

PEPE: Pues resulta que tu mamá es más bárbara que la mía.

JUAN: Pensándolo bien, hubiera preferido los pescozones. Ya hubiera pasado el mal rato y nos estuviéramos yendo al cine.

PEPE: ¿Y si aprendieras el verso y después pedimos permiso?

JUAN: No la conoces, Pepito. Mi castigo no es solamente quedarme en casa, sino que además tengo que vigilar una trampa.

PEPE: Pues te vas a aburrir, porque si es trampa de ratones. ¡Ay Dios!, pueda ser que a la noche caiga uno.

JUAN: No lo creas. Aquí hay muchos. ¡Figúrate cuántos habrán que ya se comieron los pollos, y hasta a los gatos corretearon!

PEPE: En mi casa, ¿sabes qué hicieron? Se comieron las naranjas.

JUAN: ¿Hasta frutas comen? Yo creía que no más pollos y tortolitas.

PEPE: Y no es eso lo peor. También traen enfermedades.

JUAN: ¡Máare! No lo sabía.

PEPE: Cuando mi hermano se enfermó de tifo, el doctor le explicó a mi papá que los ratones son los que traen esa enfermedad.

JUAN: Pues entonces son peligrosos. Le voy a decir a mi papá que compre más trampas.

PEPE: Si quieres, yo puedo venir a ayudarte. (Se oye un ruido seco, el que hace la trampa al cerrarse.)

LOS DOS: ¡Ya cayó!

Entra JUANITO corriendo y PEPE se queda acechando hacia el interior.

PEPE: No tengas miedo. (Casi enseguida sale JUANITO trayendo al ratón cogido por la cola.)

JUAN: ¡Aquí está el condenado!

PEPE: ¡Mecachis con cachirulo! Este debe ser el abuelo.

JUAN: Pesa más de un kilo. Agárralo y verás.

JUAN: Lo menos tres kilos. ¿Y qué vas a hacer con él?

JUAN: Primero se lo voy a llevar a mi mamá para que me lo tome en cuenta y me lo rebaje.

PEPE: ¿Y después?

JUAN: Después lo tiro en el fondo del solar para que se lo lleven los zopilotes.

PEPE: ¡Ven acá! ¡Ya sé! (Con alegría.)

JUAN: ¿Qué es?

PEPE: ¡Papel!

JUAN: ¿Papel?

PEPE: Cualquier papel… ¡papel grande!

JUAN: ¿Periódico?

PEPE: ¡Un diario! ¡Tráelo! Ahí veo uno sobre la mesa.

JUAN: Es de hoy, no lo ha leído mi papá. ¿Para qué lo quieres?

PEPE: Vamos a divertirnos. Vamos a envolver al ratón, hacemos un paquetito, lo ponemos en el suelo, y nos escondemos para ver quién se agacha a recogerlo. Van a creer que es un kilo de maíz.

JUAN: Mejor traigo la caja de cartón donde vinieron mis zapatos nuevos.

JUAN: Está bueno. Tráela. (Entra JUANITO y PEPE se queda acechando.) Esa otra está mejor. La otra. La que está sobre el tocador. (Sale JUANITO con una caja de bombones.)

JUAN: Está nuevecita. Todavía esta mañana se la trajeron a mi hermana.

PEPE: Está como para lo que queremos.

JUAN: ¿Y qué hacemos con los bombones?

PEPE: Si están buenos, los comemos.

JUAN: Yo no puedo. Tengo una muela picada.

PEPE: Yo sí puedo. Pero no los voy a comer ahorita. (Van vaciando la caja y PEPE se guarda los dulces. Luego encierra al ratón y envuelve la caja con su envoltura original.)

PEPE: Le ponemos su lacito, como para un regalo. Ve a ver si no viene nadie.

JUAN: ¡Nadie!

PEPE: Y la dejamos en el suelo.

Concluida la maniobra se esconden en la casa. Casi enseguida viene por la calle una jovencita y a pocos pasos de ella, otra. La primera alza el paquete. Pondremos nombre a estos nuevos personajes: la primera es TINA y la segunda es CHANA. Como es natural que suceda, la primera es alcanzada por la segunda.

CHANA: Me hace usted el favor de darme ese paquete. Se me acaba de caer.

TINA: ¡Qué casualidad! Pero me parece raro… ¿A usted se le cayó?

CHANA: Se lo estoy diciendo.

TINA: Estaría usted en la azotea, porque la casa no tiene segundo piso.

CHANA: Déjese de chirigotas. Yo venía en el camión, y al pedir parada se me salió de las manos el paquete.

TINA: Pues será otro paquete el que se le haya ido de las manos, porque éste me lo acaba de regalar mi novio.

CHANA: ¡Su novio…!

TINA: Bueno, uno que me enamora, todavía no es mi novio, podemos llamarle un amigo, con tal de que usted no se moleste.

CHANA: ¡Qué cómica! Pero si yo vi que se inclinó a recogerlo…

TINA: Pero no se da cuenta….

CHANA: Sí, me doy cuenta de que está usted nerviosa.

TINA: Pues claro, la nerviosidad natural de la emoción… Se me resbaló de las manos, cayó al suelo, me incliné a recogerlo… ¿Necesita usted más explicación? CHANA: Está usted mintiendo.

TINA: Me está usted ofendiendo.

CHANA: El paquete es mío.

TINA: Ya quisiera.

CHANA: Señorita… ¡Deme usted mi paquete!

TINA: ¡Qué cinismo! ¡Su paquete!

CHANA: ¡Pues sí, es mío!

TINA: Pues no es de usted, y se lo voy a probar. Aquí tiene el nombre de la persona a quien va dirigido.

CHANA: Ese es mi nombre.

TINA: Si no le conociera…

CHANA: Tampoco es el nombre de usted, porque ahí dice Altagracia, y usted ni es alta ni tiene gracia.

TINA: Pues el paquete es mío, porque yo lo encontré primero.

CHANA: Y yo le digo que es mío, porque yo vi primero.

TINA: Pues no se lo doy porque no quiero.

CHANA: ¿Ah, sí? Pues ya que no me lo quiere dar, ¡ojalá que lo que tiene dentro se convierta en algo asqueroso!

Da media vuelta y se va.

TINA: Me río de su maldición. ¡No más que eso iba a faltar! Después que me tomo el trabajo de levantarlo del suelo… ¡Se cree muy viva! ¡Y está bonita la caja de bombones! No cualquiera compra estas cosas. Sólo los enamorados para regalar a su novia. Ya me imagino la angustia que debe tener el infeliz que la compró… Ni sabe para quién hizo el gasto. ¡Y lo que cuesta una cajita de éstas! Una vez me atreví a preguntar en una dulcería… ¡Un dineral…! ¡Yo nunca he comido estos dulces al fin me llegó el día…! ¡Qué hartada me voy a dar!

 

Se va contenta, camino de su casa. Los dos chiquillos salen de su escondite, gozando su hazaña.

 

JUAN: ¿Oíste qué dijo? ¡Qué se va a dar una hartada!

PEPE: Cuando abra la caja y vea que es un ratón, va a creer que se cumplió la maldición de la otra.

JUAN: ¡El susto que se va a llevar!

PEPE: ¡Y la carrera que va a pegar…!

 

Ríen y gozan los dos chiquillos, más pronto ha de acabar su alegría. Por dentro se oye la voz de la hermana de JUANITO.

 

GRACITA: ¡Mi caja de bombones… ¡Ya desapareció! ¡Mamá! ¿Dónde está Juan?

PEPE huye hacia la esquina. JUANITO no tiene tiempo de huir. GRACITA sale y lo coge por la oreja.

 

GRACITA: ¡Gracioso! ¿Dónde está mi caja de bombones?

JUAN: ¡No lo sé!

GRACITA: ¡Mentiroso! ¡Si lo sabes!

JUAN: No estoy diciendo mentira. ¡No lo sé!

GRACITA: ¿Dónde están mis bombones?

JUAN: Ya te dije que no lo sé, y no miento, ¡no lo sé!

GRACITA: ¡Eres un glotón! ¡Vamos, entra! ¡Glotón!

 

Cogiéndolo por la oreja GRACITA introduce a JUAN, Casi enseguida sale PEPE comiendo un dulce, se acerca al proscenio y finaliza la escena diciendo:

 

PEPE: Que Juanito es un glotón

dice su hermana Gracita,

ya se ve, la pobrecita

no me bolseó el pantalón.

Que si me llega a bolsear

le hago a Juanito pareja

y ya estuviera mi oreja

caliente y al reventar.

No ha sido nuestra intención

hacer ninguna maldad,

lo que hicimos fue en verdad

buscar una diversión.

Si esto merece un castigo

yo no encuentro la razón

para que pague mi amigo

la culpa de un vil ratón.

Si de castigar se trata

a mí me parece mejor

que castiguen al autor

que aquí ha metido la pata,

pues con buscar un buen gato

que se comiera al roedor,

nos evitaba el mal rato.

¡Que me perdone el señor!

 

Continuará la próxima semana…

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